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Por Raphael Minder

BARCELONA — Cada año, más de un millón de personas visitan el hogar de Ana Viladomiu en Barcelona. Ella hace lo posible por evitarlas.

Viladomiu vive en La Pedrera, la última casa construida por Antoni Gaudí, el arquitecto catalán. Sus obras construidas por toda la Ciudad han contribuido a convertir a Barcelona en uno de los centros turísticos más importantes de Europa.

Casi todos los días se forman largas filas afuera de La Pedrera. La fachada irregular hace parecer como si se hubieran esculpido cuevas en una roca masiva.

El edificio posee características inusuales, incluyendo un patio de azulejos en la entrada que parece un bosque submarino y una terraza en el techo con chimeneas en forma de cascos.

No obstante, para Viladomiu, vivir en La Pedrera conlleva ciertos problemas prácticos, comenzando por la dificultad diaria de llegar al elevador que la lleva a su departamento en el cuarto piso.

“Muchas veces me he tenido que abrir paso a codazos hasta mi casa, mientras la gente me gritaba porque pensaban que me estaba metiendo en la fila de los boletos”, dijo.

Su departamento es un espacio amplio de 350 metros cuadrados y tiene grandes ventanales. Ha vivido ahí desde la década de los 80.

En 1906, una pareja rica —Roser Segimon y su esposo, Pere Milà— le encargó la construcción de su nuevo hogar en la avenida comercial más moderna de la ciudad, Passeid de Gracia.

A Gaudí le tomó seis años terminar el edificio, oficialmente llamado Casa Milà, después de lo cual la pareja se quedó con el piso principal, pero rentó todo el espacio adicional, que había sido subdividido en 20 departamentos.

Segimon, quien falleció en 1964, sobrevivió a su esposo y vendió La Pedrera a una empresa de bienes raíces. Entonces, otro arquitecto transformó el piso superior de una lavandería a más departamentos para renta.

Viladomiu vive en uno de los pocos que quedan. En marzo, publicó el libro “La Última Vecina”, que trata acerca de la historia del edificio, así como de la experiencia de ocupar un apartamento en una de las joyas del estilo arquitectónico modernista de Gaudí. “Dado lo que pago por vivir en un lugar tan extraordinario en el corazón de Barcelona, sería muy tonta si decidiera mudarme a otro lugar”, afirmó, sin revelar el monto exacto que paga de renta.

Gaudí incluyó en La Pedrera características que en aquella época eran novedosas, como un elevador y agua corriente en cada apartamento.

No obstante, Viladomiu también destacó algunos aspectos del diseño de Gaudí que demuestran cómo daba prioridad a la estética, incluyendo su extenso uso de superficies curvas. “Casi puedes olvidarte de instalar un estante para libros, porque aquí no hay una sola pared recta”, dijo. “Gaudí tenía ideas muy claras y una personalidad muy fuerte, que tienes que respetar para poder vivir aquí”.

The New York Times