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Cambian de oficina cada varios meses. Revisan sus negocios en busca de micrófonos ocultos. Saben que están bajo vigilancia, y suponen que sus aparatos electrónicos están hackeados.

Son los comerciantes de petróleo de Irán y, de repente, están bajo escrutinio.

“A veces siento como que soy un actor en un thriller de espías”, dijo Meysam Sharafi, un comerciante en Teherán.

Desde que el Presidente Donald J. Trump impuso sanciones a las ventas de petróleo iraní el año pasado, la información sobre esas ventas se ha vuelto una preciada arma geopolítica.

Y el negocio de vender petróleo iraní, otrora una empresa segura y lucrativa para los bien conectados, se ha transformado en un muy arriesgado juego global de espionaje y contraespionaje.

Los comerciantes dicen que les han ofrecido todo tipo de incentivos a cambio de información. Europeos orientales se presentaron en Teherán con cajas de vodka y vino tinto, prometiendo duplicar los honorarios del intermediario.

Un hombre que afirmaba ser un académico estadounidense ofreció un pago de 5 mil dólares mensuales por ayuda con su investigación sobre la industria del petróleo. Prostitutas armenias disfrazadas de empresarias propusieron vacaciones.

También dicen que extranjeros, que ellos suponen que trabajan para EU, ha ofrecido sumas astronómicas, que van de los 100 mil al millón de dólares, sólo por el número de cuenta bancaria que el Ministerio del Petróleo utilizó en una venta.

En al menos un caso, un cliente extranjero envió agentes femeninas para probar qué información podía divulgar un comerciante.

El mes pasado, Irán informó que había desmantelado una red de espías y arrestado a 17 iraníes que, señaló, trabajaban para la CIA para recopilar información de inteligencia sobre ventas de crudo. El Presidente Trump negó que los sospechosos, algunos de los cuales fueron sentenciados a muerte, trabajaran para la CIA.

Bijan Zanganeh, Ministro del Petróleo de Irán, prohibió dar a conocer datos del petróleo el año pasado, después de que Washington abandonó el tratado nuclear con Irán e impuso sanciones a las exportaciones y transacciones de crudo.

“La información sobre las exportaciones de petróleo de Irán es información de guerra”, dijo en julio.

De las 10 personas que, en promedio, contactan al Ministerio del Petróleo cada día para preguntar sobre la compra del hidrocarburo, ha declarado Zanganeh, siete no son clientes reales. “Están tratando de descifrar todo nuestro sistema”, declaró en junio.

La Administración Trump explicó que el objetivo de las sanciones, que fueron endurecidas en mayo, era “reducir a cero las exportaciones de crudo de Irán, negándole al régimen su principal fuente de ingresos”.

Aunque ese objetivo no se ha cumplido, los analistas estiman que las ventas extranjeras de petróleo iraní han caído abruptamente, a alrededor de 500 mil barriles diarios, comparados con los 2.5 millones de barriles diarios antes de que la primera serie de sanciones entrara en vigor en el 2018.

Irán ha adoptado una variedad de medidas para sacarle la vuelta a las sanciones, dicen comerciantes y expertos en petróleo, como apagar los localizadores de GPS en sus buques cisterna, transferir crudo en aguas abiertas, mezclar su crudo con crudo iraquí y falsificar los manifiestos de embarques para que reflejen que el hidrocarburo no es de origen iraní.

Irán también ha endurecido su sistema de comercio de crudo e incrementado la seguridad. Tres comerciantes petroleros iraníes describieron los cambios a The New York Times, solicitando permanecer en el anonimato por preocupaciones sobre su seguridad.

Los miles de intermediarios que prepararon tratos petroleros entre compradores y el Ministerio del Petróleo fueron reemplazados por un puñado de comerciantes autorizados.

A los compradores se les exigía enviar representantes a Teherán como una forma de proteger la información e identificar a clientes legítimos. A los comerciantes se les ordenaba no hablar del precio, embarque o pago con los clientes.

Para animar a los compradores, por lo regular Irán vende el barril de crudo en unos 4 dólares por abajo del precio del mercado.

La etapa del pago es el paso más cuidadosamente vigilado. Se abren y cierran cuentas bancarias en el extranjero en cuestión de horas, el tiempo suficiente para hacer depósitos y transferencias.

Mientras esas transacciones tienen lugar, los comerciantes y compradores son mantenidos bajo vigilancia. Una vez que el trato es completado, pueden irse.

The New York Times