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Si nuestro sistema educativo no arrastrara notorias limitaciones y deficiencias, quizás con un esfuerzo extraordinario y una mayor inversión, Nicaragua podría alcanzar, en el 2015, el Segundo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que consiste en “Asegurar que para el año 2015, los niños y las niñas de todo el mundo puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria”. En otras palabras: la universalización de la educación primaria.

Sin embargo, los notables déficit que muestra nuestro sistema educativo representan obstáculos casi insuperables para lograr semejante objetivo al corto plazo. En primer lugar, pese a los modestos incrementos que ha experimentado la matrícula en el sistema escolar, todavía casi medio millón de niños, niñas y adolescentes no tienen acceso a ningún nivel educativo. La tasa ajustada de escolaridad en el nivel primario ha experimentado una leve mejoría, al pasar del 87% a un poco más del 90%. Y aunque ha mejorado la relación entre los docentes y los alumnos a su cargo, solo el 47% de los niños que ingresan  en el primer grado logra aprobar el 6to. grado. A esto cabe agregar los altos índices de deserción (entre el 10 y 11%), de extraedad (56%), el empirismo de los docentes, estancado en un 27% en el nivel primario y en más del 40% en el secundario. Y según los especialistas, se requieren diez mil docentes más para atender las necesidades del sistema escolar. Nuestras Escuelas Normales no tienen la capacidad para formarlos.

Algunas medidas adoptadas para superar estas deficiencias, como el programa de primaria acelerada, desafortunadamente muestra una cobertura muy reducida, casi mínima, quizás porque el programa que se ofrece carece de la adecuada pertinencia para la población a la que está destinado. Los esfuerzos que se hacen en capacitación docente tienen serias limitaciones económicas.

Otro expediente al que se recurre, como son las escuelas rurales multigrados, enfrentan el problema de la insuficiente preparación de los docentes en las didácticas apropiadas para esta modalidad educativa. Si a todo lo anterior sumamos las infraestructuras deterioradas de más de la mitad de las aulas escolares y las serias limitaciones en los servicios de agua y energía eléctrica, el panorama es tan desolador que ni siendo irreductiblemente optimistas podemos considerar que existan las condiciones para alcanzar el Segundo Objetivo de Desarrollo del Milenio en el corto plazo.

Si a lo dicho agregamos, como sostiene el magnífico estudio de EDUQUEMOS preparado por el especialista Cefas Asensio Flores, “Situación y Perspectivas en Nicaragua para Universalizar una Educación Primaria de Calidad”, que no basta con resultados cuantitativos si estos no conllevan una educación de calidad, las posibilidades se vuelven aun más remotas para el país, dada la notoria baja calidad de nuestro sistema educativo, como lo demuestran las pruebas de admisión a las Universidades.

El 12 de abril de 2010, el Ministerio de Educación dio a conocer su nueva “Estrategia Educativa”. La estrategia se propone que Nicaragua, en 2012, alcance el 6to. grado de escolaridad y en 2015 nueve años de escolaridad (la primaria más el ciclo básico) para toda la población. Es imposible alcanzar en dos años la universalización de la educación primaria. Felices estaríamos si lo logramos en 2015. Sin embargo, según varios analistas, Nicaragua se encuentra entre los países que posiblemente no logren este objetivo en 2015. La Estrategia del Ministerio de Educación dice que “los recursos financieros para desarrollar nuestras metas educativas, dadas las limitaciones existentes, deben ser los mismos asignados actualmente en el Presupuesto General de la República”. En realidad, los recursos en vez de aumentar han disminuido. En 2009 el gobierno asignó el 4.09%, en el 2010 el 3.8% y este año el 3.7% del Producto Interno Bruto.

Para cumplir en 2015 con el Segundo Objetivo de Desarrollo del Milenio se requeriría una decidida voluntad política; asignar a la educación primaria y básica el 7% del PIB; elevar la preparación del magisterio mediante programas acelerados de capacitación, destinando a este propósito recursos suficientes y asumir con honestidad el compromiso con la calidad educativa. Presentar resultados puramente cuantitativos sobre la base de improvisar maestros con alumnos de secundaria no es enfrentar seriamente el reto. La intención podría ser puramente política o electorera, lo cual sería muy perjudicial para nuestro sistema educativo.

Nicaragua suscribió, en el año 2000, la “Declaración del Milenio”, en una Asamblea General de las Naciones Unidas. Por lo tanto, tiene el compromiso de cumplir con los Objetivos de Desarrollo que en esa Declaración se establecieron.