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Por Andrew Higgins

HARADZISCA, Bielorrusia — Mientras su país se halla bajo creciente presión para integrarse con Rusia, su vecino más grande y más fuerte, un poeta bielorruso ha identificado lo que cree que es un arma poderosa: un pedazo de asta de venado tallada de 2.5 centímetros de alto. La figurita, desenterrada en las ruinas de una antigua ciudad en las afueras de Minsk, la Capital bielorrusia, es una pieza de ajedrez.

En opinión de Gleb Labadzenka, el poeta, es prueba de que su País tiene un milenio de existir. “Esto significa que hace mil años, la gente en este lugar se sentaba a jugar ajedrez”, dijo. “Las capitales de nuestros vecinos —Moscú, Varsovia y Vilna— ni siquiera existían en ese entonces, pero aquí estábamos jugando ajedrez”.

En Bielorrusia, al igual que en otras partes de la extinta Unión Soviética, una lucha interminable entre Moscú y sus anteriores dominios ha sido definida a menudo por disputas por oleoductos y geopolítica. Sin embargo, al meollo hay diferencias muy marcadas de historia, cultura e idioma. Y es en este frente, creen Labadzenka y otros bielorrusos, que su país puede resistir mejor la presión de Vladimir V. Putin, Presidente de Rusia, para acelerar los cambios hacia un llamado “Estado de la Unión”.

Esta entidad mal definida, que comprende a Rusia y Bielorrusia, fue acordada por primera vez a mediados de los 90, y después de años en prórroga, una vez más está en la agenda al tiempo que Putin presiona al autoritario Presidente de Bielorrusia,

Aleksandr Lukashenko, para que acelere el ritmo de la integración. Los dos países han eliminado los controles migratorios y aduanales para los ciudadanos de ambos países, pero no han surgido una legislatura, bandera, himno, Ejército y moneda comunes.

Se especula que Putin quiere forzar una fusión para darse una forma de permanecer en el poder más allá del final de su mandato en el 2024. Una integración completa crearía un nuevo puesto en lo alto de un súper Estado fusionado, cargo que podría llenar Putin, quien tiene prohibido por la Constitución continuar como Presidente de Rusia después del 2024. Él ha negado tener esas ambiciones, pero muchos en Bielorrusia están preocupados.

Lukashenko, que se reunió informalmente con Putin el 30 de junio, ha manifestado inquietud por las intenciones de Rusia. Aunque depende del petróleo ruso barato, se ha opuesto a las intrusiones de Moscú y ha buscado mejorar las relaciones con Occidente. En marzo, Bielorrusia adoptó un nuevo “concepto de seguridad informativa” dirigido a combatir el flujo de propaganda de Rusia que menosprecia al Estado bielorruso, su idioma y su historia separada.

Durante años, Lukashenko vio poca necesidad de promover una identidad nacional. Poco después de asumir el cargo en 1994, realizó un referéndum que respaldó la integración económica con Rusia y otorgó al idioma ruso el mismo estatus que al bielorruso. Sus opiniones empezaron a cambiar en el 2014, después de que Moscú anexó Crimea y envió tropas al este de Ucrania con el pretexto de defender a los rusoparlantes que pertenecían a “Russky Mir” o el mundo ruso.

Lukashenko ahora celebra las raíces de su País. Lukashenko aún habla principalmente en ruso en público, pero ahora a veces usa el bielorruso, idioma que en el pasado había ridiculizado como inferior.

Svetlana Alexievich, la escritora bielorrusa que ganó el Premio Nobel de Literatura en el 2015, resumió en una reciente entrevista en televisión el aprieto en que se encuentran muchos: “por supuesto, soy bielorrusa y mi lengua materna es el bielorruso, aunque no lo hablo porque toda la práctica de mi vida ha sido en el idioma y cultura rusos. Pero me siento bielorrusa, siento que estoy en tierra bielorrusa y ésta es mi tierra “.

En una noche reciente en Brest, veintenas de personas se reunieron para un programa organizado por Labadzenka para enseñar y promover el bielorruso. Yuliana Korzan, de 26 años, dijo que se sentía avergonzada de no poder hablar el idioma correctamente. La principal atracción fue Pit Pawlaw, guitarrista de NRM, un popular grupo de rock cuyas canciones son todas en bielorruso.

“No estoy contra Rusia, simplemente no me interesa”, dijo Pawlaw. “Hemos estado viviendo lado a lado durante mil años. Es tiempo de avanzar. Somos europeos, no rusos pequeños o inferiores”.

The New York Times