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Solía llamarle por teléfono antes de ir a visitarle para saber si necesitaba algo. La petición era siempre la misma. Mi viejo amigo, sandinista de los de la vieja lucha y entonces enfermo, postrado en una cama desde hacía meses, me pedía unos lentes para leer de cerca (2.0)  y el “Nuevo Diablo”. Como se quedaba dormido con los lentes puestos, solía durarles lo mismo que le duraba la lectura de su periódico (El Nuevo Diablo, como él lo llamaba). Aparte de unos cuantos buenos amigos,  y una buena señora que cuidaba de su alimentación, ya no tenía contacto con una ciudad que él había caminado hasta destrozar los zapatos y con un país que se le quedaba lejos de su cuarto de agonizante. Era El Nuevo Diario lo único que le abría una ventana y le acercaba a ese país para el que ya no podía levantarse.

La relación que mi amigo estableció con este periódico era muy parecida a la que he visto en mucha otra gente, una especie de confianza pactada en las paradas de buses, en las entradas de las casas, en la cama y hasta en la intimidad del baño, o dondequiera que se tenga la costumbre de leer las noticias. Esa confianza pagada que la mayoría de la gente espera a la hora de informarse en un país al que apenas le queda espacios de información con cierta libertad y cierta independencia.

Por eso a nadie le agradó ver la situación a la que ha llegado EL NUEVO DIARIO ni a su  director teniendo que vender públicamente el medio al mejor postor, incluyendo a un gobierno que se declara contrario a las afirmaciones que se suelen expresar aquí, pero que mantiene a través de miembros afines a su partido algunas acciones. Olía a cosa oxidada ese dilema de verse o en manos del gobierno o en manos  del grupo de los Pellas. Parecía que nada se puede mover en Nicaragua sin el beneplácito económico de uno de estos dos sectores dominantes que a veces coinciden en muchas cosas. ¿Por qué será que siempre mandan los de siempre?

Muchas veces no he estado de acuerdo con la política seguida en EL NUEVO DIARIO,  sobre todo cuando he visto cómo se iban o expulsaban a  periodistas, y muy buenos periodistas, voces jóvenes y no tan jóvenes apasionadas con acercarse a la noticia. Pero el papel de EL NUEVO DIARIO va más allá de un periódico más. Si uno sigue los medios más afines a la oposición (como Radio Corporación o La Prensa), es muy difícil hacerse una idea más o menos verosímil de las acciones del gobierno. La excesiva carga de opinión visceral que llevan sus noticias parece que, a veces, responden a una intención política, lo cual no les aleja demasiado de los canales de televisión, radios y medios digitales que controla el mismo gobierno. Es decir, no quedan medios que aun siendo críticos con los sectores del poder en Nicaragua, ofrezcan una información veraz sin revelar otras intenciones más que las de descubrir lo que hay detrás de muchas noticias. Y aunque EL NUEVO DIARIO no cumple siempre con él, ése es el papel que la mayoría de la gente le confía, y por eso, personas con afinidades políticas en uno y otro bando lo siguen comprando a pesar de la subida en el precio.

EL NUEVO DIARIO tiene el privilegio de ser algo de lo más popular de Nicaragua. Cuanto más se aleje de los extremismos en los que caen los otros medios, cuanto más renuncie a titulares con cargas de opinión, cuanto más veraz sea la noticia y más rigurosa, cuanto menos chisme, cuanto menos morbosa en las notas de sucesos, se hará más popular aún, a pesar de que algunos piensen lo contrario.

Informaciones trabajadas de verdad como la que se ha llevado a cabo acerca de las  posibles corruptelas y manejos ilegales de fondos en la DGI han obligado al mismo gobierno a investigar el asunto. Y es que cuando lo que se saca a la luz lleva la demostración del sudor y las horas de desvelo, es muy difícil de rebatir.

Otras veces, la información, por muy documentada que esté, no halla eco en quienes deberían investigar a quienes el periodista descubre. Tal fue el caso de la información sobre el posible enriquecimiento de Tomás Borge, realizado por un periodista formado en EL NUEVO DIARIO, Octavio Enríquez, y que obtuvo el premio Ortega y Gasset de periodismo, un premio muy relevante que supuso una noticia muy triste para el gobierno pero muy buena para el periodismo de Nicaragua. Noticia de la que se olvidaron los medios progubernamentales, por supuesto. Algo así ya dice mucho de la calidad periodística de semejantes medios.

La democracia te puede gustar más o menos, pero uno de sus termómetros es el grado  de independencia del periodismo de un país que se llama democrático. Valoren ustedes qué temperatura marca el termómetro en Nicaragua. Si ha habido un momento en que se necesite un lugar al que acudir donde la información no esté tan manchada, es este. ¿Es consciente EL NUEVO DIARIO de ese papel? Si EL NUEVO DIARIO se perdiese, en las condiciones actuales, Nicaragua perdería un pilar de su aparente democracia. Y eso no le interesa a nadie.

Habrá que cuestionar siempre a la dirección del periódico y a quien hoy parece tomar las riendas de sus cuentas, el empresario Ortiz Mayorga, si realmente quiere mantener un diario que pueda resultar a veces crítico contra gobierno, pero también contra instituciones o empresas afines a sus mismos intereses, o si por el contrario quiere un arma publicitaria a su servicio. Quienes escribimos estas columnas desde que EL NUEVO DIARIO nos cedió el espacio de libertad de pensamiento y palabra que significan cada sábado, lo comprobaremos semanalmente. Lectores y columnistas sentimos al diario como algo nuestro, y algunos tenemos casi su misma edad.

Ya se ha perdido mucha gente valiosa en este medio (por diferentes causas además de la  económica), esperamos que no se pierda el objetivo más valioso, el de informar con más rigor, con más independencia y con más seriedad que otros. Esa debiera ser la marca del periódico, la de no traicionar la confianza de quienes se sienten unidos al resto de su país y del mundo a través de las palabras que emborronan estas páginas, la confianza de quienes se manchan los dedos con estas palabras, de quienes se rompen los lentes después de dormirse con estas palabras, y de quienes aún esperan que alguien no se olvide de traerles su “Nuevo Diablo”.

sanchomas@gmail.com