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Todavía carecemos de una historia integral  acerca del origen, expansión, crisis y desarrollo de los medios de comunicación en Nicaragua. Los primeros balbuceos de los medios escritos, el despegue de la radiodifusión, sus antecedentes inmediatos, el comienzo de la televisión, sus pioneros, la legislación promulgada para regular su funcionamiento, el surgimiento y expansión televisiva, la aparición de la televisión por suscripción por todo el país, el inicio de internet años después de la privatización de las telecomunicaciones en la década de los noventa del siglo pasado. Una investigación que combine rigurosidad analítica con capacidad de contar los dramas y vicisitudes que han enfrentado los medios desde su  génesis.

Disponemos de decenas de textos con breves recorridos centrados en uno o dos dispositivos mediáticos. Se requiere una historia que abarque al conjunto de la nación, no solo la franja del pacífico. Una historia cuya escritura no puede continuar postergándose.

Las investigaciones de Jorge Eduardo Arellano y sus aciertos bibliográficos, a los que hace falta ampliar, darles cuerpo, forjar el esqueleto y nutrir de sangre, tarea que debe ser proseguida por una amplia interpretación histórica. En la radiodifusión desarrollar las aproximaciones de Joaquín Absalón Pastora narradas en sus Cincuenta años de radio. La recopilación jurídica de María Asunción Moreno demanda una actualización urgente. El análisis de Miguel Ayerdis, Prolegómenos para una historia de la prensa escrita en Nicaragua (1884-1926), incisivo y bien documentado, cubre un paréntesis muy corto. Son valiosos hitos de una historia que reclaman estudio y análisis. Las implicaciones de los medios en la vida política, económica, educativa y cultural del país son múltiples. Los textos enunciados constituyen una invitación para completar el recorrido, sin intimidarnos por su carácter abrumador debido a la naturaleza transdisciplinaria que exige una investigación como esta. Algunos datos esclarecedores se encuentran en la tesis monográfica de los estudiantes de periodismo graduados en 1992 en la desaparecida Facultad de Comunicación de la UCA.

Una historia que incorpore el surgimiento de los medios escritos en la Costa Caribe, que complete y analice la recopilación histórica realizada por Hugo Sujo, sobre los periódicos fundados en Bluefields. Una investigación que parta de la creación de las primeras radioemisoras en una región donde hacen tanta falta; que destaque el carácter multilingüe de sus medios impresos y diversos programas radiofónicos; que devele la renuencia de los dueños de medios asentados en la capital, poco interesados en llevar las señales radiales y televisivas hacia esta zona o la inversa, la necesidad de irradiarlas desde esa región hacia el resto de Nicaragua. Una historia que cuestione la desidia gubernamental incapaz de fundar un sistema mixto de comunicación, que brinde respuesta a la incomunicación existente, dada la alta dispersión geográfica de la Costa Caribe. Una propuesta que rompa con el modelo comercial, que profundice en los retrasos ocasionados por la adopción del esquema norteamericano en el desarrollo de la radio y la televisión en la región caribeña. La existencia de los medios es vital para el rediseño e integración real de esta zona. Mucha incomprensión entre el Caribe y el resto del país hubiese menguado o desaparecido. Una historia todavía por contar.

Distinguiríamos los motivos por los cuáles nació la emisora Palabra de mujer (1998) en Bocana de Paiwas, radicalmente distintos de las razones por la cuáles fue fundada Radio Managua (1955). La creación de la primera obedeció a la necesidad de ofrecer respuestas contundentes a los estragos ocasionados por el huracán Mitch. Radio Managua, surgió cuando las emisoras entraban de lleno a la palestra política. La primera asentada en las profundidades de la geografía nacional para encontrar solución a sus problemas sociales, económicos y culturales más agobiantes y la otra en la ciudad capital, para ser incorporada en las luchas libradas por el poder entre liberales y conservadores. Poner el acento en la inflexión que marcan los noventa en el desarrollo de los medios. No solo germina la frecuencia modulada, también ocurre el declive de la amplitud modulada y la aparición de actores supranacionales en el campo de los medios. ¿Los prestanombre, esos alcahuetes inescrupulosos son un engendro del mexicano Ángel González o nacieron en 1956, año en que se funda la televisión en Nicaragua?

Una historia que registre los altos y bajos de la política nacional. La influencia europea moldeando el funcionamiento de la prensa escrita, abocada a la  ruptura del pacto colonial con España. Medios que han servido como trincheras para contender o impulsar candidaturas presidenciales, con una vida efímera, tanto que aparecen y desaparecen el tiempo que duraba la campaña presidencial. Una historia que profundice lo traumático que ha resultado para los nicaragüenses conquistar el derecho a la libertad de expresión. Solo este capítulo bastaría para tomar la temperatura política al país. Los impedimentos para hablar y expresarse sin cortapisas, revelan el endurecimiento del régimen político imperante. Venimos marcados desde los orígenes. Cuando Rigoberto Cabezas, fundador del diarismo en Nicaragua, pretendió redefinir el uso partidario de El diario de Nicaragua (1884), pagó su osadía. El presidente Vicente Cuadra y el expresidente Joaquín Zavala se confabularon retirándole la ayuda económica precipitando su cierre.

Cada una de las distintas etapas por las que ha transitado el desarrollo de los medios ha estado signada por una legislación específica. Leyes de imprenta para acallar la disidencia. Códigos para frenar el ímpetu de los medios; las disposiciones emanadas por la jefatura de la Guardia Nacional, para normar la radiodifusión en la década del treinta y la promulgación del Código Negro de Radio y TV en 1960. Nadie cuenta mejor esta etapa que José R. Hernández. Su texto Historia: Radio Nacional de Nicaragua (1969), una versión de primera mano, ocupó la Secretaría General de la Jefatura de Radio y Televisión (G.N.) a partir de 1936, ejerciendo enorme influencia en todos los militares a quienes los Somoza confiaron el cargo. Hernández empezó a trabajar cuando esa cartera era ocupada por Mr. Hugh James Phillips, un marine que se quedó en Nicaragua después que las tropas de ocupación abandonaron el país en enero de 1933. El primer instructor de la oficina de comunicaciones de la GN, Capitán James Smith, tuvo como su brazo derecho al Teniente Phillips.

Para evitar que Phillips se marchara con las tropas, Somoza García se valió de un subterfugio muy de moda en el presente. Una de esas artimañas que se valen los políticos para mantenerse en el cargo o para no perder influencia en áreas vitales para sus intereses. En vista que ningún marine podía quedarse, solicitó a los norteamericanos dieran de baja al Teniente Phillips. Su petición fue gustosamente aceptada. La maniobra valió para que el ex oficial norteamericano ocupara la naciente jefatura de la Escuela de Radio GN. Somoza García, recién estrenado en el cargo de Jefe de la Guardia Nacional, estaba convencido de la importancia de formar radio operadores. Era consciente de los réditos alcanzados en el enfrentamiento contra el General Augusto. C. Sandino en las montañas segovianas y del Caribe. Con esto destaco que la radiodifusión nicaragüense tiene pegado su cordón umbilical en el ámbito militar. Las ondas hertzianas primero fueron aprovechadas en las operaciones bélicas.

Los marines montaron la primera escuela técnica para la formación de radiotelegrafistas al servicio de las fuerzas de ocupación. El General de Brigada Elías R. Beadle, primer Jefe Director de la Guardia Nacional, reclutó telegrafistas nicaragüenses para entrenarlos como operadores de radio. Después de una breve pulida (1 al 18 de junio de 1929), fueron enviados a las zonas de combate en Ocotal y Jinotega. La  información proporcionada por Hernández permite conocer con precisión los lugares hacia donde fueron enviados para completar “la última etapa de entrenamiento en el manejo y mantenimiento de los aparatos de radio que iban a tener a su cuidado y en servicio, así como el procedimiento de transmisión en clave empleado por las patrullas en combate en esa zona de guerra contra el bandolerismo, lo que hacía indispensable adoptar las más estricta seguridad para las comunicaciones militares”, (Pág. 18). En la zona norte fueron emplazados en San Albino, Santa María, Jalapa, Telpaneca, El Jícaro, Santa Cruz y Apalí y en Jinotega fueron remitidos a Yalí, Tuma y Corinto Ranch.

A inicios de la década del treinta nace la onda larga, dando vida a las primeras radioemisoras nacionales. Los transmisores fueron fabricados por la Westinghouse, la misma firma que se encargó de producir los trasmisores con que se inicia la radiodifusión en Estados Unidos (1921). La otra firma encargada fue la RCA Víctor.

Nadie hubiera disfrutado tanto el texto de Hernández como el académico norteamericano Herbert Schiller (1919-2000), fundador de la Escuela Crítica de Comunicación en los Estados Unidos, un experto que insistió en mostrar la importancia estratégica del espectro radioeléctrico en las operaciones militares. El 10 de marzo de 1933, Juan bautista Sacasa, Presidente de la República de Nicaragua, rubricaba el ejecútese de rigor para que Edmundo Téfel, dueño de Radio Bayer, se convirtiese en pionero de la actividad radial nicaragüense. Seis años después la Bayer era sacada intempestivamente del aire. Mr. Phillips recibió órdenes de Somoza García, para que emitiera una disposición gubernativa cancelando su licencia. Somoza García aprovechó el estallido de la Segunda Guerra Mundial para congraciarse con Estados Unidos. Los alemanes eran encarcelados y perdían sus bienes.