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Por Adam Nossiter

LANGOUËT, Francia — Si Francia está experimentando un despertar ecológico, su centro espiritual podría estar en Langouët, una aldea tranquila en Bretaña, donde el Alcalde ambientalista se ha convertido en un héroe popular.

Los Alcaldes en hasta 40 pueblos pequeños están siguiendo el ejemplo del líder de Langouët, Daniel Cueff, aun cuando el Estado francés lo ha amonestado, lo ha llevado a un tribunal y le ha dicho que él, líder de una aldea de sólo 600 habitantes, no tenía el derecho de prohibir los pesticidas en su pueblo.

Entre tanto, los ciudadanos en Langouët han tapizado los espacios públicos con letreros dirigidos a la representante regional del Gobierno nacional: “Madame Prefecta, ¡deje que nuestro Alcalde nos proteja!”.

Cuando Cueff compareció ante el tribunal en Rennes, la Capital regional, este verano, mil personas estaban allí para aplaudirlo.

“¿Acaso no es deber del Alcalde de una aldea compensar las deficiencias del Estado?”, preguntó Cueff, de 64 años, en una entrevista.

“Francia votó por la directiva europea de proteger a la población de los pesticidas”, expresó. “No lo está haciendo. No quiero ser acusado de no ayudar a la gente en peligro”.

Tras un verano abrasador de olas de calor sin precedentes, que subrayó la realidad del cambio climático, los políticos que toman acción son muy socorridos. Los Verdes tuvieron buenos resultados en las elecciones al Parlamento Europeo la primavera pasada, los ambientalistas van en aumento y los políticos del establishment están doblando la rodilla.

El Presidente Emmanuel Macron ha expresado un apoyo cauteloso al Alcalde, diciendo de Cueff: “apoyo sus intenciones, pero no puedo estar de acuerdo cuando no se respeta la ley”.
“En la política, no se trata de la intención, sino de la práctica”, reviró Cueff.

El 18 de mayo, Cueff vetó el uso de pesticidas dentro de un radio de unos 150 metros de cualquier vivienda, así prohibiéndolos en gran parte de la aldea. A fines de agosto, un juez invalidó su veto luego de que el Gobierno central argumentó en contra de ello.

Los jurados en Estados Unidos han dado un puñado de veredictos contra Monsanto, en procesos entablados por personas que afirmaron que el herbicida Roundup de la empresa les había causado cáncer.

Pruebas realizadas a la gente en Langouët mostraron niveles de glifosato —uno de los herbicidas más ampliamente usados y el ingrediente activo en Roundup— en su orina de hasta 30 veces el límite recomendado. Eran particularmente altos en los niños.

“Realmente nos quedamos impactados”, dijo Hélène Heuré, la bibliotecaria local, que tiene dos hijos. “Desde luego, es atemorizante. Y el Alcalde dijo que trataría de hallar una solución. Tenemos que cuestionar este tipo de agricultura”.

Los sentimientos aún están a flor de piel entre la media docena de agricultores, principalmente granjeros lecheros, que practican lo que Cueff calificó como agricultura “convencional”.
“Esto es una catástrofe”, afirmó Dominique Hamon, parado junto a su camión cisterna de leche.

Cueff dice que no entiende por qué el Estado prohibió en el 2017 que los Gobiernos municipales usaran el glifosato, pero aún permitió su uso en granjas junto a pueblos pequeños.
“Obviamente hay un problema”, dijo Bertrand Astic, Alcalde de Boussières, cerca de la frontera suiza. “O es tóxico o no lo es”.

Astic ha prohibido el glifosato y su prefectura local también está luchando contra él.

“Los Alcaldes rurales enfrentamos un verdadero deterioro en nuestro medio ambiente”, dijo. “Los árboles están muriendo. La población de insectos está en caída libre. Miras las laderas de las colinas aquí y hay enormes manchas cafés. Hemos tenido tres sequías consecutivas. El cambio climático está sucediendo ante nuestros ojos”.

Cueff está seguro de que la opinión pública está de su lado.

“Hace 20 años estábamos un poco solos”, señaló. “Pensaban que exagerábamos. Hoy es al revés. La gente viene conmigo y me pregunta si no puede hacer más”.

The New York Times