• |
  • |

Por Farnaz Fassihi

Cuando sonó el teléfono en un centro de ambulancias privadas en Teherán, una estrella del futbol iraní estaba en la línea. La operadora expresó consternación por la presunta urgencia médica en la familia del jugador.

El astro soltó la carcajada y dijo que nadie estaba enfermo. Solicitaba reservar una ambulancia para hacer mandados. Quería evitar el congestionamiento vial que puede convertir un traslado de 10 minutos en un recorrido de dos horas. El dinero que ofrecía era el equivalente al sueldo mensual de un maestro.

Para los iraníes acaudalados, contratar una ambulancia como chofer personal se ha convertido en la tendencia más nueva en un País donde abundan los embotellamientos.
La práctica es ilegal. Todas las compañías de ambulancias que fueron contactadas expresaron preocupación de que el abuso de los vehículos de servicios de emergencia —que tienen permitido pasarse semáforos en rojo y una vía despejada a su destino— impediría el traslado veloz de pacientes a centros médicos.

Muchos iraníes están llamando a imponer medidas enérgicas, pero continúa la práctica.

Mahmoud Rahimi, director del servicio de ambulancias privadas Naji, que recibió la llamada del futbolista, dijo que “por desgracia, recibimos este tipo de llamadas, de gente rica y de famosos”.

Rahimi aseguró que la compañía rechaza tales solicitudes.

Teherán es una ciudad de 14 millones de habitantes, y la construcción y el desarrollo no regulado la han convertido en uno de los peores lugares para atorones viales.

La Ciudad ha desplegado formas para reducir el tráfico —sin éxito. Los automovilistas en la zona centro de Teherán requieren un permiso, y durante algún tiempo se dejó a los autos circular a ciertas horas dependiendo de si el último dígito en sus placas era par o impar.

El ciudadano promedio tiene 40 años de jugar al gato y el ratón con la República Islámica para desafiar las restricciones, dicen algunos analistas.

Desde los hijabs obligatorios para las mujeres en público hasta la prohibición de bebidas alcohólicas, la convivencia de varones y mujeres, bailar y el uso de medios sociales, las reglas están hechas para romperse, aseguran muchos iraníes.

No obstante, el escándalo de las ambulancias podría haber llegado demasiado lejos —una violación al orden cívico.

Los servicios de ambulancias privadas iniciaron hace unas dos décadas en respuesta a una escasez de ambulancias del Gobierno.

Rahimi dijo que los choferes de la compañía han reportado un aumento de los autos que se rehúsan a ceder el paso a la ambulancia.

“La gente ve una ambulancia y podría creer que no es un paciente en una situación de vida o muerte; se trata de un famoso que va a cortarse el cabello”, afirmó.

The New York Times