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Yekaterina V. Bulgakova habló efusivamente sobre el departamento de una recámara que ella y su novio comparten, y en particular sobre la manera en que siempre podían cubrir la renta: al cargarla a una tarjeta de crédito.
“Nuestros sueldos no alcanzan” para pagar vivienda, comida y otras necesidades cada mes, dijo Bulgakova, una artista de tatuajes.

Percibe unos 35 mil rublos, o 560 dólares, al mes. Su novio, un cadete naval, recibe del Ejército un estipendio mensual de 480 dólares. Juntos, los ingresos de la pareja se sitúan por arriba del salario mensual promedio en Rusia, unos 735 dólares, y normalmente cubren sus gastos.

Pero cada dos o tres meses, disminuyen los clientes de Bulgakova. Es entonces cuando se apoya en su tarjeta de crédito de Tinkoff, un banco privado.

“Nadie quiere endeudarse”, dijo Bulgakova, de 21 años. Sin embargo, millones de rusos están haciendo justo eso, provocando un auge en los créditos de consumo.

Algunos funcionarios de políticas económicas señalan que un creciente número de rusos está recurriendo a sus plásticos o a casas de préstamo para enfrentar los tiempos difíciles ocasionados por las sanciones de Occidente y los precios a la baja del petróleo, una de las principales materias básicas de exportación del País.

El gasto ha levantado la economía, pero con una creciente deuda del consumidor que podría contribuir al inicio de una recesión.

Desde el inicio de las intervenciones militares de Rusia en Ucrania y las sanciones resultantes, el total de deuda personal entre los rusos ha aumentado alrededor del doble, reporta el Banco Central del País.

Algunos economistas dicen que la industria de créditos personales ha encontrado una bonanza en una población que estaba totalmente libre de deuda cuando entró a la era capitalista hace una generación. Otros advierten que la expansión de la industria es insostenible.

Muchos usuarios primerizos de tarjetas de crédito tienen poca experiencia manejando deuda. Y también están viendo cómo disminuyen sus sueldos ajustados a la inflación.

Elvira S. Nabiullina, presidenta del Banco Central, ha minimizado el problema, mientras que al mismo tiempo ha impuesto restricciones para desacelerar los créditos al consumidor. “Es totalmente equivocado creer que ya enfrentamos riesgos a la estabilidad financiera o un riesgo de una burbuja”, declaró recientemente.

Sin embargo, el banco ha elevado los requisitos que dictan cuánto dinero deben apartar los bancos para garantizar contra las caídas en moratoria y ha topado el interés que pueden cobrar los prestamistas personales a 1 por ciento al día, aún un exorbitante 30 por ciento mensual.

Las familias de bajos ingresos gastan en promedio 8 por ciento de su ingreso mensual en pago de deudas, de acuerdo con el Banco Central. La mayoría de los prestatarios tiene entre 25 y 35 años, y están sacando más de tres préstamos de distintas fuentes, dijo Vladimir Tikhomirov, economista en jefe en BCS Global Markets.

La deuda de consumo no asegurada recién emitida creció 22 por ciento. Los bancos propiedad del Estado extendieron alrededor del 70 por ciento de estos créditos, arrojó un reporte del Banco Central, dejando entrever que el Kremlin ha apoyado, al menos en parte, el aumento en los préstamos.

Al final del 2018, había 2 mil 2 casas de préstamo en Rusia, muchas operando en locales y ofreciendo préstamos a un mes con interés compuesto diario. Los bancos ofrecen préstamos y tarjetas de crédito con aprobación rápida.

La realidad es que los cobradores de deudas son notoriamente violentos. El Estado permite que oficiales de los tribunales entren a hogares a confiscar televisiones u otras pertenencias de valor para compensar las deudas. Los morosos pueden enfrentar una prohibición para viajar al extranjero.

Hasta ahora, Bulgakova ha pagado sus deudas puntualmente.

“Me siento agradecida porque al menos puedo mantener este estilo de vida” usando crédito, señaló. “Pero sería mejor si no tuviera que hacerlo”.

The New York Times