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Por David Zuchinno y Fatima Faizi

ANABAH, Afganistán — Tenía unos cuantos minutos de nacido; un bebé necio moviendo pies y brazos en un moisés con calefacción. Emitió un chillido cuando una enfermera neonatal le aplicó una inyección de vitamina K en el muslo.

El niño de 3 kilos era el bebé número 20 nacido en el curso de 24 horas en el Centro de Maternidad de Anabah, situado sobre una ladera en el Valle de Panjshir en el norte de Afganistán.

El centro, operado por Emergency, una organización italiana con fines de caridad, brinda atención segura, gratuita y moderna a miles de mujeres afganas. Más de 7 mil 500 bebés nacieron ahí el año pasado —al menos 600 cada mes.

Las mujeres, en su mayoría pobres, viajan a través de zonas de guerra para dar a luz en el centro en la Provincia de Panjshir, un bastión antitalibán. Muchas han abandonado clínicas privadas o del Gobierno, donde los pacientes a menudo tienen que pagar por adelantado o suministrar sus propias medicinas y alimentos.

Eman Youszai, de 26 años, embarazada con su primer hijo, viajó tres horas para llegar al centro. Dijo que se fue de un hospital de maternidad en Kabul, la capital, porque “ahí nadie te cuida, ni siquiera si te mueres”.

El personal totalmente femenino de 7 ginecólogas, 39 parteras y 78 enfermeras neonatales es crucial para la identidad del hospital en un país donde los hombres dictan las decisiones del cuidado de la salud de las mujeres, lo que incluye si pueden recibir cuidado obstétrico o no.

Vesna Nestorovic, la coordinadora médica del centro, dijo que el personal a menudo persuade a los esposos para que permitan que sus esposas regresen para visitas de seguimiento.
Debido a que la resistencia a la atención proporcionada en el centro es común, se prohíbe que las familias de los pacientes ingresen a las instalaciones. En otros hospitales, dicen muchas pacientes, los parientes han exigido procedimientos, como cesáreas, o recetado sus propias medicinas.

“Tomamos su información de contacto y les avisamos si los necesitamos”, dijo Rabila Wafa, una ginecóloga, respecto a las familias.

Pero incluso después de traer 53 mil bebés al mundo desde que abrió sus puertas en el 2003 y que se expandió en el 2016, el centro no alcanza a satisfacer las necesidades de una población atrapada en la pobreza debido a cuatro décadas de guerra. El complejo incluye un hospital quirúrgico y centro pediátrico, con 18 clínicas pequeñas.

Un tercio de los afganos no tiene acceso a servicios básicos de atención médica, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Afganistán tiene la tasa de mortalidad infantil más alta del mundo y una de las tasas de mortalidad materna más elevadas. Un cuarto de los recién nacidos tiene bajo peso al nacer y un cuarto de los niños menores de 5 años está por debajo del peso recomendado. El 40 por ciento de las mujeres en edad reproductiva padece anemia. Este año, la OMS calculó que 1.9 millones de afganos necesitaron cuidados de urgencias.

Mujeres embarazadas llegaron a las puertas de seguridad del hospital en el curso de un día reciente, transportadas en autos privados, taxis y ambulancias.

En la unidad neonatal, los recién nacidos balbuceaban en brazos de sus madres, quienes lucían velos islámicos de color rojo intenso. Desde la sala de partos llegó un anuncio: acababa de nacer otro bebé.

The New York Times