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Por Jim Farber

Al inicio del nuevo documental “Linda Ronstadt: The Sound of My Voice” (Linda Ronstadt: El Sonido de mi Voz), la 10 veces ganadora del Grammy habla sobre por qué canta la gente. “Canta”, dice, “de manera que las generaciones venideras no olviden con lo que padeció, soñó y se deleitó la generación actual”.

Documentar las luchas, esperanzas y placeres que Ronstadt expresó durante su larga trayectoria tiene un significado especial en vista de su experiencia con el mal de Parkinson, que le robó la habilidad de cantar hace casi una década.

“Es extraño tener un proyecto actual —particularmente uno que yo no controlé”, dijo.

Control fue lo que permitió a Ronstadt, de 73 años, romper tantas reglas del estrellato de la música pop como hizo. Al mismo tiempo, no hace alarde de sus logros.

En una conversación, hizo hincapié en mencionar a los cantantes que ella cree cantaban las canciones mexicanas que adoraba de niña con más habilidad que ella. Estos son extractos editados.

Ha hablado de la influencia del canto de su padre. El documental por fin nos permite escucharlo.

Su voz suena como una combinación de Pedro Infante y Frank Sinatra. Aprendí de niña la mayoría de las canciones en español. Nunca había escuchado los discos, sólo escuché a mi padre cantarlas.

Su primer éxito fue en 1967 con “Different Drum”. El personaje era un andariego que no podía ser domado. ¿Eras esa persona entonces?

Pensaba que estaba demasiado joven para el matrimonio ni nada que se le asemejara. Y continué sintiéndome así hasta que tuve a mis propios hijos. Tener hijos te hace crecer.

Conoció a muchas mujeres talentosas, como Emmylou Harris y karla Bonoff, pero en lugar de competir, colaboró con ellas.

Jamás he visto la música como una competencia. Es una conspiración. la palabra “conspiros” del griego, significa respirar juntos. José Abreu, quien tuvo tanto éxito enseñando a niños a tocar música en Venezuela, dijo que la música es una conspiración para cometer belleza.

La escena de la que surgió estaba dominada por cantautores. Pero usted sólo cantaba. ¿Se sentía cohibida al respecto?

El mundo estaba lleno de tantos buenos compositores, y me agradaba la idea de que podía interpretar la canción de alguien más.

Muchas personas en el documental hablan de lo crítica que es de sus presentaciones grabadas.

Las que grabé me suenan rígidas. Pensaba, “¡canté eso mejor en Cleveland el 6 de febrero!”.

Vendió millones grabando canciones mexicanas tradicionales. Y sin embargo, cuando los críticos hablan de artistas que trajeron música de fuera de EU o del reino Unido a la música pop, mencionan a Paul Simon y a Peter Gabriel, pero no a usted. ¿Es frustrante?

¿Qué importa? Mi música no cura cáncer. Pronto habrá desaparecido. Hay mejores intérpretes que puedo recomendar, como Lola Beltrán, Lydia Mendoza y Chavela Vargas.

Antes de que lanzara las canciones mexicanas, muchas personas no conocían su ascendencia.

En 1968 dije que era de ascendencia méxicoalemana. Pero tenía la piel blanca y un apellido alemán así que no era mexicana. Era parte de la forma en que los mexicanos son tratados en esta cultura.

Obviamente, el canto ha sido su pasión desde la infancia. ¿Dónde habita esa pasión ahora?

Escucho música con verdadera pasión. Realmente puedo escuchar la música en mayor detalle. Escucho ópera en YouTube. Pero puedo ver a Anna Netrebko cantar “La Traviata” y luego ver a María Callas cantarla y luego alguien más.

The New York Times