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“Cuando seamos tan civilizados como los animales, quizás volvamos a ser humanos”.H.E.

Reflexionando sobre los últimos acontecimientos en el mundo y a nivel nacional nos queda un sabor amargo cuando llegamos a la conclusión de que cada vez más nos alejamos de una sociedad/humanidad armónica y feliz.

Guerras, fraudes, traiciones, crímenes, injusticias, predominio de antivalores, son todos riesgos creados por la misma especie humana.

La naturaleza no tiene nada que ver en todo esto. Aun más, los desastres por los que responsabilizamos a la madre naturaleza han sido y siguen siendo provocados por la misma especie humana (contaminación, sequías, hambrunas, inequidades en la distribución de los recursos, etc.).

En el contexto propiamente social, es decir, en las relaciones interpersonales, estamos creando una futura sociedad  enfermiza, insolidaria, deshonesta, caníbal.

Cuando nuestra máxima siga siendo aquella que el fin justifica los medios estamos marchando hacia un abismo del cual no podremos salir por mucho tiempo, y de esos antivalores está lleno el actual sistema de vida que vivimos y anhelamos seguir viviendo.

Celebrar con fanfarria el daño de una persona que no comulga con nuestras ideas, asesinar mujeres, niños, ancianos en nombre de la justicia, no puede ser más que reprochable por cualquiera con un mínimo de inteligencia.

Irónica y lamentablemente estamos observando cómo se sustituyen los papeles de quienes provocan tales daños: antes los protagonistas directos eran los hombres, hoy también lo hacen las mujeres.

Como sucede en el campo médico, hace algunas décadas la mayor cantidad de muertes por causa cardiovascular eran del sexo masculino, pero hoy casi estamos de igual a igual cuando se supera la cuarta o quinta década. Nos morimos hombres y mujeres casi en la misma proporción por causa del tabaquismo, alcoholismo y conductas de riesgo.

Parece que de esa manera es que queríamos ser iguales.

Cuando se mencionaba a los responsables de las grandes guerras en la historia casi siempre recaía sobre un hombre, hoy día también las mujeres asumen papeles beligerantes en ese tipo de decisiones. Baste darse cuenta del rol asumido por la actual secretaria de estado USA en los conflictos bélicos de  Afganistán  y Libya, o por el papel de la señora Kirpatrick contra Nicaragua en los 80, y aún más, por el compromiso “moral” de la representante Ross L. en el congreso norteamericano cuando se dispara contra gobiernos “incómodos”. Asistimos tristemente al emparejamiento en maldad de ambos géneros.

El desarrollo de la ciencia y la tecnología abre oportunidades para un mejor nivel de calidad de vida de las sociedades.

La biotecnología, el desarrollo de los transgénicos, el conocimiento de formas más eficientes y seguras de controlar las epidemias y tantos otros avances nos puede garantizar la disminución de las brechas de desigualdad social.

El respeto a las ideas, la tolerancia y el sentido de coexistencia pacífica nos puede permitir vivir bien y mejor a todos los habitantes del planeta.

Probablemente todo esto sea nada más que utopía, pero debemos detenernos un momento para intentar hacerlo de esta manera, no por nosotros, sino por las generaciones que nos heredaran. Nuestros nietos, bisnietos y en adelante se merecen un mundo mejor. Podemos contribuir a que así sea.

eddyzepeda07@yahoo.com.mx