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Por Amanda Taub y Max Fisher

Parece que 2019 podría ser el año de las protestas. En Praga, los checos se concentraron el 23 de junio en la manifestación más grande desde la caída de la Cortina de Hierro para exigir la renuncia de su Primer Ministro acusado de corrupción.

Menos de dos semanas antes, alrededor de un millón de personas se manifestaron en Hong Kong contra una ley que permitiría la extradición a la China continental, obligando al Gobierno a dar marcha atrás.

En Kazajistán, protestas masivas han conducido a miles de arrestos. Y en Argelia, el Presidente Abdelaziz Bouteflika dejó el cargo en abril después de protestas; unos cuantos días después, le siguió el Presidente Omar al Bashir, de Sudán.

Los motivos de cada manifestación son distintos, pero los expertos afirman que hay razones para creer que también son parte de una tendencia global.

“Desde alrededor del 2010 hemos visto un aumento aparente en la movilización de gente que por lo general no se moviliza”, señaló Helen Margetts, profesora en la Universidad de Oxford y coautora de un libro sobre redes sociales y las protestas políticas. Esto incluye a “jóvenes, minorías étnicas y personas en Estados autoritarios”, dijo.

Una razón, sugiere la investigación, es que los cambios políticos globales han generado mayores expectativas de una rendición de cuentas democrática al mismo tiempo que está aumentando el autoritarismo a nivel mundial.

Grandes expectativas

Las mayores expectativas de rendición de cuentas no siempre han coincidido con la realidad. En muchos Estados postsoviéticos había pocos incentivos para que los líderes reformaran las instituciones de seguridad heredadas de la época de la

Guerra Fría, dijo Erica Marat, profesora en la Universidad Nacional de Defensa, en Washington.

El resultado es que algunos gobiernos no tenían mecanismos implementados para satisfacer las expectativas cada vez mayores de las clases medias urbanas de que existiera una rendición de cuentas democrática. Eso originó protestas en toda la región, dijo Marat, cuando la gente se dio cuenta de que unirse a las manifestaciones era una de las pocas formas de hacer exigencias políticas.

“La acción colectiva nunca surge de la nada”, comentó. “Siempre hay acciones más pequeñas contra el Estado represor”. Estas entonces pueden atraer a otros que tienen mayores probabilidades de actuar al ver que hay apoyo público.

En Hong Kong, pese a que las protestas del Movimiento de los Paraguas del 2014 llevaron a grandes cantidades de personas a las calles para exigir democracia, finalmente fracasaron en obligar un cambio sistémico. No obstante, Marat cree que tal vez esas manifestaciones hayan contribuido a las protestas exitosas de este mes contra la propuesta de ley de extradición.

Populismo y zozobra

La creciente desigualdad, la corrupción y la frustración con instituciones aparentemente indiferentes han hecho que muchos ciudadanos voten por los populistas que prometen gobernar para el pueblo.

Sin embargo, una vez en el cargo, esos dirigentes con frecuencia sofocan a la disidencia y eliminan los contrapesos, exacerbando el conflicto entre la democracia y el autoritarismo. Eso actualmente está contribuyendo a impulsar más protestas masivas.

Los científicos políticos Anna Lührmann y Staffan I. Lindberg han concluido que desde 1994, 75 países han tomado pasos significativos hacia el autoritarismo.

Pero aún en países donde eso no ha ocurrido, la corrupción oficial puede sembrar desasosiego. Las protestas recientes en la República Checa se dieron después de que la policía recomendó acusar de fraude al Primer Ministro Andrej Babis, quien fue visto como manipulando al Ministerio de Justicia para evitar que esos cargos le fueran imputados.

El peligro del éxito

Al volver más fácil difundir la indignación y movilizar a la gente, las redes sociales han hecho que los levantamientos políticos estén sujetos a la ley de los grandes números: a medida que se emprenden más protestas, señaló Margetts, también aumentará la cantidad de las que tienen éxito.

Sin embargo, investigación realizada por Zeynep Tufekci, científica social en la Universidad de Carolina del Norte, sugiere que las protestas impulsadas por las redes sociales son particularmente frágiles. Esos movimientos pueden fracasar o ser absorbidos con mayor facilidad porque están descentralizados.

Además, los beneficios de las protestas pueden ser pasajeros, en especial si el nuevo gobierno se siente presionado para consolidar el poder con rapidez.

“Las redes sociales pueden llenar las calles de gente”, dijo Margetts. “Es lo que sigue después lo que es difícil”.

The New York Times