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Por Miriam Jordan

LAKE WORTH, Florida — Dayvin Mungia, de 7 años, llegó procedente de El Salvador a la primaria South Grade Elementary, en el sur de Florida, el año pasado, aparentemente sin jamás haber cursado estudios.

“Ni siquiera reconocía la primera letra de su nombre”, dijo Nicol Sakellarios, su maestra de segundo año, mientras el niño sonriente se esforzaba animadamente por recitar el abecedario en la escuela de verano.

Los niños migrantes que llegan en cifras récord están generando retos para los distritos escolares de todo Estados Unidos. Muchos de ellos tienen pocos estudios o asistían de manera irregular a la escuela; sus padres, a menudo ellos mismos con habilidades limitadas para leer y escribir y sin estar familiarizados con el sistema educativo estadounidense, no pueden ser de ayuda.

El año pasado, el distrito escolar del Condado de Palm Beach, que abarca a Lake Worth, inscribió a 4 mil 555 alumnos guatemaltecos, muchos de ellos de la remota zona montañosa del País que no hablan español ni inglés.

Ana Arce-Gonzalez, directora de la Primaria South Grade, dijo que en 25 años como educadora nunca había vivido nada como esto. El cuerpo estudiantil de la escuela aumentó de 820 al inicio del año escolar pasado, a 910 en la primavera, rebasando su capacidad.

Bajo un fallo de la Suprema Corte en 1982, todos los niños, sin importar su estatus migratorio, tienen derecho a la educación. Con cientos de miles cruzando la frontera en meses recientes, los distritos están teniendo que transferir maestros a los planteles afectados, extender la capacitación bilingüe y prepararse para alumnos que podrían estar traumatizados.

Los guatemaltecos mayas se asentaron primero en Indiantown, al noroeste de las propiedades lujosas de Palm Beach, en los 80, para trabajar en granjas tras huir de una campaña de contrainsurgencia por el Ejército guatemalteco. Han estado llegando desde entonces, pero la creciente violencia y sequía han provocado un aumento reciente.

El distrito identificó a 2 mil alumnos que necesitan cursos remediales de inglés. Sólo la mitad se han registrado. Muchos cuidan de hermanos menores o trabajan para ayudar a sus familias.

Algunos críticos señalan que les podría ir mejor a los inmigrantes si se les brindara más apoyo, incluyendo más intérpretes. Pero los funcionarios distritales explican que sería difícil contratar a personas que dominen idiomas mayas y cuya certificación cumpla con los requisitos estatales. Actualmente sólo hay cuatro.

Sin embargo, además de la pobreza, las barreras del idioma y las presiones económicas, la permanencia endeble de las familias en Estados Unidos —la mayoría sigue un proceso de deportación— pende sobre ellos y sus hijos.

Muchos residentes de Lake Worth han acogido la diversidad que traen los inmigrantes de la Ciudad, pero a algunos también les preocupa que podrían estar impulsando a la baja los estándares educativos para otros alumnos.

“Tienes que estar pasando por un verdadero apuro para atravesar el desierto con tu pequeño en brazos en busca de una vida mejor”, expresó Dan Brown, un cartero, quien dijo que los inmigrantes nuevos son “vecinos perfectamente buenos”, pero añadió que estaba considerando mudarse a un lugar con escuelas menos impactadas cuando su hijo de 2 años esté listo para el kínder.

No obstante, Kim Lingle, una asistente legal, dijo que las familias nuevas han sido un recurso valioso.

“Los inmigrantes son familias cariñosas, atentas y trabajadoras”, manifestó.

The New York Times