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Que el orteguismo siempre ha tenido capacidad de llenar calles, no cabe duda. Más ahora, con los cuantiosos recursos del Estado y la coerción sobre los trabajadores públicos para que asistan a sus concentraciones.


No es sorpresa, entonces, que lo haya hecho con motivo de la manifestación convocada por el Día Internacional de los Trabajadores.


Como tampoco fue sorpresa que Ortega utilizara la ocasión para fines electorales.
Y tampoco fue sorpresa que al final del acto los “concentrados” regresaron a sus casas cargando sobre sus espaldas algunas tristes y dolorosas realidades.


Primero, la humillación a que fueron sometidos los empleados públicos, que independientemente de sus simpatías políticas fueron obligados a “rotondear”, desde el día previo. Ese día me detuve ligeramente, frente a la Rotonda de Metrocentro, y pude ver a un grupo del Centro Nacional de Terapia que reflejaban en sus rostros aburrimiento y cansancio. Cuando algunos advirtieron mi presencia me saludaron con amabilidad, en una manifestación que me sorprendió por lo que arriesgaban.


Segundo, en cuatro años del gobierno de Ortega, la situación del empleo, que es lo que más importa a los nicaragüenses, se ha deteriorado. Las cifras oficiales recién publicadas, y que han sido ampliamente comentadas, revelan que el número de nicaragüenses que se declaran en desempleo abierto se ha duplicado en los cuatro años de gobierno de Ortega.


Tercero, las mismas cifras revelan que el salario real se ha deteriorado. Hoy, quienes afortunadamente están empleados o “rumbeando”, como popularmente se dice a quienes tienen trabajos ocasionales, ganan menos, en términos reales, que hace algunos años.


Terminado el acto, entonces, los movilizados regresaron a sus casas, igualmente pobres, pero más cansados.


Conclusión: el orteguismo puede llenar calles. En el caso que comentamos, perturbando la vida de centenares de miles por la alteración del tráfico de la capital, y de paso interrumpiendo la actividad laboral en una amplia zona, haciendo daño por igual a empleadores y empleados. Pero por las razones anotadas, no puede llenar de votos las urnas electorales. Por eso teme a elecciones libres y bien observadas. Y por las mismas razones, perderá las próximas.