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Por Tatiana Schlossberg

Si hay un tema vital, pero subvalorado, relacionado con el cambio climático, son los desechos: cómo definirlos, cómo crear menos, cómo lidiar con ellos sin agregar más contaminación al planeta o a la atmósfera.

La problemática ha ganado cierta notoriedad, ya sea al ocuparnos de los popotes de plástico o del cartón usado en el comercio electrónico.
Pero reducir el daño de los desechos podría requerir expandir la definición tradicional de los desechos, no sólo como basura tradicional, sino como resultado de la terrible ineficiencia en todo tipo de sistemas. Esto resulta en incluso más emisiones de gases de efecto invernadero.

Compañías y agrupaciones de todo el mundo están respondiendo. Algunas están utilizando materiales de desecho y convirtiéndolos en algo nuevo. Otras evitan la creación de desechos mediante una mayor eficiencia y nuevas tecnologías.

Cuando Keiran Whitaker trabajaba como instructor de buceo y veía la destrucción de los bosques tropicales, a menudo debido a la producción industrial de alimentos, decidió poner en uso su título de diseño medioambiental.

“Estamos acabando con nuestros ecosistemas naturales predominantemente para producir monocultivos que van a la red industrial de alimentos, y lo que es malo en tierra es aún peor bajo el agua”, dijo, en referencia a la destrucción de bosques tropicales y el blanqueo de los arrecifes de coral.

Así que está tratando de cambiar el alimento que nuestro alimento consume. El resultado es Entocycle, la startup de Whitaker en Londres. La compañía toma desechos de alimentos locales —creados en la manufactura de productos alimenticios— y lo usa para alimentar a larvas de moscas soldados, que consumen los desechos y los convierten en proteína.

Explicó que los insectos son luego molidos en una harina con alto contenido de aminoácidos, que, combinada con otros ingredientes, puede ser convertida en alimento para animales. El excremento de las moscas puede ser usado como fertilizante. A la larga, la harina del insecto podría incluso ser consumida por la gente.

Dijo que se destruirían menos bosques para tierra de cultivo o pastura, y se evitaría la producción de fertilizantes, responsable del 1 o 2 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Luego está la cuestión de la manufactura de ropa.

Una compañía en Finlandia, que tiene unos 10 árboles por cada persona del mundo, busca reinventar la manera en que hacemos ropa a partir de madera.

La segunda y tercera fibras textiles más comunes ya son producidas de plantas: el algodón y el rayón.

La organización Rainforest Action Network ha encontrado que unos 120 millones de árboles son talados cada año para textiles.

Spinnova es una compañía finlandesa de fibras textiles fundada por dos ex físicos, Janne Poranen y Juha Salmela, que trabajaron en el desarrollo de pulpa y papel para Finlandia.

Después de aprender cómo hacen seda las arañas, Salmela se preguntó si era posible obtener fibra de plantas de la misma manera.

Sí es posible. Spinnova utiliza un método mecánico para producir fibra. El proceso utiliza 99 por ciento menos agua que la producción de algodón (un estudio encontró que se pueden usar 11 mil litros de agua para hacer un pantalón de mezclilla).

Spinnova usa pulpa de madera cosechada de madera de Brasil, en sociedad con Suzano, uno de los productores más grandes del mundo de pulpa para papel. Esto tiene asimismo un beneficio climático porque los bosques absorben dióxido de carbono liberado en la atmósfera. Spinnova planea usar el material de desecho agrícola y ropa desechada para producir fibras.

Japón tiene un avanzado sistema de reciclaje, pero al igual que otros países tiene un problema con los desechos electrónicos. Esto es el resultado de deshacerse de enormes cantidades de teléfonos celulares, computadoras y televisores que pueden filtrar químicos peligrosos al ambiente.

El Comité Organizador de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos consideró que podría atraer atención al problema al hacer las medallas para los Juegos del próximo año —unas 500— de metales recuperados de desechos electrónicos.

En sitios en más de mil 500 municipios de Japón y en unas 2 mil 400 tiendas de electrónica, se recolectaron más de 42 mil toneladas de electrónicos desechados, de acuerdo con Masa Takaya, vocero de las Olimpiadas de Tokio 2020.

La industria del reciclaje, en la que la gente desarma dispositivos y recupera el cobre, el oro y otros materiales, tiene consecuencias negativas para la salud, de acuerdo con la revista médica The Lancet.

Esta iniciativa en Japón no resolverá la crisis de los desechos electrónicos, dijo Vanessa Gray, funcionaria en una agencia de Naciones Unidas, pero “el caso olímpico es realmente bueno” porque llama la atención al asunto.

“Al final, muestra que la forma en que hacemos las cosas en este momento tiene consecuencias terribles para la sociedad, en términos de los impactos negativos para la salud y obviamente los impactos al cambio climático”, señaló.

The New York Times