Jorge Eduardo Arellano
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Éste es también el título de un libro: Vivimos entre civilización y barbarie, pues a través de veintiún siglos aún no hemos aprendido a escoger entre civilización o barbarie. En Oriente los israelíes han hecho de la Franja de Gaza una inmensa cámara de gas para asesinar palestinos. Ya no hace falta hacerlos jabón, como los nazis hicieron con ellos, y además la masacre cotidiana cuenta con el beneplácito de los EU. Las incursiones punitivas de los israelíes en territorios vecinos para cazar palestinos es una modalidad que como nunca mereció una contundente sanción internacional, ahora se extiende a América Latina.

Bush acaba de justificar la violación de la soberanía ecuatoriana por parte del gobierno de su incondicional y cómplice colombiano Álvaro Uribe, aduciendo que dicha acción estaba justificada porque en aquel país se encontraban unos llamados terroristas que buscaba Colombia y que los gringos, con su tecnología satelital, les localizaron. Por su parte, el gobierno de Uribe, seguramente contando de antemano con ese aval, dijo que había masacrado a los guerrilleros dormidos en legítima defensa.

No nos confundamos con todas las acusaciones que se están desencadenando, hasta ahora, entre Chávez y Uribe, y viceversa. Tampoco nos perdamos en la ciénaga imperial. El caso es claro: Colombia, por culpa de su gobierno, violó la soberanía de Ecuador, y asesinó con un gran poder de fuego a unos guerrilleros dormidos, y esa inaudita acción quiere que el mundo se la trague como de legítima defensa. Ésta es la burla de la barbarie contra la civilización, secundada por Bush. ¿Cuál sería la reacción de Bush si imitando esa política de agresión justificada por él los países afectados decidieran emprender, en territorio norteamericano, una acción punitiva contra el terrorista Posada Carriles?
Ése es un lado de la barbarie. Dentro de este ámbito otro sería que no se debe secuestrar civiles, como hace la FARC, y mucho menos mantenerlos en condiciones infrahumanas. La civilización no admite, racional y moralmente, este tipo de aberraciones cometidas en nombre de la libertad de la que precisamente se está privando a rehenes inocentes. En algún lugar de la selva colombiana está, como símbolo de todos los rehenes, una que no tiene defensa alguna, y que se encuentra casi moribunda en ilegitima prisión. Ingrid Betancourt, victima de la barbarie, aún respira en espera de la civilización.


luisrochaurtecho@yahoo.com
7 de marzo de 2008