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Dos Chamorros talentosos —Carlos Fernando y Francisco— se han engavillado con “La Nación”, sobresaliente diario de Costa Rica, de vocación antinicaragüense, para escandalizar con los llamados WikiLeaks, los informes al departamento de Estado de los Estados Unidos, conocidos, tendenciosos y, casi siempre, insoportables de la embajada norteamericana, con el propósito deliberado de dañar, en el caso nicaragüense, la imagen del FSLN. Que no nos relaten el cuento, con valor de medio centavo devaluado, de que estas publicaciones no tienen intensión política, como lo afirma Carlos Fernando y el exfuncionario del Ministerio del Interior, mi amigo Guillermo Rotschuch. Si tanto les interesa hablar de Libia sería bueno nos explicara el silencio en sus medios de los sermones del papa Benedicto XVI, el último de los cuales no es un WikiLeaks sino una contundente propuesta —coincidente con Chávez y Daniel Ortega— de buscar una salida pacífica y negociada en el conflicto interno de Libia. Sigilo total.

La noticia más espectacular no es esta sensata iniciativa si no: “bombas más cerca de Kadhafi”, publicitada con aliento de felicidad. Para incrementar esta dicha, agregaré un dato poco conocido: en veintinueve días se han producido más de cuatro mil bombardeos de la Otan sobre Libia. ¿Qué les parece?

Los embajadores de todos los países informan a todos sus gobiernos, con criterios casi siempre subjetivos donde se reflejan los intereses de las embajadas, como bien lo sabe Francisco Chamorro desde que fue funcionario diplomático del gobierno sandinista en la embajada de Nicaragua en Moscú. Yo, por ejemplo, embajador en el Perú informé a Daniel Ortega, recién iniciada mis funciones, mi certidumbre de que el presidente Alan García condonaría la deuda de Nicaragua con ese país. Me equivoqué: el presidente peruano nunca tuvo la intención siquiera de negociar esa deuda. Él tendrá sus motivos. Yo, a lo mejor, pretendí de buena fe demostrar mi eficiencia como embajador o simplemente fue la expresión de un deseo. Los embajadores yanquis en sus informes dan a conocer sus deseos y, en muchos casos, los deseos de los enemigos del FSLN. A veces son alucinaciones o chismorreos despiadados, lascivos e irrespetuosos como ese de que Daniel “lloró sobre el hombre de Kadhaffi”.

El compadrazgo de los periodistas nicaragüenses con “La Nación” también se refiere a Mohamed Lastar, “sobrino” del líder Libio quien vino, desde hace muchos años a Nicaragua, y se distinguió por su simpatía hacia el FSLN. Hizo alguna inversión de ganadería por el lado de San Francisco Libre, creo que sin mucho éxito y ha participado con abnegación en los trabajos del Ministerio de Relaciones Exteriores. Igual lo han hecho otros en distintas instancias, como el destacado y fiel economista de origen norteamericano Paul Oki.

Si quieren saber algo más sobre Libia, les cuento: el primer dirigente sandinista en visitar ese país hermano fui yo. Me acompañaron en esa misión Edmundo Jarquín, alto funcionario del gobierno y Alí Vallecillo, jefe de seguridad personal, quienes fueron los primeros en llegar a Libia para preparar las condiciones de nuestro viaje. Fueron conmigo también otros funcionarios: Carlos Zaruk, Emilio Rapaciolli, Roberto Gutiérrez, Margarita Montealegre, fotógrafa, María Eugenia Morales, fallecida después en accidente automovilístico, Vida Novoa por la Cancillería, Margarita Flakol, traductora, y su hermano, mi amigo, Erick Flakol, excelente traductor de inglés y francés —no lo utilicé en mi plática con Khadaffi puesto que el dirigente libio, por razones de protocolo, tan solo habla árabe—; Margarita Susan, que en paz descanse, y Miguel Necochea, camarógrafos.

El gobierno Libio le prestó a Nicaragua cien millones de dólares que, con el tiempo y los intereses, se convirtió en una deuda multimillonaria, condonada en forma parcial y recientemente por ese país hermano. Agradecidos deberíamos de estar todos los nicaragüenses por ese gesto y en especial, el converso, Edmundo Jarquín. Recuerdo, como si fuera ayer, los alaridos de Jarquín vitoreando a Kadhaffi. Tan excesivos fueron que a mí me molestaron. Espero que Jarquín no tenga el cinismo de desmentirme ya que hay constancia en video de aquel suceso. Kadhaffi nos proporcionó un avión privado para trasladarnos a Managua. Hicimos una escala en Roma, donde Jarquín decidió quedarse a vacacionar por unos días en un hotel pagado por los libios. Carlos Fernando Chamorro, director en aquellos tiempos del diario “Barricada”, debe recordar cómo tales hechos fueron publicitados en dicho periódico. Carlos Fernando, Francisco y Rotshuch nos creen ingenuos o tontos. Ellos no lo son.

En resumen: la gavilla de “La Nación” con los periodistas Chamorro está destinada a proporcionarle una cuota de apoyo a los grupos adversarios al FSLN con la remota esperanza de derrotarlo en las próximas elecciones. El sentido común más elemental indica cuán inalcanzable son estas pretensiones.