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De forma repetitiva se habla del problema de la educación y sus pobres resultados en nuestro país, nos lamentamos los maestros de la base con que nuestros estudiantes promueven de un nivel a otro, por lo general reconocemos que nuestros estudiantes no saben leer (no comprenden, no interpretan lo que leen), no saben escribir, etc. Es lógico pensar que un alumno que no sabe leer ni escribir, está limitado en el esfuerzo por apropiarse del conocimiento científico. Pero aún  reconociendo el problema, poco hacemos para remediarlo. Nos sujetamos al esquema rígido de los programas y avanzamos por encima de los contenidos no superados para llegar a ningún lado.

Pienso que el problema de nuestra educación es que enseñamos sobre la base de propuestas teóricas limitadas por el uso de textos demasiados superficiales, que truncan la aspiración y la motivación, tanto de maestros como estudiantes, de apropiarse y sistematizar el conocimiento. Los diccionarios, las enciclopedias, las revistas científicas, los atlas, las monografías, los ensayos, artículos de periódicos y tanto material interesante y asequible; han sido desterrados de la enseñanza y el aprendizaje en nuestras escuelas. La investigación se limita a la consulta de unas cuantas líneas y a su reproducción textual, es normal ver en las asignaciones de nuestros estudiantes la orientación puntual del maestro que manda: el texto tal, en la página cual, leer el párrafo señalado, sin darle la oportunidad de explorar otros materiales, a veces pienso ¿No será que de esta manera los maestros estamos escondiendo nuestras propias limitaciones intelectuales?  

Por muchos conocimientos y planteamientos teóricos que los pedagogos y eruditos de la educación puedan prodigar sobre cómo mejorar la educación de nuestro país, pienso que los primeros responsables y verdaderos salvadores de la situación somos y seremos los maestros, en la medida que nos apropiemos de nuestro rol y luchemos por un sistema que permita desplegar toda la iniciativa y creatividad necesaria para superar la calidad de nuestra educación. A continuación quiero enumerar algunos elementos  sobre la actividad cotidiana del docente (la clase) que me parece son parte importante del problema:

1. Se enseña y se aprende alejados de la realidad cotidiana del maestro y del estudiante, lo que hace el proceso poco atractivo, por lo tanto poco relevante, revisando el cuaderno de un estudiante un buen día, encontré un contenido de la disciplina “orientación técnica vocacional” sobre viveros, le pregunté al muchacho si el maestro le había llevado al patio de la escuela para poner en práctica lo aprendido, la respuesta fue “NO”, le recomendé que le preguntara al maestro cuantas matas de chiltoma pensaba  él,  podían crecer en el cuaderno.

2. La clase se inicia, se desarrolla y finaliza sin expectativas. Cuando los maestros no somos capaces de dar razones de la importancia de aprender lo que vamos a enseñar, ya  perdimos, es mejor no enseñarlo porque no tiene relevancia para el alumno y creo, tampoco, para el maestro.

3. Cuando enseñamos de forma inapropiada, nuestro trabajo es aburrido para el estudiante, se distrae, interrumpe,  y sale del aula igual o peor que como llegó. En este aspecto, quiero justificar un poco, cuantos de nosotros por la necesidad de trabajar permitimos que un director de primas a primeras nos cambie el perfil, y nos ponga a impartir una asignatura divorciada de nuestra especialidad,  entonces encontramos maestros de español dando sociales, biólogos dando matemáticas y todas las combinaciones posibles, si el docente no esta apropiado de su materia no puede demostrar entusiasmo, las estrategias se le limitan, su personalidad se derrumba frente al alumno y tiene que pasar a la defensiva. Luchemos para que se ponga en práctica la filosofía popular: “zapatero a tu zapato” y pidamos un poco de respeto a nuestra profesión.

4. El liderazgo del docente y la presencia de autoridad del mismo en la clase se ve limitada por la constante interrupción, ya sea por la autoridad del centro, por la presencia de un padre que quiere saber de su hijo, un estudiante que llegó tarde, un alumno que se levanta, sobran las situaciones para abortar el plan del maestro y el resultado está escrito: “Fracaso total”, nos vemos mañana para otro tema.
En otro sentido,  me parece que la constante de obligar a los docentes a cambiar de metodología sin haber terminado de perfeccionar la que está en uso, vivir de la improvisación con cada idea que se le ocurra a alguien no abona al buen desempeño en el proceso enseñanza- aprendizaje. Dejemos al maestro desarrollar su creatividad, si lo alumnos aprenden con el método del maestro, si logran sumar y lo hacen bien con granos de maíz que lo sigan haciendo,  (en otro momento pienso abordar lo que siento sobre la tecnología en educación)

A los pedagogos y especialistas, les sugiero humildemente, no nos presten sus conocimiento, ayúdennos a desarrollar, sistematizar  y aplicar nuestra propia experiencia, vengan con nosotros a la realidad de nuestras escuelas para que juntos construyamos nuestros propios métodos, ayúdennos a encontrar la propia identidad, como contraparte estoy seguro, los maestros  vamos a mejorar la calidad de la educación, es nuestra responsabilidad.

*Profesor de Ciencias Sociales, educación media