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Por Lindsey Tramuta

Los libaneses se sienten comprensiblemente orgullosos de su patria. En menos de dos horas, se puede pasar del Mar Mediterráneo a los bosques de cedros en la Reserva de la Biósfera Shouf o a las cimas cubiertas de nieve de Monte Líbano. Pero una falta de regulación en todo, desde construcción hasta gestión de residuos, la ha puesto en peligro.

Ahora, una generación desarrolla iniciativas con conciencia social para proteger la tierra, las tradiciones y los artesanos de este País de Medio Oriente con un pasado devastado por la guerra. Las prácticas sustentables cobran impulso, al arraigarse en el campo exuberante y en la capital, Beirut, una ciudad frente al mar con alrededor de 2.2 millones de habitantes.

El movimiento verde emerge al tiempo que el turismo va en aumento. Viajeros con conciencia de su impacto en la economía y el medio ambiente de un destino encuentran una creciente cantidad de negocios libaneses con mentalidad similar.

Ramzi Salman desarrollaba Bkerzay, el parador turístico que funciona con energía solar más grande de Líbano, en los Montes Chouf, durante la crisis de desechos del 2015, cuando la basura se acumuló por todo el País. “Compré el terreno para convertirlo en algo que beneficiara y facultara a la comunidad”, dijo.

El parador emplea a guías locales para los senderos de excursionismo y a artesanos para el restaurante, el taller de cerámica y el spa.

El desarrollo de Salman tiene una vista despejada de la región de Chouf cuesta abajo y está a sólo unos 10 kilómetros de Beirut. Reincorporó arquitectura vernácula y decoró las villas con una mezcla sentimental de mobiliario antiguo, blancos producidos localmente y piezas a la medida. La aldea, como Salman llama a Bkerzay, conforma sólo el 15 por ciento del terreno. “El resto es bosque y queremos que así se mantenga”, dijo.

Esa pasión y respeto por la tierra también llevó a Jamil Haddad a desarrollar Colonel, la primera microcervecería de Medio Oriente, en el poblado costeño de Batroun, donde creció. Las instalaciones para producción de Colonel se hicieron totalmente con materiales reciclados.

Conservar las tradiciones culturales es el meollo de las iniciativas de Kamal Mouzawak. Es fundador de Souk El Tayeb, el primer mercado campesino del País y una red de populares cocinas de productores agrícolas que sirven platillos regionales preparados por mujeres de poblados cercanos.

Hace poco, amplió su alcance a una serie de posadas llamadas Beit (que significa hogar) que preservan las tradiciones de la región donde se encuentran.

Beit Douma, una casa de piedra restaurada del siglo 19 en las montañas de Batroun a 80 kilómetros al norte de Beirut, está rodeada de huertos y jardines y presenta mobiliario antiguo y una cocina donde los huéspedes pueden ayudar a preparar comidas. “Contratamos a gente local que prepara platillos regionales e imparte sus tradiciones”, dijo Mouzawak.

Cerca de ahí está Maher Harb, el primer viticultor biodinámico del País. Tras trabajar en el extranjero como consultor financiero, regresó a las montañas de Batroun para trabajar tierras que había heredado. En el 2016, lanzó Sept Winery para resaltar la singularidad del terruño libanés. Su vino está llamando la atención.

“La única forma de resucitar nuestra tierra ancestral y demostrar su belleza y diversidad es acatar las leyes de la agricultura natural y la biodinámica”, dijo Harb. “Así solían trabajar nuestros ancestros”.

The New York Times