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BEIJING — Durante más de la mitad de su vida, Fan Bingbing fue un ícono de la pujante industria del cine y la televisión de China, y se volvió una estrella internacional.

Luego el año pasado, su carrera fue convulsionada por un escándalo fiscal que precipitó su espectacular caída de la gracia pública y mancilló una industria entera —una que el Gobierno chino está deseoso de someter a un control creativo aún más estricto.

“Nadie puede tener una travesía tranquila durante todo el viaje”, indicó Fan durante una rara entrevista, la primera en aludir al escándalo desde que estalló.

Durante cuatro meses el año pasado, Fan desapareció, y la ausencia de la estrella de cine más famosa de China consternó a millones de sus fans y generó miedo entre sus colegas. Nadie lo sabía en ese entonces, pero estaba bajo arresto domiciliario mientras las autoridades revisaban minuciosamente el historial de su carrera como actriz, luminaria de la alfombra roja y rostro de marcas de lujo.

Ahora Fan, que cumple 38 años el próximo mes, está probando un regreso. De sus problemas, dijo, “me han hecho calmarme y pensar seriamente sobre qué quiero hacer en mi vida futura”.

Recientemente subió sus primeras actualizaciones a sus 62 millones de seguidores en Weibo, la versión china de Twitter. Apareció el mes pasado en un avance en Instagram de “355”, una película con Jessica Chastain. El papel de Fan había estado en el limbo desde el escándalo. Muchos proyectos aún lo están. Una de sus cintas más recientes, “Air Strike”, fue bloqueada en los cines chinos. Después de que participó en una lectura de poesía en Beijing el mes pasado, la reacción en línea fue severa. “Nuestro País no debería dejar que este tipo de personas afecte a nuestra siguiente generación”, escribió un comentarista.

En octubre, China reveló que Fan y su estudio homónimo tendrían que pagar 130 millones de dólares en impuestos y multas sin pagar. Se libró de cargos criminales, pero su mánager fue arrestado. La industria cinematográfica fue escudriñada.

“Mucha gente en la industria ha tenido que pagar impuestos atrasados”, dijo Raymond Zhou, un crítico de cine.

Lo sorprendente de los problemas de Fan fue que es vástago de una familia de artistas escénicos y miembros del Partido Comunista. Tras su detención, afirmó que no habría sido nada “sin el partido y las buenas políticas del Estado”.

Su papel revelación en el cine llevó a su caída. En el 2003, encarnó a la amante de un conductor de televisión en “Cell Phone”. Un verdadero conductor televisivo, Cui Yongyuan, acusó al director de difamación debido a paralelos con su trayectoria profesional. Después de que Fan anunció una secuela en mayo del 2018, Cui, enojado, subió fotografías de los contratos de Fan para el nuevo filme: uno con un sueldo de 1.6 millones de dólares para declarar, y un segundo con el pago real de 7.8 millones de dólares.

La práctica de tener contratos “yin y yang” es una forma común de evitar impuestos en China, pero la acusación de Cui fue “el cerillo que encendió la mecha”, como expresó Zhou. A final de cuentas, las autoridades acusaron a Fan de falsificar contratos en cuatro ocasiones.

Los problemas que siguieron han perjudicado no sólo a Fan, sino que también parecen haber tenido un impacto en la taquilla de China. La asistencia en la primera mitad del año se desplomó, poniendo fin a años de crecimiento fuerte.

Fan afirmó estar lista para la siguiente escena, sin importar qué conlleve. “Hay arrepentimiento, dolor y fragilidad”, dijo. “Pero aún siento que necesito seguir viviendo”.

The New York Times