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Por Raphael Minder

Se suponía que Valdeluz, un pueblo afuera de Madrid ideado como un paraíso para los trabajadores citadinos cuando fue creado hace 15 años, siempre iba a tener una escuela. Y en septiembre del 2007 abrió una escuela privada, para alumnos desde jardín de niños hasta preparatoria, sólo un año antes de que la crisis financiera mundial provocara el estallido de la burbuja inmobiliaria española.

Valdeluz pronto se convirtió en una de las tristemente célebres “ciudades fantasma” españolas, llena de propiedades indeseadas y construcciones sin terminar. Los propietarios cayeron en incumplimiento de sus hipotecas, los promotores inmobiliarios quedaron en bancarrota y las casas fueron embargadas.

La escuela, a medio construir y diseñada para albergar a mil 500 estudiantes, cerró en el 2013, por lo que Valdeluz se convirtió en el municipio más grande de España sin un centro académico.

Valdeluz se está recuperando de una década perdida, junto con una economía nacional que emergió de la recesión a fines del 2013. Sin embargo, la recuperación del pueblo está ocurriendo a un ritmo que no está relacionado con los sueños guajiros que impulsaron el lanzamiento del proyecto, cuando Valdeluz fue promocionado como el primer pueblo de España en haber sido construido desde cero. Las constructoras esperaban la llegada en masa de compradores adinerados de la clase alta; hoy, Valdeluz está feliz de ver a inquilinos con familias con ánimo de formar una comunidad nueva.

La escuela reabrió hace dos años como una institución pública más pequeña. La matrícula ha crecido a 303 alumnos en la primaria. Pero en lugar de una escuela secundaria hay una construcción abandonada en el terreno de al lado. Los padres frustrados, que tienen que transportar a sus hijos mayores a escuelas otros pueblos, han levantado una pancarta enorme en los muros sin terminar: “¿Cuándo llegará la escuela?”.

“Un pueblo sin una escuela es un lugar sin vida”, afirmó Santiago Nova Grafión, director de la institución.

Valdeluz actualmente cubre sólo una cuarta parte del terreno planeado en el 2004, cuando inició la construcción. Los departamentos se están vendiendo y las rentas están aumentando. Algunos incluso han empezado a mudarse a pueblos vecinos porque Valdeluz se está volviendo demasiado caro.

Inevitablemente, los giros de la economía española han provocado que la desgracia de un comprador se convierta en la oportunidad de otro. En la cúspide de la crisis inmobiliaria, algunos compradores más jóvenes se mudaron a Valdeluz atraídos por la posibilidad de comprar una casa recién construida a los bancos, que habían embargado más de la mitad de los departamentos en Valdeluz.

Javier Guzmán Jiménez, presidente de la rama local del conservador Partido Popular, compró su casa en el 2010. Recuerda que fue la última persona en comprar una casa a Reyal Urbis, la empresa inmobiliaria que comenzó el proyecto de Valdeluz y se declaró en bancarrota. Reyal Urbis fue liquidada en 2017, después de haber amasado una deuda superior a los 3.5 mil millones de euros (alrededor de 4 mil millones de dólares).

En el 2010, Guzmán Jiménez pagó 270 mil euros por su casa, en una manzana donde los residentes comparten una piscina, un patio de recreo y una cancha de pádel, un deporte popular en España. Su vecino de al lado esperó un año más y obtuvo un mejor trato: 200 mil euros. Un vecino que compró primero, antes del estallido de la burbuja de la construcción, pagó 470 mil euros por una casa idéntica.

Lo que persuadió a los promotores a construir Valdeluz fue el desarrollo de la red de trenes de alta velocidad de España y la decisión del Gobierno de poner una estación aquí, en la ruta que conecta a Madrid con Barcelona. La estación abrió en el 2003.

El único guardia de seguridad que estaba trabajando una mañana reciente dijo que la taquilla había cerrado hace unos 18 meses, después de que la empleada se jubiló.

Ahora, Valdeluz es una mezcla curiosa de lo flamante y lo descuidado. En un extremo de la calle principal, una rampa lleva a una obra de construcción abandonada y cubierta de grafiti. Cerca de ahí, un edificio de departamentos tiene una resplandeciente alberca al aire libre y parece estar en óptimas condiciones —salvo que un terreno abierto continúa donde estaba planeada un ala.

Al tiempo que Valdeluz sigue recuperándose, a algunos residentes les preocupa la reanudación de la construcción.

“No nos mudamos aquí para estar en un lugar ruidoso y lleno de gente, sino porque planeábamos tener hijos y queremos que crezcan en un lugar seguro, verde y tranquilo”, opinó Vanessa Garrido Nuero, quien renta un departamento.

The New York Times