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Por David Gelles

Elaine Yu, endocrinóloga en el Hospital General de Massachusetts, en Boston, se sorprendió al verse inundada de voluntarios cuando hizo un llamado hace unos cuantos años a personas con sobrepeso dispuestas a participar en un estudio de obesidad y el microbioma.

“Estábamos preocupados de que sería difícil reclutar personas porque hay cierto factor de asco con el hecho de tomarse una píldora de excremento”, dijo. “Pero tuvimos una abrumadora cantidad de voluntarios”.

En años recientes, los científicos han descubierto pistas de que la microbiota, la comunidad de billones de microbios que viven en los intestinos, juega un papel en el aumento de peso y la enfermedad metabólica. En estudios pequeños ahora exploran si pueden estimular cambios en el metabolismo y peso corporal mediante una terapia conocida como trasplantes de microbiota fecal, o TMF, que transfiere bacterias intestinales de donadores delgados a los intestinos de pacientes obesos.

La investigación ha generado resultados mixtos. Los expertos dicen que los trasplantes fecales nunca reemplazarán a la dieta, el ejercicio y otras intervenciones para la obesidad y la diabetes Tipo 2. Pero algunos creen que podrían llevar al descubrimiento de bacterias que protegen contra la enfermedad metabólica y convertirse en una de muchas herramientas para ayudar a pacientes obesos.

Desde hace algún tiempo, los científicos saben que los microbiomas de personas obesas y delgadas difieren. La obesidad, la resistencia a la insulina y las enfermedades del hígado graso están asociadas con menos diversidad microbiana y niveles más altos de un grupo de organismos llamados Firmicutes.

Estudios realizados a ratones obesos muestran que cuando su microbiota es trasplantada al intestino de ratones delgados, los receptores ganan peso. Los científicos también han descubierto que los trasplantes fecales son un tratamiento eficaz para la Clostridium difficile, una devastadora infección bacteriana que ocurre cuando los antibióticos diezman las bacterias saludables del intestino.

Purna Kashyap, de la Clínica Mayo, dijo que tratar la C. diff con un TMF elimina un patógeno y restaura el equilibrio a los intestinos. Pero la obesidad es impulsada por muchos factores, y la idea de que un TMF pudiera tratarla es poco realista, indicó.

La primera prueba de lo que sucedería si pacientes obesos recibieran los microbios intestinales de personas esbeltas ocurrió en el 2012. Investigadores holandeses mostraron que transferir la microbiota de un donador delgado a los intestinos de hombres obesos con síndrome metabólico llevaba a un aumento en la sensibilidad a la insulina de los receptores y a diversidad microbiana tras seis semanas.

En Boston, Yu reclutó a 24 personas obesas con resistencia a la insulina. La mitad tomó cápsulas que contenían heces de donadores delgados semanalmente, mientras que los demás recibieron un placebo. Tras 12 semanas, los participantes que recibieron el TMF tenían una microbiota parecida a la de los donadores. Pero no hubo mejora en la salud metabólica.

Un estudio en Canadá analizó los efectos de los trasplantes fecales en la grasa del hígado de personas con hígado graso. Los autores dijeron que el tratamiento llevó a cambios en los intestinos de los recipientes, volviendo a la membrana intestinal menos “permeable”. Una hipótesis de cómo un microbioma anormal podría contribuir a enfermedades metabólicas y aumento de peso es dañando la barrera intestinal que evita que toxinas y patógenos entren a la sangre. Esto puede causar inflamación, lo que contribuye a la resistencia a la insulina, males cardiovasculares y condiciones autoinmunes, dijo Michael Silverman, principal autor del estudio.

The New York Times