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En definitiva, las medidas cautelares de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, en el eterno caso de Nicaragua y Costa Rica, era algo que se esperaba o por lo menos se vislumbraba vendría por esos lados, dada la historia reciente de fallos en los cuales se favorecen ambas posiciones y se busca en el fondo un arreglo pacífico de las controversias entre las partes, de esa forma cuasi obligándolos a negociar de forma bilateral.

Esto conlleva a los triunfalismos de las dos naciones implicadas, Nicaragua y Costa Rica, que hacen suya la victoria con el fallo de la CIJ, dando lugar a un júbilo en sus poblaciones que podrían ser perjudiciales para las relaciones bilaterales –de por sí ya dañadas- y que tienen cierto sesgo amarillista. La idea de este primer paso en la Corte no es de observar ganadores o perdedores, es primordialmente encontrar vías de solución centradas en una convivencia aceptable entre países vecinos.

Algo importante de resaltar también son los buenos y positivos mensajes de ambos Gobiernos de acatar las medidas provisionales que son cuatro:

1.     Cada Parte se abstendrá de enviar a, o mantener en el territorio en disputa, incluyendo el caño, todo personal, ya sea civil, policial o de seguridad;

2.     No obstante el punto (1), Costa Rica podrá enviar personal civil encargado de la protección del medio ambiente en el territorio en disputa, incluido el caño, pero sólo en la medida en que sea necesario para evitar un perjuicio irreparable causado a la parte del humedal en que el territorio está situado; Costa Rica deberá consultar con la Secretaría de la Convención de Ramsar con respecto de estas acciones, dar a Nicaragua previo aviso de ellos y hacer todo lo posible para encontrar soluciones comunes con Nicaragua a este respecto.

3.     Las Partes se abstendrán de toda acción que pueda agravar o extender la controversia ante la Corte o hacerla más difícil de resolver.

4.     Cada Parte comunicará a la Corte en cuanto a su cumplimiento de las medidas provisionales anteriores.

La Corte no se pronunció sobre el caso de fondo, por eso no hay ninguna referencia a la supuesta “invasión” nicaragüense al hoy territorio en litigio, y que la misma Corte refiere como un territorio en el cual ninguno de los dos países puede ejercer soberanía.

Siendo de esta forma que la Corte demanda la abstención de presencia de personas en esa zona (primera medida provisional), sin embargo, después y sin mayor explicación lógica, concede a Costa Rica la presencia de sus nacionales encargados de la protección ambiental, previo notificación –no permiso- a Nicaragua, lo que finalmente podría desembocar en nuevos enfrentamientos entre ambos países.

Eso deja entrever que con la retirada de todo efectivo militar, de seguridad o policial, el territorio en litigio será una “tierra de nadie” donde el crimen organizado podrá plantarse y hacer una base de operaciones con todas las facilidades. Entonces, ¿dónde queda el esfuerzo de Nicaragua por el combate a este flagelo que está haciendo estragos en la región centroamericana?
Esa misma decisión (segunda medida provisional) sienta un precedente que puede desfavorecer categóricamente a Nicaragua cuando la Corte conozca el caso de fondo, ya que permitió solo a una de las Partes tener acceso a un territorio que, desde mi punto de vista, debería de haber sido administrado por una tercera Parte neutral o por ambas Partes, con el fin de obtener información sobre los daños ambientales en los humedales –si es que existen- de forma compartida y veraz.

La tercera medida cautelar  es tan ambigua como general, qué se puede entender por ¿acción que agrave la situación?, podría ser cualquier cuestión desde lo más mínimo,  y dar lugar a que la disputa no termine y más bien se tense aún más la situación, desfavoreciendo un posible acercamiento entre ambos países.

Definitivamente desde este punto de vista, las medidas cautelares no son de mucha ayuda para superar el impasse en el que se han visto las relaciones bilaterales de Nicaragua y Costa Rica, y quedará mucho tramo por recorrer para que sean retomadas de una forma objetiva y con el claro interés de la reactivación del proceso de Comisiones Binacionales instaurada desde 1991.

E incluso y ante las actitudes hostiles desde Costa Rica, se prevé un clima muy desfavorable para un posible acercamiento, lo que seguirá generando que en Managua no haya Embajador costarricense y que en la Embajada de Nicaragua en San José se tenga que duplicar la seguridad… Los escenarios no son nada positivos después de lo decidido por la Corte Internacional de Justicia y los caminos para una posible reconsideración de las buenas relaciones bilaterales existentes serán complicados y llenos de obstrucciones.