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Por Christopher Flavelle

GATINEAU, Quebec — La gente en Estados Unidos que ha perdido sus hogares por el huracán “Dorian” se está preparando para reconstruir. Pero Canadá —que ha enfrentado sus propias inundaciones devastadoras— está haciendo la prueba con una idea muy diferente de recuperación tras desastres: obligar a la gente a mudarse.

A diferencia de EU, que una y otra vez ayuda a pagar para que la gente reconstruya en el mismo lugar, Canadá ha respondido a los crecientes costos del cambio climático limitando la ayuda tras desastres y pidiendo a la gente que deje sus hogares.

“Los canadienses están tercamente empezando a reconsiderar la inteligencia de construir cerca de áreas propensas a las inundaciones”, dijo Jason Thistlewaite, profesor de medio ambiente y negocios en la Universidad de Waterloo, en Ontario. “Está tomando acción gubernamental para obligar a la gente a tomar mejores decisiones”.

Las consecuencias en el mundo real de esa filosofía se están viendo en Gatineau, una ciudad que desde el 2017 ha sido azotada por dos inundaciones que tenían una probabilidad del 1 por ciento de ocurrir en un año dado.

Los residentes están esperando a ver si los daños de la inundación más reciente, en abril, exceden el 50 por ciento del valor de esos hogares. A quienes reciban esa notificación se les ofrecerá dinero y se les indicará que se marchen.

A decir de muchos, el experimento canadiense inició en el verano del 2013, cuando inundaciones en el sur de Alberta causaron daños valuados en más de 7.5 mil millones de dólares canadienses, o unos 5.7 mil millones de dólares, el desastre más costoso en la historia del País en ese entonces. El costo fue particularmente alto en High River, un pueblo de 14 mil habitantes, donde las inundaciones afectaron al 80 por ciento de los hogares.

En vez de pagar para reconstruirlos todos, los funcionarios emitieron compras obligatorias para dos barrios particularmente desprotegidos. Esa filosofía se extendió. En el 2015, Canadá hizo que fuera más difícil para niveles inferiores del Gobierno obtener recursos federales luego de desastres. El siguiente año, Columbia Británica dijo que las víctimas de inundaciones que habían optado por no adquirir un seguro privado contra inundaciones serían inelegibles para recibir ayuda gubernamental.

Este año, el Gobierno federal fue aún más allá, al advertir a los propietarios de casas a nivel nacional que, con el tiempo, se las tendrían que arreglar solos.

Ninguna parte del País ha sido más agresiva que Quebec. Desde el 2005, la provincia ha prohibido construir hogares nuevos, o reconstruir los dañados por inundaciones, en zonas con un riesgo del 5 por ciento de sufrir una inundación.

Sin embargo, luego de que fuertes inundaciones azotaron nuevamente a Gatineau y otras partes de Quebec en abril, el Gobierno amplió la zona de no construcción para incluir cualquier área anegada en el 2017 o el 2019.

En general, los residentes en Gatineau parecen caer en dos grupos: los que no quieren irse y los que están ansiosos por marcharse.

Maxime Pedneaud-Jobin, el Alcalde de Gatineau, ahora debe sortear un panorama emocional y económicamente delicado.

La mejor solución es determinar qué partes de la Ciudad pueden ser protegidas de inundaciones, y luego construir la infraestructura necesaria, explicó. Los hogares que no pueden ser protegidos deben ser pagados a valor comercial, dijo. Pero vender debe ser obligatorio.

“No podemos hacerlo a medias”, declaró. “Si le pides a la gente que se vaya, tienes que pagarles el dinero necesario. Y obligarlos a marcharse”.

The New York Times