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Por Andrew Jacobs

Cuando el Gobierno indio cedió ante las poderosas compañías alimenticias el año pasado y pospuso su decisión de poner etiquetas rojas de advertencia a alimentos empaquetados no saludables, las autoridades también buscaron aplacar a los detractores creando un panel de expertos para revisar el propuesto sistema de etiquetado, que habría ido mucho más allá de lo que otros países han hecho para combatir los exorbitantes índices de obesidad.

Sin embargo, el hombre elegido para dirigir el comité de tres miembros, Boindala Sesikeran, un nutriólogo veterano y ex asesor de Nestlé, sólo enfureció aun más a los defensores de la salud.

Eso es porque Sesikeran es miembro del consejo del International Life Sciences Institute (ILSI), organización estadounidense sin fines de lucro que se ha estado infiltrando en organismos gubernamentales de salud y nutrición alrededor del mundo.

Creado hace cuatro décadas por un alto ejecutivo de Coca-Cola, el Instituto ahora cuenta con sucursales en 17 países. Es financiado casi enteramente por gigantes de la agroindustria y las industrias alimentaria y farmacéutica.

La organización, que defendió los intereses del tabaco durante los 80 y 90 en Europa y Estados Unidos, más recientemente ha expandido sus actividades en Asia y América Latina, regiones que proporcionan una creciente porción de las ganancias de las compañías de alimentos. Ha estado especialmente activa en China, India y Brasil, el primero, segundo y sexto país más poblado del mundo, respectivamente.

En China, el Instituto comparte personal así como oficinas con la agencia responsable de combatir las enfermedades relacionadas con la obesidad en el País.

En Brasil, representantes del ILSI ocupan lugares en varios paneles de alimentos y nutrición previamente reservados para investigadores universitarios.

En India, el papel de Sesikeran en el comité de etiquetado de alimentos ha despertado interrogantes sobre si los reguladores a la larga serán persuadidos por los productores de alimentos procesados que dicen que las etiquetas de advertencia perjudicarían sus ventas.

La organización rechaza los alegatos de que trabaja para promover los intereses de sus miembros corporativos.

“Bajo ninguna circunstancia protege ILSE a la industria para que no se vea afectada por leyes y políticas desventajosas”, señaló el grupo en un comunicado.

Tras décadas de operar casi desapercibido, el ILSI es escudriñado por defensores de la salud que dicen que es poco más que un grupo pantalla que promueve los intereses de 400 miembros corporativos que le proporcionan su presupuesto de 17 millones de dólares, entre ellos Coca-Cola, DuPont, PepsiCo, General Mills y Danone.

A través de los años, el ILSI ha cultivado aliados en la academia y el Gobierno mediante las conferencias que patrocina, y al reclutar a influyentes científicos para comités que trabajan en temas como seguridad alimenticia, productos agroquímicos o la promoción de suplementos probióticos.

Desde el 2015, Sesikeran ha sido miembro del consejo tanto de ILSI-India como de la operación global de la organización, y es un orador frecuente en eventos de ILSI, donde ha ofrecido conferencias sobre los beneficios de los endulzantes artificiales y los cultivos genéticamente modificados.

Rekha Sinha, directora ejecutiva de ILSI-India, declaró que las sugerencias de que la organización promueve a la industria son erróneas. En las dos décadas transcurridas desde su fundación, dijo, ILSI-India había financiado estudios sobre diabetes, ayudado a fomentar la fortificación obligada de alimentos procesados con vitaminas, y orientado al Gobierno sobre cómo la nutrición afecta a las personas con vih y sida.

En India, la creciente influencia del ILSI ha coincidido con crecientes tasas de obesidad, enfermedades cardiovasculares y particularmente diabetes, que afecta a más de 70 millones de indios.

El Gobierno ha respondido con medidas audaces, incluido un impuesto del 40 por ciento a las sodas endulzadas con azúcar, introducido en el 2017. Pero otros esfuerzos, entre ellos una prohibición a las ventas de alimentos chatarra en y alrededor de escuelas, se han estancado en medio de la oposición de compañías de bebidas y alimentos.

“El poder de esta industria es incluso mayor que el de la industria tabacalera”, afirmó Sunita Narain, directora del Centro para Ciencias y Medio Ambiente en Nueva Delhi. Hace cuatro años, ella participó en un panel del Gobierno sobre etiquetas de advertencia, cuyo reporte rápidamente recibió carpetazo.

The New York Times