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Nos causa repulsión a muchos ciudadanos el ver y escuchar el descaro desmedido de algunos políticos nacionales denominados de oposición al régimen actual, cuando pretenden ser quienes jamás lo serán porque lo que les interesa es su beneficio personal y económico.

 

Son políticos que estuvieron en las esferas del poder ya sea en la Asamblea Nacional o en períodos presidenciales recién pasados, del cual se aprovecharon. Fueron quienes aumentaron sus fortunas a costa del erario público y cometieron o toleraron actos de manejo de la cosa pública como propiedad privada.

 

Ellos son los mismos que en el año 2006 se trenzaron en una lucha sin sentido ya que se consideraron los predilectos y sabios para ser Presidente de la República, olvidándose que cada ciudadano nicaragüense tiene su valoración personal de cada uno de ellos. Algunos de esos mal llamados políticos en aras de sus privilegios tal vez negociaron su moral y posiblemente reclamaron su valor monetario a la persona que tiene todas las influencias del poder nacional para continuar disfrutando de las migajas de la riqueza nacional.

 

Lo anterior es el resultado del ejercicio político errado y fuera del contexto criollo desde 1990 hasta 2006. Se olvidaron totalmente que el actual régimen presidencial siempre ha sido hábil políticamente y ha mantenido una influencia en todas las estructuras del Estado con férrea disciplina política y dogmática. No pensaron que algún día dejarían de ser la clase política gobernante y crearon las condiciones para su propia extinción y sometimiento mendigo. La utópica mal denominada “nueva era” fue la ignición para que encendiera y avanzara la chispa autodestructiva de esos políticos que dañaron a nuestro pobre país. La “nueva era” es el principio del fin de un ex presidente de la República que por cobardía sometió a todo un sistema democrático en desarrollo a un régimen que avanza hacia la consumación de un proyecto egocéntrico y personalizado. Fue también la profundización descarada del mercadeo de votos en la Asamblea Nacional en donde los Diputados son piezas que se acomodan según la conveniencia coyuntural de una corriente u otra. Esta es la percepción social. No hay independencia Institucional.

 

Es imposible que el ejercicio de la política en nuestra actual realidad sea para el bien de todos y todas. Estamos ante un show electorero y farandulero en donde los políticos opositores continúan jugando ridículamente a ser lo que no son. Los nicaragüenses con pensamiento amplio estamos seguros que todos esos políticos opositores son los plebeyos de la corte gobernante que a cambio de un puesto público y otras ventajas se prestan a participar en un proceso electoral cuyos resultados ya están previstos y quizás hasta redactados, si es que no hay una presión nacional e internacional para que haya una verdadera observación nacional e internacional. Hasta el año 2006 la observación electoral nacional e internacional fue determinante y no era considerada injerensismo de ningún tipo.

 

Pero en la Asamblea Nacional como foro político no se permitió la regulación jurídica de la misma y los diputados hasta allí llegaron. Eso fue otro capítulo más del ejercicio cuasi democrático del sistema que se nos está imponiendo.

 

Los políticos opositores actuales están desacreditados y sus palabras son sin contenido. No tienen alma, no tienen espíritu. No tienen autoridad moral para que los electores les demos el voto con seguridad. Quizás esto es parte del plan nacional del régimen actual para evitar que los nicaragüenses disidentes al sistema que nos gobierna, vayamos a depositar nuestro voto y hay que tener cuidado. El ejercicio del voto debe ser masivo y contundente. Cada elector deberá decidirse por el candidato estimado más idóneo y estoy seguro que todos nos inclinaremos por aquel que está fuera del círculo de esos políticos opositores desacreditados moral y políticamente. No tenemos otra opción y hay que apostar a ella, aunque a su alrededor pululen algunos de esos políticos pero como sabiamente se dice “entre dos males el menos perjudicial” para el bien de Nicaragua.

*Abogado y Notario