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Por Laure Fourquet

ILE-ROUSSE, Córcega — Julie Douib dejó a su pareja abusiva. Reportó su violencia al menos una docena de veces. Después de que él la obligó a renunciar a la custodia de sus dos hijos durante el fin de semana, Douib le dijo a la Policía que él tenía una licencia para un arma y que temía que le disparara.

“Madame, lo siento”, dijo el oficial, de acuerdo con el padre de Douib, “pero no se le puede quitar la licencia a menos de que apunte el arma contra usted”.

Lo hizo 48 horas después y disparó dos veces, alcanzando a Douib, de 34 años, en el pecho y brazos.

“Me mató”, dijo ella con su último respiro, señaló Maryse Santini, la vecina del piso de abajo que la encontró.

La muerte de Douib en marzo cristalizó los problemas de la violencia doméstica y las dificultades que enfrentan las mujeres en Francia para lograr que las autoridades tomen sus denuncias en serio. Fue la trigésima mujer en Francia en morir este año a manos de su pareja, y más de otras 70 han perdido la vida desde entonces. De acuerdo con cifras gubernamentales, una mujer es asesinada en Francia por su pareja o ex pareja cada tres días.

La problemática ha atraído una atención más amplia en Francia desde que el Presidente Emmanuel Macron empezó a usar el término “feminicidio”.

Los datos de Eurostat más recientes, del 2015, muestran que más mujeres son asesinadas cada año en Francia que en Gran Bretaña, Países Bajos, Italia o España. En Europa Occidental, sólo Alemania y Suiza tuvieron más. El saldo está llamando la atención de los funcionarios franceses.

El 3 de septiembre, el Gobierno abrió un debate nacional en un esfuerzo por eliminar la violencia doméstica. El feminicidio no es reconocido en el código penal francés, pero Marlène Schiappa, viceministra para igualdad de género, dijo que se debatiría el reconocimiento. El proceso de consulta continuará hasta el 25 de noviembre. En 12 semanas, 91 congresos se celebrarán en toda Francia para debatir cómo prevenir el feminicidio, proteger a las víctimas y castigar a los transgresores.

Las juntas reunirán a funcionarios, abogados y fiscales junto con asociaciones que representan a las familias y las víctimas, indicó Schiappa. “Todas las personas que por lo general no se hablan necesitan reunirse y sentarse a la misma mesa”, afirmó.

El Primer Ministro Édouard Philippe ha anunciado una serie de medidas para asegurar que las autoridades francesas manejen mejor la violencia doméstica, incluyendo la creación de un protocolo unificado para evaluar qué tan peligrosa es la situación en casa y tribunales especializados para manejar los casos con rapidez.

En los meses antes de su muerte, Douib trató cinco veces de presentar cargos contra su ex pareja, Bruno Garcia, de 43 años. No se tomó ninguna acción.

Cuando Douib se quejó de que él la había echado medio desnuda del departamento de ambos, la Policía le dijo que no podría recuperar sus pertenencias porque el contrato de arrendamiento no estaba a su nombre.

Cuando interpuso una denuncia tras ser empujada por las escaleras de su edificio de departamentos anterior, Garcia presentó sus propios cargos, diciendo que ella había dañado la puerta de entrada —una afirmación que contradecía las versiones de los vecinos.

La falta de acción de la Policía no debería tolerarse, dijo Luc Frémiot, un ex fiscal y una figura líder en el esfuerzo por ayudar a sobrevivientes de la violencia doméstica en Francia.

En el 2003, implementó medidas que redujeron drásticamente los índices de violencia doméstica en Douai, en el norte de Francia. Toda acusación tenía que ser seguida por un proceso legal. Los abusadores serían sacados automáticamente del hogar y colocados bajo el cuidado de psiquiatras y psicólogos. “Es una manera de hacer que reflexionen sobre sus problemas de ira”, explicó.

A menudo hay señales de advertencia claras de que un patrón de abuso llevará a una tragedia si no se hace nada. Douib dejó a su pareja seis meses antes de ser asesinada. Después de la separación, Garcia la amenazó en repetidas ocasiones, diciéndole que si no abandonaba Córcega —y a sus hijos— moriría.

El 1 de marzo, Douib fue a la estación de policía.

Dos días después, Santini, su vecina, oyó el primer disparo. “Fuegos artificiales”, pensó. Al oír el segundo, salió de su departamento y empezó a subir la escalera al segundo piso, y se topó con Garcia.

Un rastro de sangre la llevó por la puerta abierta del departamento de su vecina y hacia el balcón, comentó. Santini dijo que agarró la mano de Douib y gritó pidiendo ayuda. Pero era demasiado tarde, expresó.

Garcia caminó tranquilamente a la estación de policía, entregó su arma y confesó el crimen.

“Julie hizo todo lo debido”, dijo su padre, Lucien Douib. “Tan pronto encontró el valor para alzar la voz, reportó el abuso. Julie tenía fe en que el sistema de justicia prevalecería”.

The New York Times