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Por Ben Hubbard

BKERKE, Líbano — La música clásica sonó más fuerte cuando la novia pisó una alfombra roja, tomó el brazo de su novio en esmoquin y caminó hacia el altar mientras sus familiares vitoreaban cerca de ahí.

La siguiente novia hizo lo mismo. Y la siguiente. Y la siguiente. Y la siguiente.

Una vez que las parejas—34 ese día— llegaron a sus asientos, el patriarca de la Iglesia Maronita dirigió la misa y los declaró marido y mujer. Fue la cuarta boda masiva de Líbano en tres semanas, un fenómeno que ha estado creciendo en todo Medio Oriente. Turquía recientemente patrocinó una ceremonia para 2 mil parejas.

En una región donde el matrimonio sigue siendo altamente valorado, pero las presiones económicas y las celebraciones costosas han impedido que muchas parejas se casen, unos benefactores poderosos han intervenido. La política, la fe y la complicada demográfica de Líbano juegan un papel.

Los partidos políticos patrocinan bodas para miembros jóvenes para reforzar su lealtad. Las minorías religiosas y étnicas consideran el matrimonio y la procreación esenciales para su supervivencia a largo plazo. Los grupos armados instan a sus combatientes a casarse para que sus hijos se conviertan en los luchadores del futuro.

“Se encargan de todo, Dios los bendiga”, expresó Roni Abu Zeid, de 35 años, un soldado que se casó en la boda masiva maronita celebrada en Bkerke, un pueblo cerca de la costa mediterránea. Su enlace fue patrocinado por la Liga Maronita, un grupo sin fines de lucro asociado con la iglesia.

Fadi Gerges, un directivo de la liga, comentó que es natural que las minorías alienten a sus jóvenes a procrear en un país donde la demografía afecta el poder.

“Cuando cualquier grupo étnico se siente en peligro, aúna esfuerzos”, dijo. “Cuando ven los números subir al otro lado, piensan que tal vez pueden colocar un guijarro para prevenir un alud”.

La boda masiva de este año fue la décima del grupo en 11 años, llevando el número de parejas que ha casado a 274. Hasta ahora, esas uniones han resultado en sólo tres divorcios y más de 100 niños.

Las parejas deben hacer una solicitud para ser parte de la ceremonia grupal de la liga. Al menos un integrante de la pareja debe ser maronita, y el novio debe tener casa y empleo. Las parejas aceptadas reciben un traje gratis para el novio, un vestido para la novia, invitaciones, flores, fotos, 2 mil dólares en efectivo y una bendición del patriarca —un gran extra para los devotos.

La misma semana que la boda en Bkerke, 19 parejas se reunieron en un centro vacacional en Jiyeh, un pueblo frente a la playa al sur de Beirut, para otra boda masiva organizada por Oasis de la Esperanza, un grupo de voluntarios vinculado con el Movimiento Amal, un partido político chiita. Fatima Qabalan, una de las organizadoras, indicó que el grupo había casado a unas 300 parejas en 12 bodas masivas en el curso de los años.

También ayudaba a las parejas a establecer un hogar, dándoles muebles y enseres domésticos.

Mientras los meseros distribuían charolas de carne asada, arroz y pescado, funcionarios del partido dieron discursos. Un discurso enfatizó la importancia de tener hijos para la “resistencia”, o la lucha contra Israel.

Un grupo de baile irrumpió en el lugar, batiendo tambores, coreando y ondeando bastones en llamas. Luego las parejas avanzaron entre la multitud, los novios en trajes negros con corbatas y las novias en vestidos blancos con velos. Sus parientes tomaron fotos.

Ali Ala’ideen, un novio con cabello engomado peinado hacia atrás, mencionó que él y su nueva esposa no podían darse el lujo de tener una luna de miel, pero que estaba agradecido de estar casado.

“Si no fuera una boda grupal no habríamos podido hacerlo”, afirmó.

Tras la cena, los fuegos artificiales retumbaron, la gente bailó un poco, y luego los recién casados partieron para iniciar sus vidas juntos.

The New York Times