•  |
  •  |

Por Jane Perlez

BEIJING — A media noche, un oficial de policía de alto nivel guió a Liu Wanyong, en ese entonces un periodista de investigación en ciernes, a través del santuario interior de habitaciones vacías en el Ministerio de Seguridad Pública en China.

El oficial sacó un expediente de un archivero con llave y le dio 30 minutos a Liu para que grabara el contenido.

Los documentos trazaban la historia de un empresario inocente que había sido encarcelado por los crímenes de un político corrupto. En China, en el 2005, una filtración de ese tipo era poco común, y el relato de Liu sobre cómo es que el funcionario del partido había usado su poder para arrestar a un hombre inocente causó furor.

A la larga, el empresario fue puesto en libertad y el político, un secretario jubilado del Partido Comunista, fue enviado a prisión. Por esa nota, y muchas otras, Liu se ganó el apodo de “mastín tibetano” por su perseverancia en el Diario de la Juventud de China, un periódico operado por el Partido Comunista, pero con la reputación de romper algunas veces las reglas.

Más de una década después, Liu, de 48 años, ha renunciado al periodismo. Su salida del diario en el que trabajó durante 21 años representa el fin del periodismo de investigación en China, una profesión hecha trizas por la presión de la ortodoxia del

Partido Comunista bajo el Presidente Xi Jinping.

La partida de Liu significó que el periodismo de investigación jamás sería el mismo, declaró una cuenta en redes sociales operada por reporteros chinos. Liu era el pilar del gremio, decía, al añadir: “La figura más importante en el periodismo de investigación ha desaparecido”.

“Si China quiere desarrollarse en una forma sana y normal, debemos tener una cantidad enorme de medios que puedan reportar de forma justa”, dijo Liu, quien ahora trabaja para una firma de gestión de activos. “Pero las noticias ya no parecen noticias”, indicó, y “el periodismo no parece periodismo”.

Su decisión fue renuente, una que se sintió obligado a tomar, dice, debido a un control intensificado de la censura, al tiempo que al menos 100 notas “jugosas” fueron suprimidas en el Diario de la Juventud en los últimos dos años.

En lugar de investigaciones, el partido quería “notas con energía positiva” que hicieran sentir bien a la gente al tiempo que la economía se deteriora, señaló.

En el último año, relatos de la zozobra en torno a las estafas financieras que les costaron a millones de personas sus ahorros fueron prohibidas en aras de la “estabilidad social”. Los hechos detrás de una enorme explosión en una fábrica química nunca fueron explicados.

“La pregunta de quién es responsable es una de las primeras cosas que la gente quiere saber en una calamidad como esa”, dijo Liu. “Pero si lees nuestras noticias, ¿averiguas esto? No”.

Liu nació en la pobreza, en una aldea a menos de una hora del centro de Beijing. Como el menor de siete hijos de una madre analfabeta, nunca fue a la capital hasta sus últimos años de adolescencia.

Era suficientemente joven como para no haber vivido la Revolución Cultural, cuando las escuelas eran cerradas, pero fue obligado a aprender chino bajo un reino de terror impuesto por un maestro severo.

En la universidad, mostró dotes para el periodismo, al escribir noticias sobre el campus al estilo de Xinhua, la agencia noticiosa operada por el Estado. Se postuló para un empleo en el Diario de la Juventud de China, y pasó sin problemas un examen que requería escribir tanto en mandarín cotidiano como en chino clásico.

“El meollo de ser periodista es que necesitas amar tu trabajo”, dijo. “El texto de la nota no es tan importante. O tienes compasión por la clase baja o no la tienes”.

Liu no ha renunciado por completo al periodismo. Realiza apariciones como invitado en clases de periodismo, donde alienta a los estudiantes a persistir incluso en el hostil entorno actual.

 The New York Times