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Por Frances Robles y Rachel Knowles

NASSAU, Bahamas — Kerline Mildor escapó de la destrucción del huracán “Dorian” con sus tres hijos y sólo la ropa que llevaba puesta.

Mildor, de 33 años, una inmigrante de Haití que vivió 14 años en la Isla Gran Ábaco, en las Bahamas, no tiene la ciudadanía bahameña. Sus hijos, nacidos en las Bahamas, no tienen patria, entre las miles de personas atoradas en el limbo migratorio sin la nacionalidad de ninguno de los dos países.

Fueron trasladados por avión a Nassau, donde se están hospedando en un albergue en la Iglesia Bautista El Calvario de Haití. Su futuro es incierto.

“Nos trajeron y nos dijeron que iba a estar bien”, dijo Mildor. “Nos sirven comida podrida y nos tienen durmiendo en el piso”.

Las poblaciones de las islas Ábaco y Gran Bahama fueron evacuadas luego de que “Dorian” cobró al menos 50 vidas y dejó mil 300 desaparecidos.

Aunque muchos sobrevivientes de Dorian arribaron a la Capital de Bahamas y se quedaron con familiares y amigos, más de 2 mil personas —casi todos haitianos— se están quedando en albergues sin un lugar a donde ir y un estatus legal precario.

Se teme que muchos haitianos más, recelosos de los albergues gubernamentales, murieron porque podrían haber tratado de capear la tormenta.

Los haitianos están estigmatizados en las Bahamas, donde brindan mano de obra barata en la construcción y el trabajo doméstico. Una política del 2014 que requiere que toda la gente tenga pasaporte fue vista como una ofensiva contra los inmigrantes haitianos.

Elsworth Johnson, el Ministro de Inmigración, dijo que el Gobierno había suspendido las redadas de deportación, y que los albergues son considerados santuarios. Pero aunque el Gobierno está ayudando a los sobrevivientes, el estatus legal de los migrantes afectados por la tormenta no será ignorado eternamente, afirmó.

“Si no tienen los documentos apropiados, entonces aplicamos la ley”, declaró Johnson. Agregó que el Gobierno bahameño no dará asilo a los sobrevivientes de la tormenta porque el asilo requiere prueba de persecución.

Esther Innocent, de 13 años, afirmó que los niños de ascendencia haitiana como ella, nacidos en las Bahamas, pero sin derecho a la ciudadanía bahameña, tienen miedo de ser deportados.

Esther, quien se está quedando con su madre y hermanos gemelos en un albergue, dice notar actitudes que atribuye a la xenofobia bahameña.

En el albergue de la iglesia, algunos sobrevivientes de la tormenta se molestaron tanto al narrar las condiciones, que los soldados advirtieron a periodistas de The New York Times que hacían las entrevistas que no “incitaran un disturbio”.

“Creo que a los haitianos y los bahameños los están tratando igual: mal”, afirmó Timothy Rolle, uno de los pocos bahameños en el albergue.

Unas horas después, se les brindaron a los sobrevivientes colchones inflables.

The New York Times