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Las Olimpiadas de Tokio 2020 se realizarán entre una credibilidad a la baja del movimiento olímpico en sí y una oleada de nacionalismo en el mundo. Los Juegos Olímpicos tendrán lugar durante un despertar a la equidad de género y el abuso sexual. Y se celebrarán en una época en que los atletas tienen una mayor disposición a expresar sus opiniones.

Así que cuando la máxima funcionaria olímpica de Estados Unidos envió cartas a dos atletas estadounidenses que protestaron durante el himno nacional en los recientes Juegos Panamericanos celebrados en Perú, colocándolos en probatoria durante 12 meses, también incluyó una advertencia a los atletas olímpicos en potencia respecto a hacer gestos políticos en los Juegos de Verano el próximo año.

Pero tratar de acallar a los atletas en Tokio podría ser un ejercicio inútil.

“Hay un grupo de gente que siempre va a pensar que erguirse en defensa de los muchos es más importante que las repercusiones para sí mismas”, dijo el esgrimista Race Imboden, quien recibió la advertencia después de ponerse en una rodilla en el podio de medalleo durante el himno nacional.

Dijo que estaba protestando por los “defectos” de Estados Unidos, como “el racismo, la falta de control de armas, el maltrato a los inmigrantes y un Presidente que propaga odio”. Gwen Berry, lanzadora de martillo, quien levantó un puño durante el himno, fue la otra atleta disciplinada.

Un atleta que hace un gesto político en un podio de medalleo, o vistiendo el uniforme, o después de anotar un gol o ganar una carrera estaría violando la Carta Olímpica y se arriesga a ser expulsado de los Juegos.

El Comité Olímpico Internacional con frecuencia asume una postura contradictoria, desalentando la actividad política, pero también apoyándola si retrata al comité olímpico como una fuerza moral positiva. Por ejemplo, Feyisa Lilesa, el maratonista etíope, no fue sancionado por cruzar los brazos encima de su cabeza al llegar a la línea de meta en las Olimpiadas de Río 2016, en protesta por el trato dado a su grupo étnico.

Donde se pone delicado es cuando “los atletas acogen causas o problemáticas que no parecen políticas para la mayoría de los observadores, sino dentro de sus derechos, como las causas morales”, dijo Douglas Hartmann, sociólogo que ha estudiado las protestas olímpicas.

“Cuando un individuo convierte sus agravios, por legítimos que sean, en algo más importante que sus competidores y que la competencia misma, la unidad y armonía se ve mermada”, escribió Sarah Hirshland, directora del Comité Olímpico y Paralímpico de Estados Unidos, en las cartas a Imboden y Berry. “Se pierde la celebración del deporte y del logro humano”.

The New York Times