Jorge Eduardo Arellano
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En algún momento de mi vida de revolucionario estuve en una actividad social más bien vinculada a la cultura. Al lado derecho se me sentó un diputado y al lado izquierdo un maestro. A la hora de los discursos el legislador dijo: “Yo no soy sandinista”, y el profesor, haciéndole honor a su magisterio, dijo: “Yo soy sandinista”. Entonces me pregunté a mí mismo: ¿Qué significa no ser sandinista? Y me dije: No ser sandinista es muy fácil. Basta con ser cobarde, mentiroso, rimador de versos, malgeniado, extravagante, pro-yanqui, enemigo de los pobres, o autollamarse disidente, o jactarse de “democrático” o regocijarse con las caricaturas de los diarios, o llamarle a Fidel, señor Castro, o salir fotografiado cuando se desgañitan llamando dictador a quien ha sido electo decenas de veces presidente de su país en elecciones cristalinas. Cuán fácil es ser derechoso cuando se afirma en el titular de un diario: “Ortega despedazado por la opinión pública”, mientras no pueden dejar de publicar que lo respalda casi el 50% de los nicaragüenses.

Los derechistas son increíbles. Se quedaron roncos acusando de criminales a los revolucionarios cubanos por el racionamiento, y ahora acusan a los revolucionarios cubanos de criminales porque tienen la intención de quitar el racionamiento.

Llamaban a Bush --antes de su estrepitoso descrédito-- paladín de la libertad, y a Fidel, a Hugo Chávez, a Evo, a Correa y a Daniel enemigos de la libertad y, además, criminales, mientras sus héroes norteamericanos trituran huesos, cortan arterias y aplastan a centenares de hombres, mujeres y niños en Irak, Afganistán y otros territorios del planeta, y torturan con increíble placer a los prisioneros de Guantánamo.

Así ven el mundo los protagonistas de la derecha. Nosotros no podemos darnos el lujo de perder la memoria histórica. La causa popular tiene raíces, protagonistas, versiones legítimas y hasta intento de falsificaciones. Nosotros estamos obligados a tener memoria.

La derecha tiene memoria de zancudo. En la historia universal nunca se dio el caso de una revolución victoriosa por medio de las armas que haya entregado el poder, otorgando a la historia de este continente la más completa lección de democracia. Esta y las futuras generaciones han recibido una herencia de incalculable valor.

¿Cuáles han sido las lecciones, las herencias de la oligarquía, de los partidos históricos de la reacción? Fraudes descarados, dictaduras sangrientas, gobiernos que borraron murales, quemaron museos de alfabetización, en actos de salvajismo ideológico y culturales multiplicaron el analfabetismo cuando la revolución sandinista lo había reducido a límites admirados por el género humano, gobiernos ladrones de recursos bancarios, asesinos de niños con el incremento de la mortalidad infantil, gobiernos cobardes que intentaron perdonar el castigo del más alto tribunal del mundo, que indemnizó a Nicaragua con miles de millones.

¿Qué pasaría... qué diablos pasaría si no ha ganado las elecciones el FSLN? ¿Alguien puede pensar en serio que la derecha hubiese emprendido una campaña, a como lo ha hecho el FSLN, para eliminar el analfabetismo?
Los ilustres idiotas de la derecha, además de autollamarse democráticos --siendo expertos en fraudes electorales--, nos hablan de la oscuridad sandinista.

¿Acaso ahora vivimos en la oscuridad? ¿Cuál es el partido de las tinieblas? La oscuridad en calles y hogares se dio durante todos los gobiernos de derecha, y antes del primer año ha sido eliminada por el gobierno del FSLN.

Para cualquiera, con dos dedos de frente, debe hacerse evidente que el FSLN es el partido de la luz.

Si ha ganado --¡cómo no ver eso, por Dios!-- algún montetriste o algún malrizado estaríamos soportando tinieblas, pidiendo limosnas en los pasillos de la Casa Blanca, maltratando paisajes y rindiéndole honores a la corrupción, a la frialdad y al mal gusto.

Ganó Daniel, ganó el FSLN, y hubo luz, pero no sólo la luz de los faroles y de los bombillos, también la luz en la conciencia de los revolucionarios y la luz de la esperanza en los corazones de las mujeres y hombres de Nicaragua.

Hemos recibido ayuda solidaria para resolver la crisis de energía de parte de Venezuela y Cuba, mas esa ayuda ha sido posible por ser como somos, por ser revolucionarios.

Si ha ganado la derecha, el gobierno de Bush no les hubiera dado ni sal para un jocote. Seguiríamos caminando a tientas, no sólo por la falta de energía, también por la ausencia de políticas elementales en educación, salud y empleo.

Tenés Daniel, tenemos los sandinistas, un largo camino. Apenas ha pasado un año. No está Nicaragua, hermanos míos, en condiciones de jugar al gato y mucho menos al ratón. Las nuevas generaciones no nos perdonarían si no somos capaces de darle continuidad al camino emprendido, el cual está lleno de emboscadas, de incomprensiones, de escupitajos, de puñales envenenados, de calumnias, de la reiteración de acusaciones asquerosas y brutales.

A nosotros, por supuesto, no nos asustan las momias, no nos debilitan los desertores, tenemos el coraje intacto para no dejarnos amedrentar por traidores y cobardes.

Y me pregunté también: ¿Cómo son o deben de ser los verdaderos sandinistas? Valientes, veraces, alegres, sencillos, entregados a las causas de los pobres. Los sandinistas le llaman a Fidel, Fidel. Toda la gloria del mundo cabe en Fidel, y los sandinistas así lo reconocemos, así como el probado espíritu democrático de Hugo Chávez.

El verdadero sandinista es modesto, crítico, rechaza el servilismo, no ordena, persuade. El auténtico sandinista comparte opiniones, discute y hace participar a sus compañeros no sólo en las decisiones políticas, sino también en las decisiones operativas, le da a cada cual su lugar, no discrimina y no cae jamás en el feo pecado del autoritarismo. Defiende siempre las causas justas y no le hace concesiones al engaño, al insulto, a la calumnia y a la crueldad. El verdadero revolucionario, hijo de Sandino y hermano de Carlos Fonseca y Rigoberto López, es antiimperialista hasta la sangre y la médula de los huesos. El verdadero sandinista es partidario de la unidad entre los revolucionarios, y comprende hasta la consumación de todos los argumentos que la unidad no es una suma simple y nostálgica, sino una multiplicación.

Un sandinista no es ni debe ser un disidente, es y tiene que ser un hombre o mujer con valor para decir cuanto siente sin hacerle el juego a nuestros enemigos. Un sandinista que se presta a los manejos lúdicos del pro-yanquismo o de los de ultraderecha es un dundo o un perverso.

Carlos, lo repito una vez más, nos decía: Hay que criticar de frente y elogiar por la espalda. Quien no critica de frente es un cobarde, y quien elogia sin pudor es un servil, y, por lo tanto, no puede ser sandinista, aunque, alguna vez, también lo decía Carlos, es justo reconocer y hasta elogiar la historia y los méritos de nuestros hermanos siempre y cuando no haya intereses egoístas de por medio.

Este congreso no es el congreso de la derecha, éste no es el congreso de los seudo-revolucionarios o de los sandinistas vergonzantes, éste no es el congreso de los debiluchos, de los cobardes, de los mentirosos, de los incoherentes, de quienes han perdido el sentido del humor y la auténtica alegría.

Este congreso es el congreso de los antiimperialistas, de quienes están enamorados de los pobres, este congreso es de aquellos que saborean la unidad como si fuera el cáliz de la vida, el seguro de existencia de la victoria, que entienden la unidad no como glotonería para saciar apetitos estimulados por ambiciones rastreras, que entienden la unidad para el servicio y no para ser servidos, que conciben la unidad no para satisfacer su arrogancia, su vanidad. La unidad nada tiene que ver con el culto, con el amiguismo, con la incondicionalidad. La unidad tiene que ver mucho con la fraternidad, con el respeto y el cariño mutuo, con las bendiciones de la lealtad y del amor.

Los envidiosos, los engreídos, los sacamantecas, los serruchadores de piso y los chifleteros no son unitarios.

Doy por inaugurado este congreso habitado por una constelación de cuadros, de militantes, la gran mayoría de origen popular, muchos de los cuales tal vez no tengan una almohada para reclinar la cabeza, pero que forman parte de un ejército de constructores de una nueva sociedad de hombres y mujeres que no se orinan de miedo, que se sienten orgullosos de tener la frente levantada como si fuera un estandarte, de hombres y mujeres sin callos en las rodillas y en el alma, un puñado de sandinistas con callos en las manos y muchos con callos en el dedo índice con los cuales dispararon para defender a la patria y a la revolución.

Daniel, hermano, Secretario General: mañana primero de marzo es el Día Nacional del Periodismo. Permítanme abrazarlos y reconocer su valentía cuando se enfrentaron a la tiranía de Somoza y defendieron todas las causas justas, felicitarlos por sus encomiables esfuerzos para enfrentarse a los enemigos de Nicaragua. Recuerdo el periodismo de catacumbas, entre otros pedazos de historia de este distinguido gremio. Aquí estamos, Daniel, para discutir, para marchar con el pecho erguido y en los pies las botas de las siete leguas, hacia nuevas y luminosas victorias, apegados al deber, a la unidad, a la lucha. Fatigados si se quiere, alertas, sin duda, con las pilas puestas, sin temblar ante los riesgos, vamos, hermano Daniel, a ganar las próximas contiendas. Aquí, al pie de la silueta del capitán de todos los locos heroicos, del comandante en jefe, del maestro de las emboscadas y de las renuncias, del soldado enterrado en el corazón de la patria, y del resucitado Rigoberto, y no muy lejos, a un tiro de pedrada del entrañable catedrático de la crítica y de la unidad, nuestro hermano de cada salida del sol, de aquel de quien alguna vez dijimos, es de los muertos que nunca mueren.

Aquí, desde donde gobernó el rey de las tinieblas –-padre, para siempre, de nuestros adversarios-, muy cerca de donde fuimos torturados, nos comprometemos a vivir hasta la vida y la muerte por el Frente Sandinista, por la bandera roja y negra, por la bandera azul y blanca, y decirle a nuestros mártires, a las mujeres que los llevaron en sus entrañas, a los héroes desconocidos, muchos de los cuales deben de estar aquí, a este pueblo iluminado por la sangre y por la marcha triunfal: ¡¡¡Patria Libre o Morir!!!