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Ante la destitución y despido del servil de Walter Porras de la DGI, por el no menos querido de su protector y adulado dictador de Daniel Ortega, el sabor amargo tenido por los trabajadores de esa institución es no haber sido echado por ellos. Y es que este individuo según los más de 700 ex trabajadores fue notorio haberse caracterizado ser un pedante con actuar de patán, sin dejar por fuera su asqueroso servilismo que rayaba en la blasfemia apelando a Dios para referirse a su amantísimo Jefe como militante orteguista. En lo personal no dejo de sentir irritación escribir sobre tipos de esta naturaleza por el deterioro que a la moral y a la dignidad de los ciudadanos, tipos como estos causan ante el vil ejemplo. Y es que el daño que serviles de este tipo o más bien de esta calaña provocan con sus actos rastreros atentan a la cultura. De ahí en gran manera el repudio y el justo rechazo.

Bien decía el profesor Julio César Sandoval, al referirse a ellos: “Los serviles son gusanos resbaladizos; el amo los humilla y ellos se sienten felices; los maltrata y ellos ríen; los aleja y ellos se van a la distancia esperando como perros.” No en balde como aserto a lo anterior, el sumiso faldero de Walter Porras en los estertores como funcionario público de manera patética con lenguaje lastimoso en su última comparecencia televisiva, indicó: “Estoy de vacaciones, pero si el comandante (Ortega) decide que no sigo más en el cargo, sería otra de las sabias decisiones de él, que es el mejor presidente que ha tenido el país en cuarentipico de años”. ¡Vaya, cepillo! “Mentiroso y servil” tituló EL NUEVO DIARIO, mismo periódico que después de una investigación periodística de manera objetiva “revelara  anomalías en el manejo de los fondos, así como el nepotismo, el tráfico de influencias” y otros desmanes.

Con sobrada razón los economistas independientes y los miembros de la cúpula del Cosep, --estos últimos hasta ayer pasivos y de alguna manera sometidos al juego con dados marcados que el dictador de turno les ha impuesto--, dudan de la veracidad de las cifras de recaudación por la DGI, al destaparse la olla podrida a partir que echaron al tristemente servil de Walter Porras.

Lo anterior era de esperarse. Los serviles y aduladores lo que menos pueden hacer bien, es hacer bien y honestamente el manejo de la cosa pública. Aristóteles en relación con los serviles decía que valía mejor caer en las patas de los buitres, que entre las manos de los serviles, porque los buitres solo causan daño a los difuntos, mientras que los serviles devoran a los vivos.

Nosotros decimos que no solo minó la confianza de los contribuyentes, sino que posiblemente sea responsablemente penado, de los supuestos delitos encontrados en el destape de la olla podrida, si es que Policía trasparenta sus indagaciones.

Y decimos “posiblemente”, porque dudamos que la acción de botar a Porras sea un acto de freno al sistema que impera en la administración de Daniel Ortega. En un recién articulo decíamos entre otros motivos, impugnábamos su reelección, porque su administración mediocre es símbolo de atraso y freno al progreso, al sustentarse en un sistema de corrupción y deshonestidad que trasgrede los valores éticos y morales.

A pesar de lo anterior, cabe indicar que los serviles una vez que caen en desgracia, no vuelven a levantarse. Estos tipos son poco confiables y del todo honestos, de ahí que los dictadores conocedores de la perversa personalidad de esos que les sirven para oscurecer la realidad mediante la mentira, no se fíen y al que botan lo entierran para siempre.

Para desgracia e infortunio, triste es la historia nicaragüense, en que tanto dictadores como serviles han abundado. De ahí que el aborrecimiento es por igual. Los dictadores necesitan y se complementan con la existencia de los serviles y aduladores. Múltiples anécdotas se conocen desde la administración de Moncada con la irascible ironía y cinismo con que predominaba, pasando por Somoza García con el doctor Manuel F. Zurita que era el sumo sacerdote del servilismo así como el endiablado panegirista, capaz de indicar, en su oratoria fúnebre ante el entierro del dictador Somoza García, que este: “No había muerto. Esta conmigo. Si queréis ver su retrato, abridme el corazón”, hasta el del actual somocismo ejercido y practicado por Daniel Ortega, al servicio del dictador genocida de Muamar Gadafi, nominando al sacerdote --en el lenguaje árabe de Libia e Irán no cabe la “sa”—de Miguel D’Escoto, sin olvidar al del triste adulador del Procurador Estrada y el famoso poder del Huno Ortega.

Por eso y más. ¡A la porra los serviles!