• |
  • |

Por Natalie Angier

El verano del año pasado, una jauría pionera de 14 perros salvajes africanos, o licaones, fue liberada en el Parque Nacional de Gorongosa como parte de un ambicioso esfuerzo de restauración de fauna.

Paola Bouley, la experta en carnívoros del Gorongosa, sabía que Beira, la hembra alfa de la jauría, estaba embarazada cuando los perros fueron puestos en libertad. Sabía que los depredadores alfa estrechamente unidos y en gran peligro de extinción habían cavado una guarida de maternidad para su reina, y que Beira había pasado mucho tiempo allí, hasta que un día ya no lo hizo. Ella y la jauría habían partido.

Al agacharse Bouley junto a la guarida abandonada y asomarse al agujero, se topó con la probable razón: una gigantesca serpiente pitón africana de roca —la especie de víbora más grande del Continente.

Pero los licaones eran indomables y este año, tras migrar a otro sector de las 405 mil hectáreas del Gorongosa, recuperaron el tiempo perdido. Beira dio a luz a finales de abril a 11 cachorros que salieron de su guarida a principios de junio y en imágenes de video parecen estar prosperando.

Para gran sorpresa de Bouley y sus colegas, Nhamagaia, la hembra beta de la jauría, desafió la tradición de que sólo la hembra alfa residente puede engendrar, y a finales de junio parió a su propia camada de ocho.

Los investigadores en un principio temían que Beira y los otros cánidos adultos pudieran rechazar a los cachorros, dejándolos morir por abandono. Pero las nuevas crías fueron aceptadas.

Y no lejos de la “guardería” Beira-Nhamagaia, un grupo de cuatro licaones adultos que se habían separado de la jauría original en la primavera parecía estar criando con éxito otra camada de ocho cachorros.

“Es increíblemente emocionante”, dijo Cole du Plessis, coordinador del programa de expansión del hábitat de perros salvajes en la organización ambiental Endangered Wildlife Trust. “A principios del año pasado no había licaones en Gorongosa, y ahora estamos acercándonos a los 50”.

¿Y por qué no? “Cuando volé sobre Gorongosa y ver el número de presas, el agua, la topografía —pensé, si uno pudiera bosquejar cómo sería el paraíso para perros salvajes, Gorongosa lo sería”, dijo Du Plessis.

La exitosa reintroducción de perros salvajes africanos a Gorongosa subraya la posición del Parque como uno de los puntos brillantes en un paisaje por lo demás sombrío de bosque en contracción y la acelerante pérdida de animales grandes y carismáticos.

Durante la guerra civil de Mozambique, que concluyó a mediados de los 90, la abundante fauna de Gorongosa fue destruida casi por completo. Desde entonces, el Parque se ha estado recuperando de forma continua.

Los investigadores ven en Gorongosa la oportunidad de monitorear la recuperación del ecosistema. Obtener la mezcla correcta de herbívoros y carnívoros ha resultado ser un desafío particular.

Los herbívoros fueron los primeros en recuperarse en el Gorongosa post-conflicto, y hoy el Parque vibra con más de 100 mil de ellos: ñu azul, impala, búfalo, hipopótamo, elefante y más.

Los expertos pensaban que, con tanta carne en pie, los carnívoros sin duda inmigrarían de áreas circundantes por su propia voluntad, pero el repunte de depredadores ha demostrado ser inconsistente.

Los licaones, que también son conocidos como lobos pintados, no son como otros cánidos. Pían y estornudan en lugar de ladrar o aullar, y sus orejas son como platos satelitales para rastrear presas y los agudos llamados entre sí. Tienen cuatro dedos, en vez de cinco, una adaptación que les ayuda a correr a hasta unos 70 kilómetros por hora.

Y todo lo hacen en equipo.

La vida en grupo tiene sus privilegios, incluyendo ser cuidados cuando están enfermos o heridos.

Son criadores cooperadores, una estrategia reproductiva bastante rara entre los mamíferos. En este sistema, la pareja alfa de la manada hace la mayoría de la crianza, mientras que otros adultos sirven como ayudantes sin hijos en el nido.

Los licaones alfa defienden su estatus mediante actos menores de agresión, al mordisquear y embestir, particularmente durante la temporada de apareamiento, pero a los subordinados no parece importarles. No obstante, los subordinados parecen buscar un estatus mayor y la paternidad personal en varias formas: dispersándose a una jauría vecina si está disponible, formando una nueva jauría, o reproduciéndose en el grupo y esperando tener suerte.

Bouley sospecha que las abundantes condiciones del Gorongosa, de numerosas presas y escasa competencia, explican el éxito del acto insubordinado de Nhamagaia. La hembra alfa no sólo no dio la espalda a los cachorros de la beta, sino que como la mayoría de sus propios cachorros ya estaba destetado, Beira contribuyó como una nodriza para las nuevas crías. Los cachorros mayores tratan a los menores como juguetes, uno tomando la cabeza, el otro la cola, en un estira y afloja.

“El vínculo afectivo entre los nuevos cachorros y toda la jauría, especialmente Beira, no es en lo absoluto lo que esperábamos”, dijo Bouley.

The New York Times