Jorge Eduardo Arellano
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Periodistas, hombres y mujeres, en su mayoría, no son diferentes en la sociedad. Algunos son cooptados por el sistema, y es comprensible su razonamiento, de no ser así no sobreviven, o no ganan el dinero suficiente para ser “dignos o personajes importantes” en las esferas de poder y consumo.

Vemos la pasividad frente a los gobernantes que los avasallan, y la aceptación de sobornos, limosnas y salarios miserables, o agasajos comprometedores. Pero igual vemos periodistas que se enfrentan, luchan por la dignidad humana y profesional, sin mediatizar.

La libertad del asesino de Carlos Guadamuz y la pretendida del asesino de María José Bravo deshonran al gremio. Amenazan la libertad de expresión. Es mensaje para amedrentar. Los ofendidos debemos exigir, inmediato, que se haga justicia.

No podemos dejarnos llevar por argumentos políticos y supuestos actos humanitarios de la justicia a favor de asesinos.

Los líderes deben representar con valentía la indignación del gremio y encabezar protestas serias, argumentadas, ante los atropellos y la miseria. Todas las organizaciones de periodistas deben pronunciarse.

Y si no hablan, porque los directivos no se indignan, lo hacemos nosotros, para eso tenemos medios. No somos parte de la individualidad egoísta, insensible, consumista, sumisa, idólatra y miserable.


*Centro de Comunicaciones y Estudios Sociales (CESOS)