• |
  • |

Por Nicholas Bogel-Burroughs

Cuando casi 15 mil personas se reunieron en el Centro de Baltimore, Maryland, el 27 de julio, para ver una pelea de campeonato de box, el favorito de la multitud era indiscutible: Gervonta Davis, un originario de Baltimore, quien esquivó fácilmente los golpes de un oponente foráneo.

Horas antes, se había desatado otra pelea, ésta iniciada en la cuenta de Twitter del Presidente Donald J. Trump. De nuevo, Baltimore se unió para apoyar decididamente a otro campeón local: el Diputado Elijah E.

Cummings, un demócrata e icono de los derechos civiles en su décimo tercer periodo en la Cámara de Representantes.

Trump continuó su ataque contra Cummings y su distrito el día siguiente, al llamar a Cummings, quien es de color, un “racista”.

En respuesta, celebridades y personas nacidas y recién llegadas a Baltimore elogiaron sus partes favoritas de la Ciudad, desde su Puerto Interior hasta Johns Hopkins, su universidad de investigación y Facultad de

Medicina de clase mundial. El hashtag #WeAreBaltimore (Somos Baltimore) se convirtió rápidamente en tendencia importante en Twitter.

Pocos negaron que Baltimore esté batallando, especialmente en materia de crímenes violentos —este año, la Ciudad ha registrado 32 asesinatos más que Nueva York, pese a tener una catorceava parte del tamaño. Sin embargo, los residentes achacaron el origen de esos problemas a un largo historial de segregación instituida por la Ciudad y lo que dijeron que era el abandono del Gobierno federal.

Davis, un boxeador de peso superpluma quien retuvo su título, le había traído a la Ciudad su primera pelea de campeonato en casi 50 años. Se convirtió en una celebración estridente de orgullo cívico, justo después de los primeros tuits del Presidente, quien llamó a partes de la Ciudad “un desorden asqueroso, infestado de ratas y roedores” que era “un lugar muy peligroso e inmundo” donde “ningún ser humano querría vivir”.

En una respuesta ampliamente compartida, Victor Blackwell, un conductor de CNN quien fue criado en Baltimore, estuvo a punto de las lágrimas al responder la afirmación de Trump de que nadie querría vivir en el distrito de Cummings. “¿Sabe quién vivió allí, señor Presidente? Yo”, declaró.
Mick Mulvaney, el jefe de Gabinete de Trump, defendió al Presidente en televisión e insistió en que su ataque contra el distrito de Cummings y las condiciones allí no tenía nada de racista.

The Baltimore Sun escribió en un editorial furibundo que Trump “ve el ofender a miembros afroamericanos del Congreso como buena política, ya que hace sentir bien a los supremacistas blancos que lo adoran y a la vez pone a gritar a tantas de las personas razonables que no”.

Su oración final: “Es mejor que una alimaña viva en tu barrio que ser una”.

The New York Times