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Por Rick Gladstone

NACIONES UNIDAS — La vida de Riyad H. Mansour, el Embajador palestino ante las Naciones Unidas durante los últimos 14 años, ha sido moldeada por el conflicto con Israel. Pero Mansour también es producto del movimiento antibélico estadounidense.

Su padre, un refugiado palestino, llegó a EU en los 50, halló empleo en Ohio y después trajo a Mansour y los otros seis hijos de la familia de Ramallah, en Cisjordania.

A Mansour, de 72 años, le gusta citar sus orígenes como el hijo de un obrero siderúrgico. No obstante, es mejor conocido como un crítico tanto de Israel como de EU por lo que ve como la colaboración de estos países para frustrar la creación del Estado palestino.

Mientras cursaba la universidad en Ohio, marchó no sólo para manifestar contra la ocupación israelí de Cisjordania y otras tierras confiscadas en 1967, sino también a favor de los derechos civiles y para que EU saliera de Vietnam.

“Cuando eres joven, eres radical”, expresó. “Simplemente me daba gusto estar involucrado”.

Mansour optó por la diplomacia en 1983, como el delegado en lo que en ese entonces era la Misión de Observadores Permanentes de la Organización para la Liberación de Palestina ante la ONU. Se desvió de la vida diplomática a partir de 1994, pero volvió a las Naciones Unidas en el 2005 como Embajador.

Es conocido por tácticas que promueven la causa de la constitución de un Estado palestino en maneras que le han sacado la vuelta a Israel. Siete años después de su retorno a las Naciones Unidas, el organismo reconoció a Palestina como un

Estado observador no miembro, un ascenso que enfureció a funcionarios israelíes y sus aliados estadounidenses.

En opinión de Mansour, tácticas así eran necesarias porque las negociaciones directas entre Israel y los palestinos han logrado poco y el Presidente Donald J. Trump ha corrompido a EU como mediador, afirma.

“Para quienes creen que son los maestros del arte de la negociación, en una relación de dos, si le das a un bando todos estos regalos gratis, ¿cuál es el incentivo para que el otro negocie las migajas?”, declaró Mansour.

No le dirige la palabra al Embajador Danny Danon, su homólogo israelí en las Naciones Unidas. Algunos funcionarios señalaron que Mansour exasperó a Danon hace tres años durante una reunión del Consejo de Seguridad al rehusarse a condenar los ataques de milicianos palestinos.

Mansour tuvo una relación más cordial con Dan Gillerman, el Embajador israelí en las Naciones Unidas del 2003 al 2008. A pesar de algunas discusiones, Mansour asistió a la recepción de final de misión de Gillerman.

Yossi Beilin, un político israelí de muchos años que jugó un papel central en los Acuerdos de Oslo, apuntó a la importancia del gesto. “Quería mostrar que había diferencias, pero que había posibilidades para la cooperación y la paz”, dijo Beilin. “Éste es el tipo de adversario con el que quieres estar”.

Mansour pasó su niñez como refugiado en Ramallah antes de llegar a EU, donde conoció a su esposa, Caryl, una estadounidense de ascendencia polaca e italiana. Tienen dos hijos adultos.

Mansour dijo que se maravilla por cómo se ha convertido en una figura patriarcal en una familia extendida diversa que incluye a consuegos japoneses-estadounidenses.

“Ésa es la típica historia estadounidense —todos vinieron de algún lado, y trajeron otras familias, y empezaron a crecer”, apuntó Mansour.

The New York Times