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Por Andrew Jacobs

SÃO PAULO, Brasil — Ahora que el sarampión y el ébola acaparan los encabezados, es fácil olvidar el pánico en materia de salud del 2016, cuando el zika fue vinculado con serios defectos de nacimiento en miles de recién nacidos brasileños, cuyas madres fueron infectadas durante el embarazo.

Los funcionarios de salud se esforzaban para detener su propagación, pero el virus recorrió Latinoamérica y el Caribe.

Entonces, la epidemia se evaporó al parecer de la noche a la mañana y la atención pública pasó a otras cosas.

Pero el zika no desapareció.

“El zika ha salido del radar por completo, pero la falta de atención de los medios no significa que haya desaparecido”, dijo Karin Nielson, especialista en enfermedades infecciosas pediátricas, quien estudia el impacto del zika en Brasil. “En algunos aspectos, la situación es un poco más peligrosa porque la gente no está consciente de ella”.

El virus, que principalmente es propagado por mosquitos, pero también al tener sexo con una persona infectada, aún circula en Brasil y otros países que estuvieron al centro de la epidemia, y hace dos años la misma cepa del Continente Americano llegó a África por primera vez.

Otra preocupación son los lugares donde es endémico el mosquito que transmite el virus —la hembra del Aedes aegypti— pero que hasta el momento no se han visto afectados por casos localmente transmitidos de zika. A principios de este mes, la

Organización Mundial de la Salud enumeró a 61 países en esa situación, entre ellos China, Egipto y Pakistán, así como gran parte de África.

Aunque hasta ahora son pocos los casos nuevos de zika —el año pasado se calculó que hubo 20 mil infecciones en Brasil en comparación con las más de 200 mil durante el apogeo de la epidemia— países como Angola, Tailandia, Vietnam y Cabo

Verde han reportado recién nacidos con microcefalia relacionada con el zika, condición que deja a los bebés con cabezas deformes y un grave daño neurológico.

Los investigadores dicen que les preocupa que el mundo no esté preparado para el siguiente brote.

Las condiciones subyacentes que posibilitaron la epidemia —vecindarios urbanos hacinados cuyos residentes son demasiado pobres para comprar repelente de insectos o mosquiteros para las ventanas— siguen siendo un problema en gran parte del mundo en vías de desarrollo. El mosquito Aedes ha adquirido un gusto especial por la sangre humana y se ha adaptado tan bien al estilo de vida urbano que rápidamente puede reproducirse en tapas de botellas y otros desechos con agua acumulada después de las lluvias.

“Creímos que el zika era una enfermedad inconsecuente, pero luego estalló en Brasil con consecuencias devastadoras”, dijo Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EU. “La lección para nosotros es que siempre debemos estar preparados para el surgimiento y el resurgimiento de virus y microbios”.

The New York Times