• |
  • |

Por Declan Walsh

EL CAIRO — En el programa de comedia libio, el chiste era lo que estaba en la carriola.

La puerta de un elevador se cierra de golpe, separando a la madre —una actriz con “blackface”, o maquillaje negro en el rostro— de sus bebés. Una cámara oculta muestra a los ocupantes del ascensor, que no sospechan nada, atrapados en el interior con la carriola.

“¡Vigilen a mis bebés!”, grita la madre con horror fingido.

Pero cuando las personas en el elevador quitan la cubierta de la carriola, un par de monos salen de un brinco.

El “blackface”, un recurso racista del entretenimiento con raíces en los Estados Unidos del siglo 19, es parte de la programación árabe convencional. En cadenas televisivas en Medio Oriente, los actores oscurecen sus rostros con regularidad en sketches de comedia para sacar risas de estereotipos degradantes y prejuicios de siglos de existencia.

Pero en el mundo árabe, la comedia “blackface” ahora enfrenta crecientes críticas en las redes sociales.

Algunos artistas lo defienden. “Es simple comedia”, indicó la comediante egipcia Shaimaa Seif tras ponerse “blackface” para un programa transmitido en mayo en MBC, la red satelital más grande de la región.

Pero los blancos de ese humor —con más frecuencia de Sudán, un país extenso de habla árabe en África— afirman que no tiene nada de gracioso.

“El ‘blackface’ es repugnante y ofensivo”, dijo Sara Elhassan, escritora sudanesa en EU. “No se trata simplemente del color de la piel; se trata de los estereotipos”.

Enumeró algunos tropos en la comedia árabe: “La persona negra es floja. No hablan árabe correctamente. Si son sudaneses, tienen un acento ridículo. O están acostados en una cama, siempre durmiéndose”.

Después de que televidentes sudaneses inundaron la página de Seif en Facebook con críticas, apareció en un programa de entrevistas en MBC para explicarse. Pero en vez de disculparse, se aferró.

“No se enojen”, reprendió, sonriendo y tratando de restarle importancia a la controversia. “No hubo mala intención”.

En Twitter, el activista libio Nader Elgadi criticó el sketch de los monos en la carriola e hizo un llamado a una campaña “para castigar a todos los involucrados”. Dijo que el clip refleja prejuicios profundamente arraigados en un país donde 600 mil migrantes en su mayoría africanos viven en condiciones desesperadas. Pero sentía aliento al ver que, en línea, muchos libios compartían su repugnancia. “La gente decía, ‘esto no está bien’”, señaló.

Lo que pasa en la pantalla se traduce en conducta en la calle, afirmó Abdullahi Hassan, estudiante de cine de 24 años que ha catalogado docenas de ejemplos de racismo en películas y programas de televisión árabes, principalmente en Egipto.

“Personas desconocidas me insultan y les parece divertido”, dijo Hassan, que creció en Arabia Saudita y Egipto. “Piensan que es aceptable porque lo han visto en sketches de comedia o bromas en la televisión”.

La esclavitud no fue abolida en algunos países del Golfo Pérsico hasta 1970. Hoy, los trabajadores africanos a menudo enfrentan abuso en la misma región.

Las disculpas públicas por el racismo son raras en el mundo árabe, pero hay señales de una creciente conciencia. Una nueva ley de los medios en Egipto penaliza el contenido racista. Los canales de televisión transgresores podrían enfrentar multas o cierres.

Luego de que el canal de televisión estatal de Kuwait fue criticado el año pasado por un burdo sketch de comedia “blackface” dirigido contra los sudaneses, el actor principal, Hasan al-Ballam, se disculpó en Instagram. Afirmó que ya no hará imitaciones de nadie.

“Le pido perdón a todo mundo”, dijo.

The New York Times