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Tal como era de esperar, el Tribunal de Apelaciones rechazó el recurso de amparo en contra de la omisión del CSE que niega el derecho de los ciudadanos  nicaragüenses no organizados en partidos políticos a ser elegidos. A pesar de la retardación de justicia evidente en este caso (28 días calendarios para notificar el rechazo, cuando la ley establece 3 días hábiles para decretar o denegar la suspensión del acto), las opciones legales están lejos de agotarse.

Ahora lo que procede es presentar un reclamo “por vía de hecho” ante la Sala Constitucional de la CSJ, para lo cual es necesario que el Tribunal de Apelaciones me entregue un testimonio de las partes del expediente. El viernes pasado (13 de mayo) solicité el mencionado testimonio, al día de hoy no lo he recibido.

Mientras se sigue el camino legal para restituir nuestros derechos de ciudadanos, hablemos de por qué y para qué son necesarias las candidaturas populares.

Los partidos políticos en Nicaragua son organizaciones verticales y clientelistas en las que un pequeño grupo toma las decisiones y la gran mayoría de afiliados son simplemente obreros que trabajan “por el partido” con la esperanza de que, al producirse elecciones, les den algún puesto en el gobierno o cualquier otro beneficio material.

No existe en estas organizaciones una forma establecida de subir en la pirámide. El destino de los afiliados está determinado por su adhesión a la clientela de alguno de  los que mandan. De nada sirven las capacidades, los conocimientos, las propuestas. Lo único que cuenta es el sometimiento a los poderosos dentro del partido. Los partidos son, en Nicaragua, esencialmente, grupos oligárquicos.

En Nicaragua hay dos fuerzas partidarias principales: el FSLN y los liberales (al día de hoy divididos en varios partiditos y alianzas).

Desde hace varios años los jefes de estas fuerzas se pusieron de acuerdo en que el Estado ofrecía suficientes recursos para satisfacer las necesidades de los dos grupos. Es así que se repartieron los puestos en el CSE, la CSJ y el gobierno. Cada cinco años se renegocian las cuotas de cada grupo, dependiendo de la cantidad de votos que obtengan en las elecciones.

Este arreglo es posible porque no hay contradicciones ideológicas, morales o de finalidad entre los dirigentes de estos grupos, ambos buscan su provecho privado.

La empresa privada (Cosep) y los partidos políticos pequeños se han plegado a este esquema, adoptando la actitud “práctica” de aceptar el mal menor, que por lo menos les garantiza un cierto nivel de participación en el reparto del botín.

Para facilitar la estabilidad de su sistema, ambos grupos han promovido el clientelismo, el individualismo, el egoísmo,  el conformismo y la apatía entre los ciudadanos.

Igualmente han generado una ola de corrupción que cae en cascada desde las alturas del poder y amenaza con permear toda la sociedad nicaragüense.

Nota al margen, y espero que la lea alguno de los funcionarios de la embajada de Venezuela, es inexplicable que el Gobierno de la Revolución Bolivariana entregue ingentes recursos financieros para soportar un estado de corrupción idéntico al de la IV República venezolana, cuyo rechazo por el pueblo hizo posible la misma revolución en Venezuela.

Desde hace más de 19 años se hace necesaria la aprobación del partido que domina un área particular del Estado para obtener un trabajo, una licencia, un contrato...

Todos los partidos políticos que participan en las elecciones de este año ofrecen lo mismo: todos los derechos y ventajas para los jefes partidarios y los dueños de las empresas (nacionales o extranjeros) y todo el trabajo y el sufrimiento para el resto de la población.

Todos los gobiernos en los últimos veinte años han usado los recursos del estado para el beneficio del partido de turno y como herramienta para ampliar su clientela. Por supuesto, cuando están en “la oposición” acusan al gobierno de hacerlo, pero cuando llegan al gobierno hacen lo mismo. Si acaso hay alguna diferencia, el gobierno actual dedica más recursos al objetivo clientelar que los tres anteriores.

Mientras el poder siga en manos de los partidos políticos es imposible resolver este problema. Por eso son necesarias las candidaturas populares.

Los candidatos populares (sin partido y responsables directamente ante la población que los nomine y elija) son la única posibilidad de recuperar la soberanía para la gente. Los candidatos populares son la única posibilidad para que se construya y defina un plan de nación que incluya los intereses de todos los nicaragüenses y asegure el respeto a los derechos de la Madre Tierra. Son la única posibilidad de escapar de la cadena de poder y clientelismo con la que los poderosos oligarcas nos tienen sometidos.

Más temprano que tarde se producirá ese cambio, más temprano que tarde el poder descansará en las manos de todos los nicaragüenses. No importa lo que las oligarquías hagan para impedirlo, los nicaragüenses  construiremos ese cambio.

Ellos, sin nosotros, son nada.

Nosotros, sin ellos, somos el futuro.

http://canponic.blogspot.com