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Por Patrick Kingsley

SKALA SIKAMINEAS, Grecia — El primer bote inflable hizo tierra a alrededor de las 17:45 horas, en una costa rocosa cerca de una remota aldea griega de pesca. Luego de que el decimotercero arribó unos 35 minutos después, 547 migrantes habían desembarcado, a plena luz de día, a unos cuantos metros unos de otros en la isla griega de Lesbos.

Esa flotilla el 29 de agosto repitió un patrón no visto en Lesbos desde el 2016, cuando la Unión Europea prometió más de 6 mil millones de dólares a Turquía para reforzar sus patrullas fronterizas y mantener a los migrantes fuera de Europa.

En los años desde entonces, sólo uno o dos barcos de refugiados típicamente han llegado a este tramo de la costa griega cada día. Pero ese ritmo cambió este agosto, el mes con más actividad en más de tres años, alimentando temores de una nueva oleada de migración masiva.

El ritmo de las llegadas sigue siendo sólo una fracción del nivel máximo del 2015, cuando Lesbos era el punto de entrada europeo más concurrido para los migrantes, principalmente personas huyendo de la guerra civil siria. El mes pasado, casi 10 mil migrantes llegaron en toda Grecia; en octubre del 2015, en el punto álgido de la crisis, más de 210 mil lo hicieron.

Pero el reciente aumento súbito se da al tiempo que el Presidente Recep Tayyip Erdogan de Turquía amenaza una vez más con permitir que grandes números de migrantes se abran camino a través de Turquía hacia

Grecia, si los políticos europeos no le proporcionan a Turquía más apoyo financiero, o si desestiman los planes de Erdogan para extender la influencia turca en el norte de Siria.

“Esto sucede, o de lo contrario tendremos que abrir las puertas”, manifestó Erdogan en un discurso el mes pasado.

Hay 3.6 millones de refugiados sirios viviendo en Turquía junto con cientos de miles de otros países. Si Turquía hace que la vida sea insostenible para ellos, o relaja los esfuerzos por mantenerlos fuera de Europa, el efecto podría ser dramático.

“Los comentarios recientes de Erdogan sobre desatar una nueva oleada de refugiados son producto de su creciente frustración con el enorme número ya en Turquía”, dijo Bulent Aliriza, director del proyecto de Turquía en el Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales, en Washington.

El hecho de que los traficantes turcos pudieron reunir a tantas personas el 29 de agosto y enviarlas a Grecia ha planteado interrogantes sobre la complicidad estatal turca.

La Guardia Costera de Turquía no respondió esa tarde a peticiones repetidas de intervención de sus homólogos griegos, indica Refugee Rescue, una pequeña organización privada de botes salvavidas que ayuda a migrantes en peligro. Los barcos turcos también se apegaron a un patrón de patrullajes matutinos, aún mientras los traficantes enviaban repetidamente a los refugiados a Grecia en la tarde.

El Gobierno de Erdogan incrementó la deportación de sirios de Turquía este verano, y la suposición era que esta medida causó el alza en las salidas a Grecia.

Pero más del 80 por ciento de los migrantes que desembarcaron en Lesbos en agosto era de Afganistán. Las condiciones cada vez más precarias en Turquía e Irán —donde al menos un millón de afganos viven en el exilio— así como en el mismo Afganistán, han llevado a muchos refugiados afganos a dirigirse a Europa.

Apenas el 5 por ciento de los migrantes que llegaron a Lesbos el mes pasado era de Siria, lo cual sugiere que pocos sirios aún se sienten lo suficientemente ansiosos como para abandonar Turquía.

Pero el enorme número de sirios ya en Turquía provoca resentimiento dentro de la base política de Erdogan, y él está ansioso por reducir la población refugiada.

En Lesbos, unas 10 mil personas están apretujadas en Moria, un campamento construido para apenas 3 mil 100.

Youssef al-Hassan, de 44 años, un recién llegado a Lesbos, tenía 7 años de estar feliz con quedarse en Turquía. Pero las deportaciones de sirios este verano lo convencieron de que el País ya no era seguro.

“Sentíamos que en los próximos cinco minutos podrían venir y expulsarnos”, expresó algunas horas tras desembarcar en Grecia. “La situación es tal que muchos van a venir”.

The New York Times