•   Ph.D. / Ideuca  |
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La escuela es el espacio donde habita y se desarrollo el proceso educativo sistemático y formal.  En ella confluyen todos los factores generadores de los diversos aprendizajes que forman la persona en su dimensión individual y social.

En este sentido la escuela expresa y activa un sentido profundo de comunidad porque llega y penetra en la gente allá donde está y en las condiciones en que está.

La comunidad local construida por la cercanía y convivencia de sus habitantes posee saberes, capacidades, experiencias, historia, cultura, etc. que están sueltas, diseminadas.  Como tal esa comunidad local, la gente, ve, siente y concibe la escuela como la expresión de una organización a su servicio, a fin de darle sentido y vida más desarrollados y permanentes.

La escuela tiene su propio territorio, su campo o área de influencia, llega hasta donde está la gente que es parte de su acción educativa.  Su espacio es la gente con derecho a educarse y a hacerlo de manera particular en el ámbito institucionalizado del sistema educativo.

Además, la escuela es por naturaleza una comunidad educativa al reunir en ella a familias, directores, maestros, estudiantes en función de llevar a cabo un proceso educativo compartido en el que todos ponen los elementos esenciales para hacer efectivo dicho proceso.

En este sentido a la escuela se le puede mirar como centro de convergencia de la comunidad y como centro de despliegue y extensión para la comunidad.

La población ve a  la escuela con mirada de esperanza, se concentra en ella para adquirir conocimientos, destrezas, valores, competencias, saberes, aprendizajes, es decir, para desarrollar sus capacidades humanas innatas.  Pero a la par la gente, los estudiantes salen de la escuela para convertir el bagaje educativo acumulado, en desarrollo y bienestar de la población, de la comunidad, de su comunidad.   De esta manera la escuela concentra y expande su quehacer, quehacer que se desarrolla en ella y fuera de ella.  Lo uno no tiene sentido sin lo otro.  Se complementan mutuamente.  La escuela produce y lo producido se reproduce generando un espacio humano social cualitativamente nuevo, producto de la interacción de la comunidad local, de la población con cierto nivel de organización y de la comunidad educativa con presencia activa organizada en la escuela.  Este encuentro o fusión se va consolidando mediante la participación a través de la cual ambas comunidades aportan y ambas se benefician.

Lo interesante y lo esperado es que de ambas formas de comunidad surja o se conforme una sola comunidad en la que la comunidad educativa y la comunidad social local se organicen y trabajen conjuntamente en razón del acceso, proceso, promoción y resultados cualitativos del proceso educativo de todas y todos los ciudadanos, de cada persona de la comunidad.

Ésta es la manera efectiva de conformar una comunidad integrada y completa desde los derechos de la gente a educarse y desde sus capacidades para educarse.

En la comunidad social, local, original, la del barrio, están las familias, sus hijos, niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos.  Si estos  no están en la escuela o en formas específicas de escolaridad y educación, la comunidad estaría rota, dividida entre los que se están educando y los que no lo están sea porque no tienen oportunidad de hacerlo o porque no lo quieren hacer.

Nos encontraríamos en dos tramos y formas de comunidad separados, el uno del otro.  No hemos conformado una comunidad nueva, completa en la que habiten plenamente y en la práctica los derechos humanos fundamentales.

Esta referencia a la educación perfectamente puede ser aplicada a la salud y a otra serie de derechos fundamentales que en el fondo son los que dan sentido a lo que es y significa una comunidad integrada, completa, nueva, verdadera.

A este respecto es triste constatar la existencia de comunidades o grupos de población a las que les falta completarse y perfeccionarse como comunidad mediante la educación, es decir, convirtiéndose en comunidad educativa a través de la escuela y su participación en ella la experiencia nos confirma, al menos en un alto porcentaje, que es la educación la que completa el verdadero sentido y finalidad de toda comunidad.

De hecho a la escuela corresponde impulsar la creación de verdaderas comunidades integradas como resultado permanente de su razón de ser.  Esta es una veta todavía poco aprovechada por parte de la escuela, pese a que se habla mucho en ella de la necesidad de la participación de la comunidad como elemento clave para el éxito de la escuela en su quehacer educativo, sistemático-formal y el impacto de la escuela en el desarrollo de la comunidad.

Estamos pues en presencia de activar nuevas formas de gestión educativa y pedagógica en las que escuela y comunidad se organizan mediante formas efectivas de participación y de unidad de propósitos.  Es donde toman fuerza las distintas formas de organización social teniendo a la escuela como el espacio donde se genera el verdadero motor de una comunidad integrada.