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Por Alan Rappeport

WASHINGTON — Los agricultores estadounidenses se han vuelto daño colateral en una guerra comercial iniciada por el Presidente Donald J. Trump para ayudar a fabricantes y otras compañías que él cree han sido lastimados por las prácticas comerciales “injustas” de China.

Más de un año después de iniciada la disputa comercial, las ventas de soya, puerco, trigo y otros productos agrícolas estadounidenses a China se han desplomado al tiempo que Beijing toma represalias contra los aranceles de Trump a las importaciones chinas. Se han esfumado los lucrativos contratos de los que han dependido los agricultores durante mucho tiempo para sus ingresos, con los compradores chinos recurriendo a otros países como Brasil y Canadá para obtener las materias básicas que necesitan. Las declaraciones de bancarrota de granjas en el año hasta junio se han disparado 13 por ciento en comparación con el 2018 y las tasas de incumplimiento de pago a préstamos están al alza, de acuerdo con el Buró Agrícola Estadounidense.

La situación de los agricultores se está convirtiendo en un problema político para Trump al tiempo que se encamina a un año electoral. Durante meses, los agricultores se han mantenido resueltos, reiterando su apoyo a un Presidente que dice que sus políticas comerciales ayudarán a la industria agrícola a ganar al final. Mientras que hay pocas señales de un cambio a apoyar a los demócratas en el campo, más agricultores dicen que están perdiendo la paciencia con el enfoque del Presidente y están sugiriendo que no tomará mucho perder también su voto.

Trump, quien se jacta con regularidad de un auge económico pese a señales de una desaceleración, en algunos casos ha empeorado la situación. Recientemente desestimó las ventas del trigo estadounidense, al sugerir que Japón lo estaba comprando sólo como un favor a Estados Unidos. Y sus tuits frecuentes insistiendo en que “a los agricultores les está empezando a ir fabulosamente bien de nuevo” no han caído en gracia a algunos grupos agrícolas.

“No nos está empezando a ir fabulosamente bien de nuevo”, dijo Brian Thalmann, presidente de la Asociación de Cultivadores de Maíz en Minnesota, a Sonny Perdue, el Secretario de Agricultura, en un evento en agosto. “Las cosas se están yendo por un caño y rápidamente”.

Perder al país más poblado del mundo como mercado de exportación ha constituido un golpe considerable a la industria agrícola. El total de exportaciones agrícolas estadounidenses a China ascendieron a 24 mil millones de dólares en el 2014 y cayeron a 1.9 mil millones de dólares el año pasado, de acuerdo con el Buró Agrícola Estadounidense.

Las exportaciones de productos agrícolas a China cayeron 1.3 mil millones de dólares en la primera mitad del año, dijo el grupo agrícola el mes pasado.

La Administración ha intentado apaciguar a los agricultores al introducir dos paquetes de ayuda financiera con un total de 28 mil millones de dólares. La Casa Blanca también despachó a Perdue, el ex Gobernador de Georgia quien creció en una granja y tiene un título de veterinario, a lugares como Minnesota, Iowa y Wisconsin para calmar los nervios de los agricultores.

Muchos agricultores continúan apoyando a Trump y expresan deseos de que el Presidente sabe lo que hace en sus tratos con China. Una encuesta en julio del Farm Journal halló que el 79 por ciento de mil 100 agricultores aún respaldan a Trump a pesar de la falta de progreso en las negociaciones con China. Sin embargo, este apoyo cayó al 71 por ciento en agosto.

Por ahora, Perdue sigue siendo un emisario efectivo, con la industria aún albergando la esperanza de que Trump pueda realizar la clase de trato comercial que ha estado prometiendo.

“Él es uno de nosotros, es agricultor”, dijo Brad Kremer, un agricultor de Wisconsin quien es tesorero de la Asociación Estadounidense de Soya, respecto a Perdue. “Creo que tiene un empleo difícil en una Administración difícil”.

The New York Times