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Por Matt Apuzzo

BRUSELAS — La Unión Europea lanzó un ambicioso esfuerzo a principios de este año para combatir la interferencia electoral: un sistema de alerta temprana que haría sonar las alarmas sobre propaganda rusa. Sin embargo, pese a las altas expectativas, los registros muestran que el sistema no ha producido alertas y ya está en riesgo de quedar extinto.

Aún antes de las elecciones del Parlamento europeo de esta primavera, circulaba en Bruselas un chiste interno sobre el Sistema de Alerta Rápida (SAR): no es rápido, no hay alertas y no hay sistema.

En muchas formas, la Unión Europea ha sido más agresiva que Washington en cuanto a exigir cambios a las compañías de redes sociales y tratar de combatir la desinformación. Pero al hacerlo ha empujado al bloque hacia áreas donde se cruzan la libertad de expresión, la propaganda y la política nacional. Los esfuerzos para combatir la desinformación han demostrado ser sumamente complicados.

Esta primavera, analistas europeos detectaron cuentas sospechosas de Twitter que propagaban desinformación sobre un escándalo político austriaco. Justo unos días antes de las elecciones europeas, los tuits mostraron señales de intromisión política rusa. Así que los funcionarios se prepararon para lanzar una advertencia en el sistema de alerta. Pero nunca lo hicieron, ya que debatieron si era lo suficientemente serio para una alarma.

Entrevistas con más de una docena de funcionarios y ex funcionarios europeos, así como una revisión de documentos internos, muestran un proceso limitado por desacuerdos. La mayoría de los países no contribuyó, muestran los registros, y la red se convirtió en un revoltijo de información no analizada.

Jakub Kalensky, ex analista principal de desinformación de la UE, dijo que la política interna y una resistencia entre algunos líderes europeos han dejado al sistema demasiado lento para responder a la amenaza rusa.

Los funcionarios señalan que su compromiso con el tema comenzó en el 2015, con la creación de un grupo especial de analistas que escudriñan la internet. El sistema de alerta fue creado para desarrollar ese esfuerzo.

Lutz Güllner, uno de los funcionarios que supervisan la campaña, dijo que la ausencia de una alerta había sido un reflejo de la cautela de su equipo. Con cada nuevo elemento de propaganda, añadió, los analistas preguntan: “¿qué hacemos con esto? ¿cómo lo definimos?”.

El uso de sitios de internet y cuentas de redes sociales europeas por parte de Rusia, y el surgimiento de partidos políticos de extrema derecha, cuyos mensajes a menudo convergen con los de Rusia, sólo han complicado esos cálculos. Presuntos agentes rusos han usado cuentas de Facebook aparentemente irlandesas para tratar de exacerbar las tensiones en Irlanda del Norte. E imitadores de extrema derecha en Italia se han alineado con los temas de discusión del Kremlin. Sin embargo, los analistas europeos tienen prohibido desmentir la propaganda producida por medios o sitios web europeos, limitación que intenta proteger la libertad de expresión. Se limitan a rastrear las fuentes de medios rusos oficiales y emitir informes que desacreditan las afirmaciones sobre Europa.

Cuando editaban un informe reciente sobre propaganda preelectoral, los funcionarios eliminaron referencias al apoyo de Rusia a grupos políticos europeos, reportan tres funcionarios familiarizados con el proceso. Esas referencias fueron reemplazadas con una advertencia general sobre “fuentes maliciosas, tanto dentro como fuera” de la Unión Europea.

Funcionarios dicen que la edición refleja la política de la Unión Europea, un bloque de 28 países en el que socialistas portugueses, centristas franceses y derechistas húngaros tienen la misma voz. Una cosa es tachar de desinformación a las notas rusas sobre Ucrania. Cuando esas afirmaciones son repetidas por el Gobierno húngaro, las cosas se complican. Ex miembros del bloque oriental como Lituania han argumentado a favor de una postura firme contra Rusia, mientras que Francia y Alemania han favorecido la diplomacia.

El beneficio inmediato del Sistema de Alerta Rápida no es en realidad las alertas, dijo Güllner. “El verdadero beneficio es vincular a los 28 Estados miembros en una plataforma común”, indicó.

Pero sólo una tercera parte de las naciones europeas contribuyó a éste antes de las elecciones, de acuerdo con un informe interno del Gobierno checo. Aquellos que lo hicieron a menudo simplemente subían recortes de noticias o reportes de ONGs.

“El SAR está en riesgo de quedar extinto”, decía el reporte checo. El informe pedía estándares definidos sobre qué información compartir y un plan claro para analizar esos materiales. “Si queremos más que gastar recursos en mantener una plataforma para compartir ocasionalmente estudios de ONGs o invitaciones a conferencias, debemos reconsiderar nuestra estrategia”, añadió.

The New York Times