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No hace muchos años me enteré que existe esta efeméride, sin embargo, esta fue estipulada desde 1970, liderada por un político estadounidense llamado Gaylord Nelson, senador para ese entonces de Wisconsin. Leyendo un poco, me doy cuenta que uno de los principales antecedentes para que se decidiera esto fue las protestas que hubo ante la guerra de Vietnam y la primera foto del planeta tomada -según relatan- por el Apollo 13.

Los movimientos sociales se dieron cuenta del gran ímpetu que podían tener juntos, la dinámica de la manifestación y la camaradería que podía subsistir fueron 2 elementos claves para la potenciación de este día histórico. Empero, fue G. Nelson quien con sus ideas pudo ir propagando la noción de este mensaje. Ya para 1990, nuevamente se fue retomando con más energía la celebración con escolares, universitarios y el pueblo en general.

El día de la tierra, como todas las efemérides ambientales, brinda un espacio de historia y conciencia en la humanidad. Sin estas, se eliminaría cualquier hilo de esperanza que podría ofrecer la caja de Pandora para un mundo mejor.

Actualmente, muchos se preguntan qué tanto ha avanzado la lucha y la gestión ambiental en el planeta, y en nuestro caso inmediato en Nicaragua y nuestro municipio. Yo podría contestar que por lo menos hace 5 años no sonaba tanto la música de Katia y Salvador Cardenal, no escuchaba a un Jaime Incer asesorando temáticas como la del dragado del Río San Juan, no miraba la proliferación de movimientos ambientalistas aparte del club de jóvenes, no miraba el debate en la asamblea nacional de una ley de protección y bienestar animal, no miraba a una ministra del Marena limpiando la Laguna de Xiloá, sin embargo, todavía falta mucho. Desde nuestros hogares, nuestros ríos Chiquito y Pochote, nuestro parque Arlen Siu, la temática de la basura que es un problema de nunca acabar, el empoderamiento del amor a nuestras reservas naturales, son algunas de las infinidades de acciones que debemos desde nuestras trincheras ir mejorando.

Da un poco la casualidad que el día de la tierra cae en Viernes Santo, cuando se conmemora el mayor sacrificio que ha habido en la humanidad, el de nuestro señor Jesucristo. Rindamos tributo conservando su creación; actuando y promulgando en base de la inspiración que Él nos otorga.

Tomar praxis de una nueva cultura de ahorro energético apagando las luces y los electrodomésticos de nuestra casa que no estén en uso, no desperdiciar el agua que comunidades enteras no tienen acceso a ella, sembrar un árbol, fomentar la jardinería en nuestras casas, evitar el uso excesivo de productos que vengan en envases plásticos, no botar basura, en fin, un sinnúmero de acciones que pueden hacer la diferencia. De esta forma rindamos tributo a este día beneficiando a nosotros mismos y a nuestro entorno.

Las luchas ambientales no son de un día, y por tanto transmitir este mensaje es un deber y una obligación.

Luchemos por un municipio y una Nicaragua mejor, de características ecológicas y humanistas. Es momento de ser agente de cambio y fomentar en nuestra generación y las venideras el amor, el respeto y la conservación a la naturaleza.

Felicidades a todos y todas que de una u otra forma luchan en beneficio de esta premisa, el agradecimiento por parte de la naturaleza y la historia es el mejor premio que puedan tener.

augusto.somarriba@gmail.com