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Por Damien Cave

EAGLEHAWK NECK, Tasmania — Para cuando Matt Zurbo se dejó caer en el sofá para escribir su cuento infantil número 282, había trabajado todo el día en una granja de ostras, reído con su hija en la playa, ido a nadar en las olas gélidas y cocinado un banquete vegetariano.

El reloj marcaba poco después de las 22:00 horas, y se le cerraban los ojos. Pero no por mucho tiempo. Con la ayuda de whiskey y una balada venezolana, terminó la historia de una niña a la que le encantaba bailar y la publicó en línea a las 1:00 horas, con lo que dejaba sólo 83 historias restantes antes de completar su desafío de 365 días.

“Entre más niños amen los cuentos y los libros, mejor será el mundo para mi hija”, dijo Zurbo. “La imaginación supera a la violencia y la ignorancia, y siempre lo hará”.

El reto de Zurbo, bautizado en honor a su hija Cielo, de 20 meses de edad, es un caso de estudio de creatividad.

No sólo es un escritor con cuatro novelas publicadas, una historia oral sobre el futbol australiano y ocho libros infantiles. También es un aventurero que ha llevado una vida intensa y que no puede cerrar los puños después de 30 años de limpiar senderos y replantar bosques en las zonas remotas de Australia. El cultivo de ostras al amanecer es su forma de sentar cabeza.

Ninguno de los cuentos de Zurbo ha sido publicado en forma impresa ni hay mercadotecnia detrás del proyecto.

“Eso es lo que es tan hermoso sobre ello”, dijo Matt Ottley, quien ha ilustrado libros infantiles galardonados como “Luke’s Way of Looking”. “Por lo general simplemente flota ahí en la Red. Es como toparse con un jardín secreto muy suntuoso que nadie sabía que existía”.

El hecho de que provenga de un hombre sin título universitario, con una reputación por la silvicultura agreste y las ocasionales peleas a puñetazos, lo vuelve aún más sorprendente.

“La sensibilidad y belleza poética de algunos de sus textos es difícil de comprender”, dijo Helen Chamberlin, editora jubilada de libros infantiles quien trabajó con Zurbo en su libro ilustrado “Moon”, del 2015. “A cualquiera que lo conozca le daría la impresión de ser un diamante en bruto”.

Zurbo, de 52 años, dijo que el proyecto de 365 días de cuentos tiene como propósito ser un regalo para Cielo, aunque tampoco le importaría que una editorial seleccionara una o dos historias. A final de cuentas, dijo, intenta ser un buen padre, tomando como base lo que su padre, un ilustrador, y su madre, una gran dama del teatro de vanguardia Pram Factory, de Melbourne, hicieron por él: inspirar el amor por la creatividad.

Incluso en el trabajo, los cuentos parecían crecer cual marea. Zurbo dijo que tuvo una idea para uno inspirado por el cuento de la niña que baila, del día anterior.

“Está bailando con un monstruo que nadie puede ver”, dijo. “Y su hermano, él no lo sabe, pero hace reír al monstruo”.

Algunas de las historias en “Cielo” provienen de estos tipos de repeticiones. Pero muchos de ellos comienzan con gente que ha conocido y lo que le cuentan sobre sus hijos.

Día 102: “El mejor esquiador en el mundo”, está inspirada en un amigo cuyo hijo se fracturó una pierna esquiando y necesitaba que lo animaran. Día 209: “El primer juego de Austin”, es para Dave “Wally” Cusic, capitán de club de los Dodges Ferry Sharks, su club de futbol australiano.

Los cuentos son historias nacidas por el amor a las historias. “Cielo”, que es gratuito, es un proyecto tan poco práctico e incansable como su creador.

“Saltamos de una roca a otra simplemente intentando cruzar el arroyo”, dijo Zurbo.

The New York Times