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Por Ronen Bergman y David D. Kirikpatrick

Cuando un coche-bomba estalló en la ciudad portuaria de Bosaso, en el norte de Somalia, los reportes noticiosos locales lo atribuyeron a rebeldes islamistas en represalia por los ataques aéreos estadounidenses. Al menos ocho personas resultaron heridas, y una filial local del Estado Islámico (ISIS) se adjudicó la responsabilidad.

Sin embargo, el ataque también podría haber sido parte de un conflicto muy diferente: uno entre acaudaladas monarquías del Golfo Pérsico que compiten por poder y ganancias en el Cuerno de África.

En los últimos dos años, Somalia, devastada por la guerra, ha emergido como un campo de batalla central, con los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Qatar proporcionando cada uno armas o capacitación militar a facciones favoritas, intercambiando denuncias de sobornos a funcionarios locales, y compitiendo por contratos para administrar puertos o explotar los recursos naturales.

En una grabación de audio obtenida por The New York Times, de una llamada con el Embajador qatarí en Somalia, un hombre de negocios cercano al Emir de Qatar dijo que los rebeldes habían perpetrado el bombardeo en Bosaso para promover los intereses de Qatar sacando por la fuerza a su rival EAU.

“Los bombardeos y asesinatos, sabemos quiénes están detrás de ellos”, dijo el empresario, Khalifa Kayed al-Muhanadi, en la llamada del 18 de mayo, alrededor de una semana después del ataque.

La violencia “tenía la intención de hacer que la gente de Dubai se vaya de allí”, dijo, en referencia a la capital financiera de los Emiratos. “Dejen que echen a los emiratíes, para que no renueven los contratos con ellos y yo traeré el contrato aquí a Doha”, la capital de Qatar.

De ser ciertas, sus afirmaciones son evidencia del potencial para que la competencia entre los Estados del Golfo Pérsico enardezcan el conflicto.

La pelea por el poder en Somalia y el Cuerno de África es una extensión de la guerra fría que ha estallado en la región desde los levantamientos de la Primavera Árabe hace más de ocho años. Qatar y Turquía respaldaron los levantamientos y a los partidos políticos islamistas que surgieron con ellos. Los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita se opusieron a los levantamientos, y acusaron a Qatar de apoyar a los rebeldes.

Hace dos años, los EAU, Arabia Saudita y Egipto rompieron lazos comerciales y diplomáticos con Qatar para forzarlo a modificar sus políticas.
Somalia es una nación pobre, pero su largo litoral ofrece acceso a los mercados de rápido crecimiento de la región e influencia sobre vitales vías navegables del Golfo Pérsico. Una compañía emiratí administra el puerto en Bosaso.

Ni Al-Muhanadi ni el Gobierno de Qatar negaron la autenticidad de la grabación, pero ambos indicaron que él estaba hablando en calidad de ciudadano privado y no era un funcionario público. “La política exterior del Estado de Qatar siempre ha sido una de creación de estabilidad y prosperidad —no nos inmiscuimos en los asuntos internos de países soberanos”, informó la oficina de comunicaciones de Qatar en un comunicado a The Times.

Sin embargo, en la grabación de la llamada, realizada por una agencia de inteligencia extranjera opuesta a las políticas exteriores de Qatar, el Embajador no expresó disgusto ante la noción de que los qataríes habían jugado un papel en los bombardeos.

Al-Shabab, una filial de Al Qaeda, e ISIS en Somalia, un grupo más pequeño, consideran al Gobierno somalí como su principal enemigo. Los EAU han llevado a cabo operaciones militares contra ambos grupos, pero no está claro por qué esos grupos se aliarían con Qatar, que también ha apoyado al Gobierno somalí.

Qatar ha negado que apoye a Al-Shabab o a otros grupos rebeldes.

De las naciones del Golfo, los EAU han actuado con más agresividad para propagar su influencia en el Cuerno de África. Los emiratíes enviaron equipos de mercenarios y comandos a Somalia desde el 2012 para combatir a los piratas frente a la costa, y extendieron operaciones militares para pelear contra Al-Shabab y otros grupos terroristas.

Los emiratíes establecieron un anillo de puertos comerciales o bases militares alrededor del Golfo de Adén y el Cuerno de África, incluyendo una base militar en Assab, Eritrea, empleada para lanzar operaciones a Yemen.

Durante una hambruna en el 2011, Turquía, aliada de Qatar, donó ayuda, y posteriormente hizo inversiones comerciales. Turquía abrió una base militar y un programa de capacitación en Somalia en el 2017.

“Somalia es el ejemplo más vívido de la desestabilización potencial presentada por la rivalidad en el Golfo”, dijo Zach Vertin, del Brookings Institution, un centro de investigación en Washington.

The New York Times