•   SEUL  |
  •  |
  •  |

A medida que China continúa su auge ininterrumpido, la gente de toda el Asia Oriental se pregunta si alguna vez sus estados podrán establecer las relaciones pacíficas y estables que ahora caracterizan a Europa. Dada la regularidad de los pleitos diplomáticos graves –por motivos que van desde pequeños atolones en el Mar de la China Meridional hasta el legado de la Segunda Guerra Mundial— esto puede parecer un sueño esquivo. Pero en vista de que el nacionalismo y los presupuestos militares están aumentando rápidamente, alcanzar una estabilidad consensual se ha convertido en un imperativo para la región. ¿Puede lograrse?

La corriente “liberal” de las relaciones internacionales recomienda tres ingredientes: democratización política, mayor interdependencia económica e instituciones viables, mediante las que los estados del Asia Oriental puedan llevar a cabo sus relaciones de manera multilateral. Debido a que, como señaló hace mucho Immanuel Kant, los estados con sistemas políticos democráticos tienden a no pelear entre sí, se debe fomentar la democracia para garantizar la paz.

Desde hace mucho, la búsqueda de una Pax Democratia ha formado parte del diseño de la política exterior estadounidense. Y desde 1945, los estados europeos han hecho de la democracia un elemento central de su integración. No obstante, la gran variedad de sistemas políticos de Asia Oriental significa que llegar a tal consenso democrático es improbable, al menos por ahora.

Por otra parte, la interdependencia de los estados de Asia Oriental ha ido en aumento. Durante 30 años los países de la región han estado recibiendo las grandes recompensas de la idea de Adam Smith, de que el libre comercio daría beneficios materiales a los países participantes. Actualmente, los encargados del diseño de políticas de la zona son reacios a arriesgar estos avances mediante una conducta hostil.

La interdependencia económica en el Asia Oriental cobró impulso después de la crisis financiera de 1997-1998 en la región. Sin embargo, los enfrentamientos que se dieron el año pasado entre los Estados Unidos y China, los Estados Unidos y Japón y China y Japón hacen que muchos se pregunten si la interdependencia económica puede por sí sola crear relaciones regionales estables.

La tercera vía liberal hacia la paz –la institucionalización de las relaciones internacionales— tiene como objetivo regularizar la conducta de los estados mediante un sistema de normas y reglas para crear de ese modo orden (y paz) a partir de una cuasi anarquía. Esos conceptos fueron la base del deseo del presidente estadounidense Woodrow Wilson, de establecer la Liga de las Naciones después de la Primera Guerra Mundial, y también de los esfuerzos del presidente Franklin Roosevelt para crear las Naciones Unidas y las instituciones de Bretton Woods tras la Segunda Guerra Mundial.

De manera similar, los estados europeos aceptan las normas y reglas comunes de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa y casi siempre están dispuestos a someterse a ellas. En efecto, la Unión Europea es fruto de un esfuerzo largo y continuo para fortalecer las normas y reglas comunes entre los estados europeos.

A diferencia de Europa, Asia Oriental está compuesta por estados que son radicalmente diferentes en términos de tamaño, desarrollo y sistemas político-económicos. Los encargados del diseño de políticas de la región saben que poco pueden hacer para cambiar los sistemas políticos de sus vecinos. Tampoco pueden hacer mucho de manera oficial para aumentar la interdependencia económica a corto plazo.

Así pues, es natural que los responsables del diseño de políticas de la región se concentren más en la institucionalización, y de ese modo regularmente se celebran animadas discusiones en la constelación naciente de grupos regionales: la ASEAN+3, la Cumbre de Asia Oriental, la Comunidad de Asia Oriental, el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, la Comunidad Asia-Pacífico, etc.

Sin embargo, este proceso se ha politizado y está dominado por una fuerte competencia tras bambalinas entre las principales potencias por ganar influencia. En efecto, parece que Asia Oriental no cuenta con el equivalente de los principales arquitectos de la UE como Jean Monnet y Robert Schuman –visionarios con la altura y el apoyo político necesario para empezar a construir un marco para la paz regional en tiempos como los actuales, de grandes cambios.

Por el momento, entonces, los países de Asia Oriental deben ser muy pragmáticos en cuanto a la institucionalización de las relaciones regionales. En lugar de gastar energía para tratar de crear instituciones de gran escala que abarquen toda la región, sería mejor concentrarse en otras, más pequeñas, orientadas a cuestiones específicas.

Por ejemplo, el primer paso exitoso hacia la cooperación económica regional en Asia Oriental fue la Iniciativa Chiang Mai para el intercambio de divisas después de la crisis de 1997-1998. De igual manera, las negociaciones entre las seis partes sobre la desnuclearización de Corea del Norte, aunque hasta ahora no han dado resultados significativos, siguen siendo el único mecanismo útil para abordar el problema de forma colectiva.

El desastre nuclear en Fukushima, Japón, podría originar otra institución regional temática, orientada a la seguridad nuclear. Para los vecinos de Japón, la Agencia Internacional de la Energía Atómica no es suficiente; sus preocupaciones urgentes están creando presiones para establecer un mecanismo regional.

La próxima Cumbre entre Corea del Sur, China y Japón, que se celebrará los días 21 y 22 de mayo en Tokio, por ejemplo, se concentrará en la seguridad nuclear y preparará un esquema para una cooperación regional más estrecha.

Puesto que actualmente funcionan 88 plantas nucleares en Corea del Sur, Japón y China, la iniciativa es importante. ¿Qué sucedería si en cualquiera de sus reactores se presentaran problemas similares a los de Fukushima? Además, Corea del Norte ha estado operando su planta nuclear de Yongbyon sin inspecciones internacionales. Según la esposa de un desertor norcoreano que trabajó durante 20 años como científico nuclear en Yongbyon, las normas de seguridad que existen en la planta son peligrosamente laxas.

De manera más amplia, sólo se podrá crear impulso para construir un marco regional para la paz mediante el establecimiento de instituciones menos ambiciosas, de menor escala y orientadas a la funcionalidad. Después de todo, Roma no se hizo en un día y la UE –basada en la Comunidad Europea del Carbón y el Acero de la posguerra— empezó dando pasos pequeños similares hacia la integración.

Yoon Young-kwan, Ministro de Relaciones Exteriores de Corea del Sur de 2003 a 2004, es actualmente profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Seúl.
Copyright: Project Syndicate, 2011.
www.project-syndicate.org