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Las lenguas, como las personas que las hablan, no viven aisladas sino todo lo contrario: nacen, viven y se desarrollan dentro de una colectividad. De ahí que todo fenómeno lingüístico constituye un fenómeno social. Coseriu afirma al respecto que “el lenguaje es, en primer lugar, un fenómeno social, dado que se produce en la sociedad y se determina, por lo menos en parte, socialmente”.
Como fenómeno social, la lengua –particularmente la lengua moderna- es un producto de la convivencia de las naciones, de modo que la integración de países y culturas produce, inevitable y necesariamente, el intercambio lingüístico, indispensable para facilitar la comunicación entre las comunidades que hablan idiomas distintos.


Así surgen, justificados o no, los vocablos prestados de otros idiomas. En verdad, cuando se produce un silencio en el vocabulario, la lengua echa mano del recurso que viene a llenar el vacío producido en el sistema. Por eso afirma Lázaro Carreter, en su Diccionario de términos filológicos, que “el préstamo es un extranjerismo incorporado al sistema” de una lengua que lo toma “bien adoptándolo en su forma primitiva, bien imitándolo y transformándolo más o menos”. Jacobson dice al respecto: Todas las lenguas sirven para expresar cualquier experiencia de orden intelectual, sea cual sea la clasificación de la realidad que la subyazga. Cuando se produce algún hueco en la terminología, ésta puede adaptarse y amplificarse mediante el uso de préstamos, calcos semánticos, neologismos, adaptaciones semánticas o de circunloquios.


Bally enfatiza el papel importante de las lenguas especiales en la difusión de los préstamos: Pero estos préstamos se suelen hacer por el vehículo de las lenguas especiales, pues ellas son las que sirven a los intereses internacionales (ciencia, técnica, comercio, deportes, etc.).
Los jóvenes, como se ha dicho, no hablan un lenguaje distinto y particular que los diferencie de la lengua común, sino una forma especializada –una jerga- que utiliza el sistema de la lengua general con las normas fundamentales de su funcionamiento. De ahí que su vocabulario esté sometido también a la influencia de voces extranjeras.
Algunos préstamos se incorporan con la significación propia de la lengua extranjera, aunque a veces con una ligera variante en el significado. En tales circunstancias se trata de un préstamo simple. Los extranjerismos incorporados están adaptados a la pronunciación y grafía del español.
Los anglicismos penetran a través de la relación con otros jóvenes, algunos de los cuales han vivido en Miami; otras veces, por la música misma, el cine norteamericano, y en general por la misma penetración cultural de los Estados Unidos en nuestro país.


En el léxico de nuestros jóvenes, el término extranjero se incorpora  unas veces sin alteración de su forma, pero sí en su sentido.  Así, el vocablo blue (del ingl. blue, ‘azul’) para referirse a ‘quien no está a la moda’; o el caso de cousin (del ingl. cousin, ‘primo), que significa ‘amigo’.


En los fraseologismos, los préstamos consisten en tomar del inglés no sólo el significado, sino la forma interna, la composición léxica y la estructura gramatical. Puede ser total o parcial.


El préstamo es total (calco),  cuando se toma prestada la forma externa e interna de la palabra, así como el sentido; por ejemplo, a la roca, del inglés on the roks (forma de servir la bebida sola con hielo). Veamos unos ejemplos: creysi (del ingl. crazi, ‘loco’): ‘loco, alocado’; peiper (del ingl. paper, ‘papel’): ‘papel para enrrollar la marihuana; bisne (del ingl. business, ‘negocio’): ‘negocio lucrativo’; mitin (del ingl. meeting, ‘reunión’): ‘reunión’; pipol (del ingl. people, ‘gente’): ‘gente’; púcher (del ingl. pusher, ‘vendedor de estupefacientes’): ‘vendedor de marihuana’.


Otras veces,  los préstamos se incorporan al léxico del joven adaptados a la pronunciación y grafía del español, pero con distinto significado: fai (del ingl. fight, ‘pelea’): ‘aplazado’, ‘reprobado’; filin (del ingl. feeling, ‘sentimiento, sensación’): ‘ambiente’; filin (del ingl. feeling, ‘sentimiento’): ‘modo de ser especial’.
Hay también préstamos cuya inserción puede ir acompañada de algunos cambios en la forma y con el mismo o con distinto significado. He aquí los casos identificados: bróder (del ingl. brother, ‘hermano’): ‘amigo’; cronch (del ingl. crunch, ‘crujido’): ‘cansado’; invait (del ingl. invite, ‘invitar’): ‘invitación’; niúper (del ingl. new, ‘nuevo’): ‘nuevo’; esprin (del ingl. sprint, ‘carrera veloz’): ‘arribista’; troca (del ingl. truck, ‘camión’): ‘camión’.


Por último, podemos hablar de formas híbridas; es decir, términos extranjeros que van acompañados al comienzo o al final de un elemento perteneciente al español, como el caso de hamburgueson (compuesto del lexema del ingl. hamburger: hamburguesa, emparedado) y del sufijo español –on) ‘cachetón, de mejías grandes’; o el del verbo flitear (del ingl. fleet, ‘flota pesquera’) y el morfema español -ear: ‘perder el control por los efectos de la droga’. teacherona (del ingl teacher, ‘profesor’, y el morfema español -ona: ‘profesora hermosa’;  uachar (del ingl. watch, ‘observar’ y el morfema español -ar): ‘observar’; join (del ingl. join, ‘unir, juntar): ‘cigarrillo’; golf (del ingl. golf, ‘deporte de golf’): ‘vago’; livin (del ingl. living, ‘vida, viviendo’): ‘marihuana regalada’; espid (del ingl. spead, ‘velocidad’): ‘efecto de la droga’; juai (del ingl. white, ‘blanco’): ‘drogado’; roler (del ingl. roller, ‘rodillo’): ‘patines’.


En el lenguaje de nuestros jóvenes encontramos, también, fraseologismos formados por una palabra española y un préstamo del inglés, en donde el conjunto adquiere una nueva significación: de plein (plain, ‘plano’: de plano, ‘ciertamente’); al raun (round, ‘redondo’: ‘al rato, posteriormente’); al sofi (soft, ‘suave’: ‘al suave, despacio, lentamente’); hacerle suin (swing, ‘dar vuelta, hacer girar’: ‘hacer impulso o esfuerzo’); hacerse alka seltzer (alka seltzer, ‘marca de un producto efervescente’: ‘irse rápidamente de un lugar determinado’).


La función principal de la lengua es la comunicación, el pleno entendimiento entre los interlocutores. Y los jóvenes, como todo hablante particular y concreto, son un producto cultural de su época y tienen por tanto en el plano jergal su propia lengua. Y si tienen que inventar una palabra y si tienen que recurrir a un extranjerismo, para construir el conocimiento de su lengua de acuerdo con su experiencia comunicativa, lo hacen con el fin de transmitir mejor un contenido. Ya veremos si esa llama que arde en los ojos del joven brillará como luz en los ojos del viejo.

rmatuslazo@cablenet.com.ni